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Ana Mato y la “cosa natural”

En el foro Farmaindustria, la patronal farmacéutica, la ministra de Sanidad se ha descolgado con uno de esos discursos que tienen la cualidad de cabrear a todos. Dice la ministra que eliminará del vademécum aquellos medicamentos que a su juicio tienen escaso valor terapéutico y que se pueden sustituir con <<alguna cosa natural>>. Enfado pues de la industria, pues peligran ventas; enfado de los usuarios, pues les preocupa el deterioro del sistema sanitario; y enfado también de los profesionales de las terapias naturales y alternativas ante la forma despectiva de referirse a su trabajo.

Parte de la prensa, en especial la más próxima a la izquierda, ha puesto en duda la capacidad terapéutica de las alternativas a los fármacos alópatas con el objeto de criticar a la ministra Ana Mato. Sin embargo, gran parte del discurso no deja de estar fundado en prejuicios y falta de información.

Las medicinas naturales han demostrado sobra capacidad terapéutica y preventiva. En especial, son recomendables en afecciones leves, pero de carácter crónico, y como coadyuvantes en los tratamientos más agresivos que propone la medicina alópata.

Terapias como la acupuntura, quiropráctica, homeopatía, fitoterapia, osteopatía o magnetoterapia, por nombrar a algunas, ofrecen resultados muy alentadores en centenares de patologías de diversa índole. Además de ser un medio muy adecuado para encontrar el equilibrio vital necesario para el bienestar del individuo.

La filosofía de estas terapias alternativas: <<tratar personas, no enfermedades>>, ha hecho que se  conviertan, por derecho propio, en una opción muy aceptada por la sociedad. De hecho, su crecimiento en España ha sido imparable desde hace décadas y al margen de las crisis económicas.

Por desgracia, algunas de estas terapias son muy caras y no están al alcance de todos los bolsillos. Ni existe tampoco en nuestro país una legislación que garantice los derechos los pacientes cómo de los profesionales de estas terapias.

Lejos de cuestionar a Ana Mato poniendo en duda la capacidad de las alternativas a la medicina alópata, lo que deberían hacer ciertos medios de comunicación, es generar el debate que logre el marco legal necesario para la práctica segura de estas terapias y su integración en el modelo de sanidad pública.

Porque lo realmente cuestionable de la decisión de Ana Mato, no es sustituir terapias alópatas por otras naturales menos agresivas. Lo cuestionable es que las terapias naturales sólo están al alcance de los bolsillos más pudientes.

Existe, aunque algunos no quieran verlo, un abuso en el uso de los fármacos. Muchos de los medicamentos que se ingieren para afecciones menores, pueden ser sustituidos con éxitos por alternativas naturales que no presentan contraindicación alguna. Sin embargo, si no se apuesta por ellas desde el sistema público de salud, estas alternativas quedaran sólo a disposición de los más pudientes. Contra esto es contra lo que se debe alzar la voz, pero no cuestionar las terapias naturales con el propósito de desacreditar a una ministra. 

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