El Códice Calixtino

No hay dos sin tres. No me refiero a la Copa de Europa, magníficamente lograda por la selección absoluta de futbol, tema del que ya hablé, sino del hecho de desviarme por tercera vez en esta semana de las cuestiones políticas y económicas, que suelen ser el objeto de estos post. Pero creo que es sano comprobar que existe vida más allá de la prima de riesgo y la inutilidad de los políticos.

Dicen que el mejor gobierno es el que menos molesta. Por desgracia, nuestros políticos, estrellas del celuloide frustradas, no son de la misma opinión y dan razones de sobra para hablar de ellos constantemente. Desde luego, por falta de temas no será: son muchas las oportunidades que ofrecen los políticos españoles de recordar sus puñeteras estampas. Pero hoy no les voy a dar gusto y pienso dedicar este rato frente al teclado a cosas más interesantes.

Todos cuantos hemos recorrido el Camino de Santiago, esa milenaria ruta hacia el fin de la tierra, la senda de la muerte y la resurrección, estamos en deuda con quienes nos precedieron, y en especial con Calixtino, el monje que escribió la primera ruta de peregrinaje a la tumba del apóstol. Pocos hombres, y pocos libros, han influido tanto en tanta gente. Si el Camino de Santiago es un elemento esencial para comprender la construcción cultural de Europa, el Códice Calixtino es su guía.

Si sólo pudiese dar un consejo en mi vida, aconsejaría hacer el Camino de Santiago. Andar a pié esa milenaria ruta desde Sant Jean de Pied de Port hasta Compostela y más allá, hasta Finisterre. Esta experiencia, a ratos aventura, a ratos retiro espiritual, forja el ánimo más que cualquier otra experiencia, implica una transformación interior, una alquimia mental que reconcilia al individuo consigo mismo y con la Naturaleza.

Con esta opinión sobre tan venerable Camino, la pérdida del Códice Calixtino fue la pérdida de algo propio. Cuando robaron la obra, sentí la misma rabia e indignación que uno siente cuando violan la intimidad de su hogar y roban un recuerdo de familia.

Su recuperación es una gran alegría para todos los enamorados del Camino de Santiago, tantos y tantos peregrinos de todo el mundo que compartimos la unión de ampollas y rozaduras en busca de una verdad que nos supera y transciende lo cognoscible.

Esta alegría no puede, sin embargo, nublar nuestra razón y olvidarnos de unas cuantas cuestiones indignantes. ¿Cómo es posible que un electricista pueda robar una de las piezas más valiosas de la historia y cultura de España? ¿Cómo es posible que la obra más importante de la Edad Media apenas estuviese protegida por unas mínimas medidas de seguridad?¿Por qué no se ha exigido responsabilidad alguna a quienes tenían la obligación de custodiar tan importante legado?

Los autores del robo, un electricista y su familia, no eran profesionales del robo de obras de arte. Eran sólo una familia agraviada por la injusticia. La iglesia de Santiago de Compostela, contrató como autónomo a este hombre durante veinticinco años. A todas luces, este hombre merecía un contrato laboral, pues trabajaba exclusivamente para la Iglesia, la cual abusaba de su poder e influencia y empleaba un contrato mercantil donde debía haberse utilizado un contrato laboral.

Este abuso desencadenó una cadena de conflictos que desembocaron en una serie de robos de obras sacras, entre las que se encontraba el Códice Calixtino.

Es verdad que el conocimiento de los vericuetos de la vetusta catedral de Santiago favoreció al electricista en su robo. Pero también es cierto que, la Iglesia, igual que quiso ahorrarse la seguridad social en el contrato – y de paso poder despedir sin indemnización al electricista cuando se le antojase – no puso los medios suficientes para proteger el Códice, que finalmente ha pasado un año encerrado en un trastero dentro de una bolsa de basura.

Sería pendenciero si negase los derechos históricos y de propiedad que la Iglesia tiene sobre el Códice Calixtino. Pero estos derechos también implican una responsabilidad, unos deberes para con el conjunto de la sociedad, pues el Códice es un patrimonio cultural de todos. Unas obligaciones que empiezan por la correcta selección del personal que tiene acceso a las instalaciones y el pago de salarios dignos. Algo doblemente exigible a una institución religiosa que debería predicar con el ejemplo.

La posesión de esta incalculable obra obliga también a invertir en las necesarias medidas de seguridad. Tanto ante los posibles robos cómo ante incendios o catástrofes de cualquier tipo. Esto es obligación del propietario. El estado debe, en todo caso, exigir el cumplimiento de estas obligaciones, colaborar en su cumplimiento, y si se demuestra que no se ejerce la debida prevención, hacerse cargo de la custodia del Códice. Dicho a las claras: demostrada la incapacidad para custodiar el Códice Calixtino, este no debería de ser devuelto a la Iglesia y pasar a custodia de la administración civil de Galicia. Por desgracia, esto no será así y la obra volverá a las manos de los mismos que permitieron su robo con su actitud y sus negligencias.

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  1. Florian F.
    09/07/2012 en 20:27 | #1

    De todas maneras me alegro que aparezca el códice, así lo podemos ver todos!
    Un saludo!

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