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Quien se rasca es porque le pica

Nada más saberse que el juez admitió a trámite la denuncia contra Bankia, y que los 33 consejeros de la entidad han sido imputados, los del PP han corrido hacia los micrófonos para apagar el incendio. ¿Les pica? Pues espero que se tengan que rascar mucho y durante mucho tiempo.

Se descuelga el ministro Arias Cañete, quien no ha hecho por España nada más importante que comer jamón en las ferias agrícolas, asegurando que Upyd tiene <<intereses>> en el asunto. Pero no dice qué tipo de interés tienen y cómo lo sabe él. Señor Cañete, es usted un cobarde y un majadero. Tira la piedra y esconde la mano. Intenta manchar la honorabilidad de sus adversarios políticos con sus triquiñuelas barriobajeras. Si tiene algo que decir o algo que acusar a Upyd, o a cualquiera de sus miembros, dígalo y aporte pruebas. No sea tan ruin y poligonero de andar de micrófono en micrófono escupiendo su veneno. Porque, ¿sabe usted? Yo también tengo interés personal en Bankia. El interés de saber dónde ha ido a parar el dinero, quién pudo hacer las cosas tan mal, y quienes se lo permitieron. Y sobre todo, tengo un interés personal, señor Cañete, en saber por qué su grupo no quiere que la subcomisión que investiga el caso en el Parlamento lo haga con luces y taquígrafos. Le recuerdo, señor Cañete, que es usted, su gobierno y su grupo político quienes quieren que se celebren los debates a puerta cerrada.

Luego va y sale Wert, ese tipo que ha logrado que padres, profesores y alumnos se pongan de acuerdo en algo: pedir su dimisión. Este hombre, desconocido hasta hace unos meses, que anda enredando el sistema educativo, dispara con aires intelectuales diciendo: <<sobreinterpretación del significado material>> de las imputaciones. Bien, señor Wert, le aconsejo que lea el libro Interpretación y sobreinterpretación, de Umberto Eco. Así aprenderá a utilizar el término correctamente y no en cualquier situación o contexto, a modo de pedo de burra. Le podría dar la explicación y alternativas a su lenguaje de enciclopedia barata, pero las clases van a parte en el precio.

Respecto a lo del <<significado material>> de las imputaciones, que sí. Que tiene razón, que estar imputado no es para tanto, que le pasa a mucha gente, y eso no quiere decir que vaya a ser acusado de nada. Es verdad. La imputación, en el lenguaje jurídico no es lo mismo que estar acusado; es la etapa previa. Claro que no todos los consejeros imputados terminarán siendo acusados. Puede que algunos ni tengan que declarar. Esto se debe a un principio esencial del derecho y de nuestro ordenamiento jurídico: ser imbécil no es delito. Uno puede ser todo lo tonto que el cuerpo le resista, que no es delito. Puede uno ser, también, perro faldero de quien le da de comer, y gastarse la lengua sacando brillo a las botas del jefe. No es delito.

Muchos de los consejeros, lo sabemos señor Wert, se dedicaban a cobrar dietas y no dar un palo al agua. Gente amiga, estómagos agradecidos, que coreaban las consignas del poder y no hacían preguntas. Estos, no son delincuentes, son otra cosa. Pero evitaré calificarlos porque ya he mentado en exceso a las madres de muchos.

Y luego va García-Margallo, el ministro de exteriores que nos ha enfrentado a medio planeta. Incapaz de lograr una alianza con USA y con las instituciones internacionales para presionar a Merkel (recordemos que fue Soraya quien acudió a negociar con el FMI y la administración Obama), y dice que es partidario de la investigación parlamentaria. ¡Vaya que listo! Ahora que se ven las orejas al lobo, quieren llevar la investigación al terreno político, para que su mayoría absoluta ensombrezca las verdades. Pues a rascarse, Margallo, que por ahí, muchos no pasamos.

Salen también de sus cavernas los voceros del poder. Esos columnistas que opinan siempre a favor del poder. Da igual el que sea, no miran la mano que les rasca el lomo, con tal que se lo rasquen y deslicen publicidad institucional en sus páginas ellos tan panchos y tan obedientes. Ahora todos contra Rosa Diez. La verdad es que nunca me ha caído bien. Pero se reconocer los ovarios y los testículos allí donde existen. Y esta mujer y su grupo; aunque no son santo al que un servido les ponga velas, los tienen en su sitio casi todas las veces. Y gracias a Rosa Diez, se les han puesto en la corbata a muchos. Algo que hay que agradecer en un país tan acostumbrado a que la gente se escape de rositas con la bolsa.

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