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Miserias del Vaticano (II)

08/07/2012 3 comentarios

Emanuela Orlandi desapareció el 22 de junio de 1983. Salía de tomar clases de flauta en el Tommaso Ludovico Da Victoria School, relacionado con el Institutum Pontificium Musicæ Sacræ, y  unas compañeras de clase la acompañaron a la parada del autobús. Según contaron las amigas; Emanuela les había hablado de una oferta de trabajo en una compañía cosmética. Pero habló siempre en pasado, como si la entrevista con el agente de esta empresa cosmética se hubiese desarrollado antes de entrar a las clases de música. Clases a las que llegó tarde aquel día.

Esta oferta de trabajo fue confirmada por la hermana de la joven desaparecida, quien habló con ella por teléfono aquel día y le aconsejó que, antes de tomar ninguna decisión, lo hablase con los padres.

La última noticia sobre la joven, que entonces tenía 15 años, la situaban en un BMW grande y oscuro al que algunos testigos la vieron subir por propia voluntad.

La desaparición de aquella joven conmocionó a Italia. Pero desgraciadamente, nunca pudo resolverse su caso. El cual, casi desde el principio, estuvo relacionado con el Vaticano. Tanto porque el padre de la niña era un empleado de la Banca Vaticana cómo porque una de las teorías que se barajaron entonces era un móvil político.

Según algunas investigaciones, fueron los lobos grises quienes secuestraron a la joven para negociar con el Vaticano la liberación de Mehmet Ali Agca, el musulmán que atentó contra la vida del Santo Padre sólo dos años antes.

Sin embargo, el propio Ali Agca aseguró que su grupo no tenía nada que ver con el asunto. Ni los lobos grises habían estado jamás bajo el control del KGB (de hecho los Lobos Grises eran anti-comunistas y ultranacionalistas turcos), como fuentes ultraconservadoras se empeñaban en asegurar, ni buscaron su liberación. Menos aún, secuestraron a la joven, según indicó Agca, quien aseguró que la joven se encontraba en manos de un influyente grupo vaticano.

Casi treinta años después, cuando muchos nos habíamos olvidado de aquellos terribles sucesos, saltó la noticia de la mano de una mujer, Sandra Minardi, antigua amante del capo mafioso Enrico De Pedis. Según afirmó en un programa de televisión italiano, el mafioso sería el responsable del secuestro y asesinato de la joven para extorsionar al Vaticano y cobrarse un dinero que habría entregado a la Banca del Vaticano para su blanqueo.

Aseguró que, si se exhumaba el cuerpo del mafioso, se encontrarían las pistas determinantes que faltaban para solucionar el caso.

Dicha exhumación tuvo lugar el pasado mes de mayo, sin que se hayan descubierto pruebas concluyentes. Da la casualidad que el mafioso, asesinado en un ajuste de cuentas en 1990, fue enterrado en la Iglesia San Apolinar de Roma con el boato propio de un príncipe de la Iglesia. Incluso, su cuerpo se encontró encerrado en tres ataúdes, algo reservado por la tradición a los Sumos Pontífices y quienes se hayan destacado en el servicio a la Iglesia.

Pero las revelaciones de la exprostituta no acaban aquí, sino que reconoce haber sido la concubina del arzobispo Marcinkus, a quien le proporcionaba chicas jóvenes para sus perversiones, y amante habitual de Calvi, el presidente del Banco Ambrosiano. Y  es que, Minardi, como meretriz no tenía precio. La mitad de la clase alta italiana se revolcó entre sus muslos. La otra mitad observaba con envidia a los afortunados que lograban estar con la reina de las putas italianas.

En medio del revuelo que las declaraciones de Minardi, quien hoy cuenta 50 años, han levantado en Italia, el exorcista jefe del Vaticano, el padre Gabriele Amorth, aseguró públicamente que la joven Emanuela Orlandi había sido secuestrada por una red de pederastas que actuaban en la Ciudad del Vaticano. Según el veterano sacerdote, la joven fue reclutada por un policía del Vaticano y entregada a este grupo de depravados, del que formarían parte políticos, diplomáticos y religiosos.

Orlandi se convirtió de este modo en esclava sexual hasta el día que fue asesinada, siempre según las declaraciones del padre Amorth.

Para ser justos, me gustaría recordar que el padre Amorth considera que el yoga es satánico y Harry Potter una película peligrosa porque hace creer que la brujería es buena. Personalmente, creo que este personaje exorcista, sacado de la peor tradición del catolicismo, no merece ningún crédito. Por mucho que algunos, en la propia Iglesia, estén alabando sus obras sobre el demonio y el mal que campa en el mundo, sobre todo entre izquierdistas, rojos, masones y gays, a este señor siempre le patinaron las neuronas, con todo el respeto que merece a su dignidad humana y a sus creencias religiosas.

De hecho, jamás hubiese utilizado una declaración de Amorth para este o cualquier otro artículo,   porque sus posiciones me han parecido siempre una ofensa a la razón y el sentido común. Sin embargo, me llamó la atención que, poco después de la ruidosa afirmación  de Amorth en el periódico La Stampa, la prensa cercana al Vaticano haya publicado una declaración de Alí Agca en la que asegura que mintió en su primera confesión y exime de toda culpa a la Iglesia.

Según han publicado todos los medios próximos a la Iglesia Católica, quien intentó asesinar al Papa asegura que mintió cuando acusó de ser la Iglesia quien estaba detrás del secuestro de la joven Orlandi. Incluso afirma que sigue viva y retenida en Turquía, donde aún procesa la fe católica y reza a diario.

Resulta tan rocambolesca esta declaración de Alí Agca, y tan oportuna, que no puedo por menos que replantearme mi opinión hacia el exorcista del Vaticano y dar a su declaración un crédito que hasta ahora le había negado.

Aunque si quieren mi opinión personal en este triste asunto, no creo que el Vaticano tenga nada que ver en los sucesos. Quizás tuvo información pero, por diversas razones, no la facilitó. Es una posibilidad, pero no creo que la desaparición de la joven estuviese directamente relacionada con la Iglesia. En esos años, operó en Italia una red de prostitución que captaba jóvenes, engañándolas con falsos empleos, y luego las forzaba a prostituirse en club de lujo. Por desgracia, esta es la hipótesis más probable en este terrible asunto.

El secuestro de la joven Orlandi es muy diferente del triple asesinato de la Guardia Suiza del que hablé en Miserias del Vaticano I. En esos asesinatos, sólo estuvieron implicadas personas de dentro de la Iglesia Católica. Y el Vaticano evitó cualquier intromisión en las investigaciones. Empleó, además, toda su poderosa influencia para acallar las críticas y ocultar las dudas razonables que se plantearon entorno a los crímenes.

Existían, también, dos claros móviles que forzarían al Vaticano a evitar que nadie removiese el asunto: la supuesta relación homosexual de los dos guardias suizos y el complot político para hacerse con el control de los servicios de seguridad del Vaticano.

En el caso Orlandi, nada vincula a la Iglesia más allá de las declaraciones, treinta años después, de personas cuya credibilidad debemos reconocer cómo dudosa. No por el hecho de haber sido o no prostituta, o por los comentarios fanáticos del exorcista contra el yoga o Harry Potter, sino porque no han sido capaces de aportar ninguna prueba. De hecho, y aunque creo en la veracidad del testimonio de Minardi en lo que a los encuentros sexuales con arzobispos se refiere, su declaración sobre la desaparición de la joven es muy débil. Entre otras cosas, afirma que fue ella quien contactó con la niña y la subió al vehículo, pero asegura desconocer que ocurrió después. Y tampoco parece que en la tumba que ella indicó se encuentre nada que vincule al capo con el secuestro. ¿Puede ser que la declaración intente implicar al Vaticano para lograr protagonismo o para eludir alguna responsabilidad? Todo es posible en esta historia. Confiemos que algún día sepamos la verdad y podamos dar paz a la familia de la joven desaparecida.

Esto no exime a la Iglesia de otras muchas cuestiones oscuras de los años setenta y ochenta. La situación geográfica y política de  Italia la convertían en un campo de batalla de la Guerra Fría. Eran años duros, años de plomo y sangre. Palestinos e Israelíes, CIA, Mosad, MI6, DGSE, KGB, Frailes Negros, el escándalo del Banco Ambrosiano, las Brigadas Rojas, los comunistas de la mano de los democratacristianos. Secuestro de Aldo Moro. Aldo Moro asesinado. Mafia. Matanza de la estación de Bolonia perpetrada por los ultraderechistas de Ordine Nuovo. Heroína y cocaína. Sexo. Putas de lujo. Y en todo la Iglesia tuvo ojos y oídos, cuando no manos. Nada, sin embargo, ha sido aclarado de todo lo sucedido en aquella época. Misterios y secretos que el Vaticano oculta con celo. ¿Por qué? A caso la realidad es aún peor de cuanto podemos imaginar.

 

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