El general que equivocó la estrategia

Desesperado, perdido, esquivo,  el general que equivoco la estrategia observa incrédulo cómo masacran a sus soldados. Podría tocar retirada. Pero no lo hace. A estas alturas de la carnicería, con los batallones rodeados, la retirada sería una matanza. Además, en el fondo de su ego, cree que los soldados son los culpables. Esa chusma  debilucha de  infantería no ha luchado como debiera, piensa para sus adentros. El general nunca fue educado para reconocer sus errores.

Claudica. Y traga con todo. Que hay que subir el IVA, pues se sube. Computar más años en las pensiones, pues también, ¡faltaría más! ¡Contrariar al señorito! ¡Habrase visto tanta insolencia! Rajoy ha decidido vendernos, y vendernos barato. Recortará los subsidios de desempleo, eliminará deducciones fiscales, impulsará más recortes sociales y más subida de impuestos.

Los soldados, ajenos a los que los generales discuten enfundados en trajes caros y bebiendo buen vino, dándoselas de hostias contra todos. Así, a cara descubierta, como se hacían las cosas antes. Con un par bien puestos. Apenas tenían armas con las que combatir, pero les bastó con los bolines de hierro que les colgaban entre las piernas.

¿Cuántos soldados quiere? Si, unos miles más. Enseguida se los pongo para que usted los pase por la picadora. Faltaría más. Por favor, con lo buenos amigos que hemos sido siempre. Pero le pediría que, la próxima vez, emplee vaselina. Gracias. Qué bien, nos van a dar un año más para cumplir el déficit. ¿Y de lo pactado? Ya, que no es el momento, claro, si yo no quería importunar.

La prima de riesgo por las nubes. La solución pasa porque el BCE compre la deuda de los países asediados por la especulación financiera. Pero no lo hace. No le da la gana. Es juez y parte. El no dispara los obuses que están destruyendo las bases de la economía española, pero sale beneficiado de que nos vayamos todos al carajo. Rajoy debería  exigir una solución inmediata al problema del déficit antes de aceptar ninguna contraprestación. O nos salvamos todo o vuelo el barco. Así de simple. Europa responde a la llamada de sus aliados y socios o hacemos estallar el euro y que cada perro se lama su cipote. Pero no lo hace. Tiene miedo.

Rajoy podría haber sido ese general valiente que se pone al frente de las tropas y grita: ¡que el último de los nuestros mate al último de los suyos! Pero no lo hace. Tiene miedo. Le falta lo que le sobra a sus soldados. La historia de España, siempre pariendo buenos soldados y ni un maldito general decente. 

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