Miedo al agua

No existe mayor absurdo que un buzo con miedo al agua. Por desgracia, abundan los buzos de secano  en esta sociedad aséptica y light, que solo come yogurt si está enriquecido con bifidus. Una sociedad de parroquianos que aspiran a pasar por la vida sin despeinarse y con la flora intestinal intacta.

Con un país tan preocupado por el tránsito intestinal, no es de extrañar que nuestros gobernantes sean tan cagones. Ningún político en España está dispuesto a mojarse y plantar cara a la Europa de Merkel y Draghi. Prefieren claudicar, mirar hacia ninguna parte, dejar que el tiempo pase y resuelva – si puede – lo que ellos no son capaces de enmendar.

Rajoy dijo que España necesitaba un gobierno que supiese lo que hay que hacer y lo hiciese. Tenía razón. Pero se equivocó al creer que ese gobierno podría ser el suyo. Rajoy nunca ha sabido lo que había que hacer. Tampoco ha tenido jamás la voluntad férrea de hacerlo.

Creyó que regresaría la confianza con solo cambiar de gobierno. Se equivocó. El respeto no lo da el cargo, lo dan los hechos. Y de eso, Rajoy, anda más bien escaso. Desde el principio se mostró sumiso y fiel a las políticas dictadas por Merkel. Luego se mostró partidario de lo contrario. Se ganó a pulso el título de veleta del año. Allá donde vaya el viento va él, pero sin mojarse, que los excesos los paga el hígado.

Ahora plantean una quita parcial sobre las participaciones preferentes de los bancos rescatados. ¡A buenas horas mangas verdes! Eso ya lo dijimos nosotros hace un mes. Aquí, en este mismo blog donde aplacamos la bilis acordándonos de la parienta de los paisanos que gobiernan.

La quita, que no es otra cosa que una capitalización de deuda a lo bonzo, supone que quien invirtió en un banco con afán de lucro, asuma la responsabilidad en las pérdidas. ¿Tan difícil resulta de comprender? Si usted tiene una librería, una mercería o un quiosco de pipas y no vende, se va a tomar por saco. ¿Por qué debe ser diferente en el caso de los bancos? Si alguien deposita dinero en un banco para obtener beneficios, debe también estar a las duras y soportar las pérdidas. Se llama capitalismo.

Sin embargo, en el país de la gomina y el snack dietético, que cada palo aguante su vela parece mucho pedir. Así que el gobierno rescata a los bancos, es decir: socializa sus pérdidas y nos endeuda a todos para varias generaciones, y acepta una “quita blanda”, una quita light, dietética, fácil de digerir.

Una quita como dios manda, o la capitalización de deuda, equivale a un quien lo rompe, lo paga. Y si alguien estafó comercializando preferentes a quien no debía, o dando préstamos a sabiendas que no podrían aguantar las cuotas,  pues al trullo y  a tirar la llave. De paso, no precisaríamos ningún rescate y podríamos centrar nuestros esfuerzos en lograr que Europa asuma la responsabilidad que tienen en la situación de nuestra prima de riesgo.

Pero es mucho pedir a nuestros políticos. Una cosa es cabrear a los currantes y otra muy distinta molestar a los “ahorradores”. A Zapatero le falto un par para pinchar la burbuja inmobiliaria antes de que nos reventara la jeta, y a Rajoy le faltan dos pares para meter en vereda a tanto espabilao. Así andamos, con miedo al agua y bifidus diario.  ¡Hay que joderse!

 

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