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Alternativas a la subida de impuestos de Rajoy

Los inspectores de hacienda han propuesto un paquete de medidas alternativas a la subida del IVA, los recortes en las prestaciones al desempleo y las bajadas de sueldo de los funcionarios públicos.

Es una propuesta excelente, aunque no todas las medidas me parecen correctas. Una subida del impuesto de sociedades podría causar una quiebra en muchas pymes, y los impuestos sobre grandes fortunas no recaudan tanto como algunos esperan. Sin embargo, los profesionales de la Agencia Tributaria sí dan en el clavo a la hora de fijar el foco allí donde siempre debía haber estado: el fraude fiscal. La lucha fiscal y penal contra la economía sumergida y el fraude debería ser el caballo de batalla de todas las políticas fiscales, con independencia del signo político del gobierno.

La reducción del fraude fiscal a los límites de países centroeuropeos sería suficiente para cubrir todo el déficit actual de las administraciones púbicas. Se debe también, equiparar las rentas financieras a las del trabajo a efectos fiscales. No es admisible que los especuladores paguen menos impuestos que los trabajadores.

España precisa de una gran reforma fiscal, pero ni el PP ni el Psoe están por la labor de acometer este reto. Sin embargo, es la verdadera solución a nuestros problemas, no solo actuales,  también futuros.

La fiscalidad debe premiar la economía productiva y nuestros sectores estratégicos frente a la especulación. No se trata de castigar a nadie, solo de beneficiar aquellos proyectos que tienen, además de rentabilidad económica, una rentabilidad social y un objetivo estratégico como país. Este último sería el caso de los sectores relacionados con la energía, las TIC, la investigación y desarrollo de patentes, y sobre todo el sector de la cultura, por cierto, el más castigado con la subida de los IVA.

Por supuesto, estas medidas, que son sólo de carácter fiscal, deberían – a mi juicio – coordinarse con otras de las que ya hemos hablado en muchas ocasiones: reducción progresiva del los cargos de libre designación; reducción progresiva de las subvenciones a partidos, sindicatos, patronales y oneges; fin de las excepciones fiscales a partidos políticos, sindicatos e instituciones religiosas, etc; y la capitalización de deuda en el sector financiero.

Estas medidas, junto a una decidida acción política a favor del crecimiento, permitirían una rápida recuperación económica. No son perfectas, ni las únicas posibles, pero merecerían ser tenidas en cuenta en la situación de crisis económica y alarma social en la que nos encontramos. 

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  1. 19/07/2012 en 5:38 | #1

    Esto me reafirma en mi postura de que no hay una sola forma de hacer las cosas y el que toma una sin pararse a valorar otra lo hace porque es torpe para pensar otra o actúa como un autómata buscando un interés particular (suyo o de alguien que lo maneja que tanto da), lo que no entiendo muy bien es a quién puede beneficiar esta actitud. Donde dije pensar no me vale sentarse en una piedra con la mano bajo la barbilla. Hay muchas personas que deben hacerlo, unas por su cualificación intelectual y otras por su posición social y política, solo hace falta reunirlas y ponerlas a hacer una tormenta de ideas e ir descartando las más descabelladas poco a poco sin prisas. Esta aportación me merece mucho respeto pues aparte de su valía profesional que desconozco personalmente viene del único colectivo que fue capaz de preveer los resultados de la burbuja avisando sobre sus efectos negativos en plena cresta de la ola, esto es de dominio público.

    • 23/07/2012 en 12:00 | #2

      Uno de los problemas que tenemos en España es la visión teológica que algunos tienen de la política. Diríase que predican verdades religiosas en vez de analizar la realidad y buscar las soluciones más adecuadas. Muchos colectivos, entre ellos los propios funcionarios, pero también académicos y asociaciones profesionales, han propuesto soluciones alternativas muy serias; ideas que deberían ser tenidas en cuenta y que no lo son. Es una pena, porque ahorraríamos mucho sufrimiento a mucha gente. Pero no podemos pedir peras a un olmo. Si no están dispuestos a escuchar a Paul Krugman, que es un premio nobel, menos escucharán a los profesionales anónimos. Vivimos en país gobernado por “iluminados”, gentes que se creen en posesión de la verdad absoluta. Y así nos va.

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