Nos cocemos en nuestro jugo

La Prima de Riesgo de España alcanzó en el día de ayer el diferencial de 610 puntos respecto al bono alemán. Es un récor histórico y la peor noticia que podíamos recibir en el día que el Eurogrupo aprobó el memorándum que autoriza a ayuda de 100.000 millones para la banca.

Como los males nunca vienen solos, la bolsa de desplomó un 6%. Una caída del 5,82% , una de las peores caídas de nuestra historia, la mayor desde mayo del 2010.

Los CDS, o seguros de crédito, también se pusieron por las nubes. A día de hoy, los CDS españoles son los quintos más caros del mundo, sólo por detrás de Argentina, Venezuela, Ucrania y Portugal.

La situación es alarmante. En cualquier otra circunstancia, un país como España hubiese tenido que solicitar la ayuda internacional al superar la barrera de los 500 puntos. No lo hicimos porque confiábamos en la ayuda a la banca, que no es otra cosa que un rescate parcial o encubierto, y porque los fundamentales de nuestra economía se ajustarían a una prima 200 puntos más baja. Sin embargo, si el coste de la financiación sigue subiendo, los mercados nos cerrarán definitivamente las puertas y España será intervenida.

La escalada de la prima de riesgo se debe tanto a la falta de una respuesta contundente por parte de la UE en defensa del euro y los países en riesgo de quiebra, como a la desconfianza de los mercados hacia Rajoy. Nuestro gobierno sólo está acatando en parte las recomendaciones internacionales. No apuesta por el crecimiento ni flexibiliza los ajustes tal y como demandó el FMI. Pero sobre todo, es incapaz de lograr de sus socios un apoyo claro a nuestra deuda soberana.

La apreciación que los mercados tienen de Rajoy es la del quiero pero no puedo. Su falta de firmeza en la UE es vista como una debilidad intolerable en esta época de crisis. ¿Cómo espera que los inversores privados internacionales confíen en España si no logra que los gobiernos socios de la UE apoyen la deuda soberana?

Además, las llamadas a la rebeldía de algunas comunidades autónomas y la falta de políticas de crecimiento que acompañen las reformas y los ajustes, invitan a creer a los inversores que España no será capaz de recuperar el empuje económico en años, quizás décadas.

Al gobierno se le acaba el tiempo. El crédito, tanto dentro como fuera de nuestro país, ya está más que agotado. Solo queda dar un golpe de timón a las nefastas políticas impulsadas hasta el momento, apostar por el crecimiento económico desde lo público y acabar con las estructuras parapolíticas del estado. Es decir, Rajoy debe lograr que todas las administraciones prescindan de los puestos de libre designación y congelen las ayudas a los partidos políticos, sindicatos y oneges. También acabar con los privilegios fiscales de la Iglesia Católica. Combatir el fraude fiscal con eficacia y centrar todos los recursos del Estado en la creación de empleo.

 

 

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