Frente Social

Ayer se reunieron los sindicatos con más de 150 organizaciones en lo que se ha llamado <<cumbre social>> para hacer frente a las políticas del PP. Entre las organizaciones y colectivos que participaron en el encuentro destaca el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda, Jueces para la Democracia, Ecologistas en Acción, Fiscales Progresistas, Sindicato de Arquitectos, la Unión de Actores y la Asociación de Futbolistas.

El objetivo es crear un gran frente social que frene las políticas de ajuste duro y recortes arbitrarios del gobierno de Mariano Rajoy. Un objetivo legítimo y noble, pero dudo que sea el que motiva a muchos de estos colectivos. Entre las medidas que el gobierno ha aprobado, y aquellas que presumiblemente se aprobarán en fechas próximas, encontramos una drástica reducción de algunos privilegios que venían disfrutando – casi en exclusiva – ciertos colectivos laborales y organizaciones sociales y sindicales. También es muy previsible la rebaja sustancial de las aportaciones públicas al sostenimiento de los sindicatos, corporaciones profesionales y oneges varias. Este hecho, unido a la falta de determinación a la hora de proponer acciones concretas y firmes, hace que uno sienta que se trata más de una manipulación interesada que de una verdadera voluntad de hacer frente al desmantelamiento progresivo del Estado del Bienestar.

La convocatoria se realiza justo cuando comienza andar el proyecto impulsado por Julio Anguita, a través del colectivo Prometeo, para construir un gran frente cívico que logre poner en su sitio, no solo al PP sino al modelo bipartidista vigente.

Resulta sorprendente la casual coincidencia en el tiempo de la puesta en marcha de ambos colectivos. Un frente social integrado por las entidades consolidadas y claramente vinculadas al entramado parapolítico que ha crecido durante los últimos treinta años, con la correspondiente responsabilidad que tienen en lo sucedido; y un frente cívico que busca canalizar y articular la indignación ciudadana para lograr cambios legislativos y un nuevo modelo democrático no basado en la alternancia PP-Psoe. Como he dicho: curiosa coincidencia.

Siquiera los sindicatos han convocado una huelga general tras los recortes sociales. De hecho, tras la celebrada contra la Reforma Laboral, desaparecieron por un tiempo y evitaron que las movilizaciones y huelgas continuaran. La actitud de los sindicatos podía ser comparada con las compuertas de una presa: se abren para liberar la presión, pero se cierran una vez se está seguro que no hay riesgo de ruptura del dique. Como me dijo hace unos días un viejo amigo, mientras  participábamos en la manifestación del 19 de Julio: <<los sindicatos son lo más parecido que conozco al pitorro de una hoya exprés>>. Mucho me temo que este <<frente social>> no sea otra cosa que una maniobra para garantizar sus privilegios corporativos y canalizar las protestas ciudadanas  allí donde no perjudicarán a sus principales valedores: el PP y el Psoe.

Los sindicatos y asociaciones cercanas al Psoe están jugando al despiste con la sociedad. Un paso hacia delante, dos para tras.  Se oponen a las políticas del PP, pero están más preocupados porque las soluciones pasen por prescindir también de ellos, pues suya es también mucha de la culpa de cuanto pasa en nuestro país. Gritan contra la corrupción en la Justicia y su politización, pero fueron ellos quienes nombraron a Dívar. Protestan contra los recortes, pero estos se iniciaron el 10 de mayo del 2010 de la mano de Rodríguez Zapatero. Quieren que los ajustes no se ceben con los más débiles, pero ellos seguir cobrando subvenciones y gestionando la “debilidad”.

Este frente social no ha contado con los indignados, ni con los estudiantes, ni con aquellas asociaciones de carácter local que están muy cerca de la realidad de los ciudadanos. Tampoco es previsible que se dé una convergencia entre el frente social que han propuestos los sindicatos y el frente ciudadano que promueve Julio Anguita. Y no será por culpa del veterano político. Si no, al tiempo.

El frente social propuesto por los sindicatos pretende capitalizar la rabia y la indignación de los ciudadanos en su favor, pero sin conceder cambios sustanciales. Fomentan la conservación del status quo vigente. Un status quo que fue útil en el pasado, cuando España salía de una dictadura y había que garantizar <<incluso desde el Estado>> el desarrollo de estructuras sociales, políticas, económicas, sindicales y asociativas propias de un régimen democrático. Pero una vez cumplida su función, con una democracia ya madura, su existencia en la forma en la que lo han venido siendo, como apéndices del propio aparato del Estado, es más que contraproducente. Pero los privilegiados no quieren renunciar a sus privilegios; de ahí que las maniobras a las que asistimos últimamente estén más encaminadas a beneficiarse de la situación que ha cambiarla.

Montemos el pollo para seguir disfrutando del chollo.  Más claro agua. La vieja expresión de crítica a los sindicatos y organizaciones imitadoras está más vigente que nunca. 

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