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Pues me chivo a Merkel

UGT y CCOO, o CCOO y UGT, como prefieran – tanto monta, monta tanto Toxo como  Méndez – se reunieron con Ángela Merkel el pasado día 5 de julio. Fue un encuentro discreto. O sea, de los que se hacen a puerta cerrada y en la clandestinidad.

Le fueron con el cuento a Merkel de lo mal que está haciendo las cosas en España el señor Rajoy. Que si la reforma laboral solo destruirá empleo, que si la sanidad se deteriora, que nos han quitado subvenciones… oiga, que este paso nos arruina.  Pero que somos buenos y responsables: huelgas generales las justas, y movilizaciones las menos; pero que tenemos que salir a la calle y decir que estamos enfadados o la gente se enfadará también con nosotros.

Aún no ha transcendido si Merkel les regaló un babero o un paquete de clínex. Algunas fuentes cercanas al encuentro, aseguran que la canciller les acarició el lomo y rascó las orejitas. Lo cual fue celebrado por los dos sindicalistas, que regresaron muy contentos a casa y convocaron un frente social para intentar tener controladas las protestas. No vaya a ser que los paisanos – que los hay muy brutos – terminen por darse cuenta del compadreo y se pongan en plan cafre.

Este tipo de reuniones entre Merkel y los agentes sociales de media Europa no es nada nuevo. La canciller alemana tiene la costumbre de reunirse periódicamente con los interlocutores sociales y económicos de los países de la UE. Es una de esas cosas que han sabido hacer los alemanes y nosotros no: dirigir el cotarro sin que se note.

Este tipo de reuniones es una prueba evidente de la falta de democracia en la UE y la necesidad de reformar las instituciones europeas. Si queremos que la democracia siga teniendo sentido en nuestras vidas, debemos luchar para construir lo antes posible los Estados Unidos de Europa. Esta es la única manera de ser gobernados por aquellos a quienes nosotros otorguemos la confianza, no por quienes han sido elegidos por otros.

Merkel hace lo que hace – y dice lo que dice – porque sólo tiene que responder ante sus electores alemanes. ¡Cuánto cambiarían las cosas si también tuviese que ser elegida por franceses, italianos, españoles o griegos! Si los intereses electorales y políticos de los líderes europeos pasasen también por los resultados electorales obtenidos en todos y cada uno de los países que integran la UE, otro gallo cantaría.

Europa precisa un Parlamento fuerte y un Presidente europeo con respaldo democrático. Mientras no tengamos eso, los sindicatos seguirán reuniéndose con nocturnidad con un la Merkel de turno, y las decisiones que nos afectan en nuestro día a día se tomarán muy lejos de nuestras fronteras y serán juzgadas por los electores de otra nacionalidad. Es decir, no seremos europeos, sólo ciudadanos de un Estado Libre Asociado cuyos dirigentes teatralizan protestas, pero pactan en Berlín una agenda común y oculta. 

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