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Se va usted a la mierda, Gallardon

¡Cuánto añoro a Labordeta! Tenía en su lugar lo que había que tener para, en un arrebato de indignación, mandar a la mierda a quienes se lo habían ganado a pulso. Más elegantes y finolis son los diputados del Psoe e IU. Claman contra la reforma de la ley del aborto, pero claman cortésmente, con educación, como corresponde a su papel de prócer de la patria. Un servidor, que siempre ha sido más de pueblo que los huevos con chorizo, no está para esas finuras y elegancias del lenguaje.

Soy tosco, primitivo, incluso salvaje. ¡Qué le voy a hacer! No puedo ser perfecto. Por eso, cuando algún político confunde las Cortes con las Sacristías y las leyes con el catecismo, se me hincha una vena en la sien y me pongo a mugir como un toro con ganas de cornear al personal. Casi siempre logró refrenar ese instinto violento, pero a veces resulta que no me da la gana y ni lo intento. Y esta es una de las ocasiones en las que no puedo ni quiero contenerme las ganas. ¡A la mierda, Gallardón! Me oye bien, botarate, ¿o se lo digo otra vez? ¡A la mierda, capullo!

Hasta dos de cada tres votantes del PP rechazan la supresión del supuesto de aborto por malformación. Un abrumador 81% de la población está en contra de su reforma contra el aborto. Pero a usted le da igual. Usted es un mierda y un fanático religioso. Confunde la moral con la ley. Es incapaz de cualquier empatía, incapaz de comprender incluso que no se pueden poner diques al mar. Es usted un incompetente, un cínico y un peligro.

La reforma que usted está planteando deja a la mujer en una situación de indefensión incluso peor que la que sufrió durante la dictadura de Franco, donde era posible abortar por razones humanitarias y de sentido común, como bien recordó Ramón Carreras, presidente de la Sociedad Catalana de Ginecología y Obstetricia, en unas declaraciones al Periódico de Catalunya.

Usted es un cobarde infame. Sabe de la debilidad de Rajoy y busca granjearse el apoyo de los sectores más ultraconservadores del PP para preparar su candidatura a la sucesión. Los sectores más reaccionarios de su partido le habían dado la espalda hace tiempo, pero ahora tiene usted la oportunidad de reconciliarse con ellos y ganar su apoyo. Da igual que perjudique a los derechos más elementales de la mujer o que obligue al sufrimiento a miles de personas. A usted sólo le importa su propio ego.

El PP ha caído en popularidad. Comienza a ser percibido como lo que ha sido siempre: parte del problema. Por eso quieren reformar leyes para eliminar cargos electos en ayuntamientos y comunidades autónomas. A ustedes el gasto se la trae al fresco; de sobra saben que la sobrepoblación de políticos no está en los órganos representativos, si no en la administración y los puestos de libre designación. Sabe que los sueldos más escandalosos no son los de un concejal o un parlamentario, son los que cobran los asesores y puestos de confianza. Lo que pretenden es limitar la participación de los partidos políticos colocando barreras de entrada.

Saben que el tinglado del cual han mamado todos estos años se les puede ir a pique. Que en Europa siquiera les queda ya un amigo y muchos se alegrarían de ver que su partido y el Psoe se viesen superados o condicionados por otras fuerzas políticas. Por eso tiran de ideología y religión. Quieren reírle las gracias a Rouco, preservar los privilegios de la Iglesia Católica y legislar según la moral impuesta por las autoridades religiosas para comprar el apoyo que necesitan.

Utilizan algo tan serio como el aborto para crear una cortina de humo que oculte sus miserias. Se quieren ganar, a costa de las lágrimas de las mujeres, el apoyo de los grupos más ultraconservadores de la Iglesia para evitar que su  desplome electoral sea mayúsculo y termine sucediéndole al PP lo mismo que al CDS. Le importa un rábano los intereses generales del país. Sólo va a lo suyo, y lo suyo es convertirse en el sucesor de Rajoy. Váyase a la mierda. 

La inaceptable actitud del gobierno

01/08/2012 2 comentarios

El déficit público no es cosa de risa. Tenemos que afrontar una profunda restructuración de los gastos para lograr la máxima eficiencia, garantizar los servicios públicos, las ayudas sociales y reducir nuestra dependencia de la financiación exterior lo antes posible. De esto no hay duda. La cuestión – y esta es la madre del cordero – es cómo debemos hacerlo. Las políticas de Rajoy, cuestionadas desde todos los ámbitos, tanto nacionales como internacionales (hay están las declaraciones del FMI y la ONU, para cuando la derecha tenga a bien leer), no están dando ningún resultado.

Ahora toca apretarles el cinturón a las Comunidades Autónomas, en especial a las que no son gobernadas por el PP. La propuesta que hace el Montoro en el Consejo de Política Fiscal es inaceptable de todas, todas. A nadie se le escapa la necesidad acuciante de controlar las cuentas públicas y evitar déficit insostenibles que pueden comprometer al conjunto del Estado. Un mínimo sentido de la justicia invita a pensar que, quienes primero deben apretarse el cinto, son aquellas administraciones en las que se derrochó a mansalva. Dicho de otra forma, que empiecen quienes gastaron el presupuesto público en aeropuertos sin aviones y otros despropósitos.

Eso no quita que, todas las comunidades deban aportar lo suyo. Por solidaridad o responsabilidad de Estado, como cada uno prefiera. Pero deben hacerlo. Siempre y cuando, claro está, que las comunidades que han malgastado sus recursos demuestren haber aprendido las lecciones y el reparto del esfuerzo sea equitativo.

Sin garantías de no volver a caer en despropósitos ruinosos de nada sirve el esfuerzo. ¿Para qué ajustarse en una cosa si luego vamos a derrochar en otra? Tampoco parece aconsejable que los ajustes favorezcan a aquellos que más responsabilidad tienen en la gestión del derroche.

Andalucía es castigada – teniendo un endeudamiento menor que la media –, mientras que se favorece a Valencia, Castilla la Mancha y Madrid. Es decir, el gobierno de Rajoy distribuye los objetivos de déficit según sus intereses electorales. Premia a los suyos y castiga a las comunidades en las que no gobierna.

Esta actitud cobarde, indigna y desleal puede provocar un conflicto institucional gravísimo. Conflicto que puede llevar a una revisión profunda de nuestro modelo de Estado e incluso de la democracia.

El PP de sobra sabe que los ajustes que pretenden que lleven a cabo algunas comunidades autónomas son injustos y vaciaría de contenido el Estado Autonómico. Sabe que esto solo servirá para agitar aún más la confrontación y el malestar social. Pero se encuentran en un momento de huida hacia delante. No les importa ya lo que pase ni a costa de quienes pase. Solo quieren que el tiempo corra, y que corra lo más rápido posible.

Absurda y peligrosa situación que debería levantar en pié de guerra a los cuadros medios del PP. Sin embargo, el clientelismo es tal, que todos se han plegado, sumisos, a las decisiones de Rajoy, aun cuando las cuestionan entre bambalinas.

Lo más decente sería dimitir y convocar elecciones. Pero Rajoy no es decente. Aguantará todo el tiempo que pueda. Y si no puede llegar a los turrones sólo, intentará un gobierno de concentración, al cual se ha resistido hasta el momento, aunque muchas voces de su partido le insisten en ello. 

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