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Archivo para la Categoría "François Hollande"

Una de bomberos

Erase una vez una ciudad. En la ciudad una casa. Y en la casa un incendio. Los dueños de la vivienda intentaron apagarlo con sus propios y escasos medios. Cuando fueron conscientes de la inutilidad de sus esfuerzos, llamaron a los bomberos.

-          ¿Seguro que es un fuego? Mire usted, que estas cosas se confunden – preguntó el bombero que atendió la llamada de auxilio.

El incendio creció hasta hacerse dueño de toda la planta baja del inmueble. Mientras, en la planta alta, encerrados en la habitación más lejana al fuego, los inquilinos de la casa seguían al teléfono.

-          Verá usted, es que nos pilla lejos.

El incendio se había declarado en una de las viviendas de un barrio periférico. Un barrio de gente honesta, trabajadora y sencilla. Una zona de la ciudad que los habitantes del centro urbano sólo pisaban los domingos y los días libres. Para dar gusto a la parienta y los niños, comer totilla de patas, hartarse a cerveza barata y tomar el sol.

Los de la casa no daban crédito. Le indicaron al bombero la ruta más corta para llegar hasta el incendio.

-          A estas horas hay mucho tráfico – se excusó el funcionario – no se sí merece la pena acercarse, porque no vamos a llegar a tiempo.

 La parte baja de la vivienda era pasto de las llamas. La familia temió por su vida. Desesperados, trazaron varias rutas alternativas y se las explicaron al bombero.

El fuego avanzaba rápido, fuera de control. En un rato, alcanzó a las casas vecinas y toda la calle comenzó a arder.

-          ¿Han llamado a los bomberos?

-          Están de camino.

-          ¿Por qué tardan tanto?

-          Se tienen que detener en todos los semáforos.

-          Ah¡ Los semáforos regulan el tráfico en los cruces. Gracias a ellos no hay tantos accidentes. Hay que obedecer a los semáforos.

El barrio entero se convirtió en una parrillada. El humo y las llamas se veían desde cualquier punto del mapa, por lejano que fuese. Las ciudades cercanas comenzaron a inquietarse y pidieron a la ciudad que sufría el incendio que se diera prisa en sofocarlo.

-          Ya va, ya va – parece que dijo alguien – ¿acaso dudan de nuestra capacidad para resolver solos nuestros problemas?

Todos guardaron silencio. Pero algunos torcieron el gesto, dibujando una sonrisa ácida en el rostro.

Por fin llegaron los bomberos. La gente los recibió con júbilo. Quizás demasiado.

Mientras extendían las mangueras en el suelo pavimentado de la calle en llamas, el jefe de bomberos se dirigió a los vecinos afectados, la mayoría atrapados dentro de las viviendas. Se llamaba Draghi. Nadie lo conocía, pero todos habían oído hablar de él maravillas. Decían que era un fenómeno en la cosa de organizar desfiles.

-          Lo primero que hay que hacer en un incendio – explicó a voz en grito – es cortar la luz y el gas.

Los vecinos de las casas que aún no habían cortado la luz ni el gas, se jugaron el pellejo para cumplir con las órdenes del jefe de bomberos.

-          Coloquen toallas húmedas en las rendijas de las puertas – siguió aconsejando Draghi, protegido por sus gafas redondas y negras. Tras las gafas tenía cara de ratón.

Los habitantes de las viviendas en llamas se miraban unos a otros, perplejos. La intensidad de las llamas hacía inútil aquel consejo. Pese a todo, obedecieron.

-          Oiga, que tengo a la parienta con la permanente chamuscada arrojando cubos de agua al fuego – gritó alguien desde una ventana.

-          Pues que no arroje el cubo, solo el agua – respondió Draghi.

-          Que dice mi mujer que si usted es gilipollas – volvió a atronar la voz.

-          Según el día – reconoció el jefe de bomberos con cara de ratón –. Pero que no eche el agua así como así, que la dirija a la base de las llamas.

Estaban a punto de intervenir los bomberos cuando llegó la alcaldesa. Una tal Ángela, cuerpo de machorra y cara de no haber tenido un buen orgasmo en su puta vida.

-          ¿Todo esto quien lo va a pagar? – preguntó con aire de autosuficiencia marcial.

-          ¡Que nos quemamos! – gritaron varias voces desde las ventas.

-          Sí, pero los incendios no se originan solos – aseguró la alcaldesa –. ¿No habrá sido provocado?

Habían acudido al lugar numerosos ojos ávidos de ver cómo sus vecinos se achicharraban, vuelta y vuelta. Al escuchar la pregunta de su alcaldesa comenzaron a murmurar. <<Quizás lo merezcan>><<¿Quién sabe? ¿Y si todo lo han hecho para llamar la atención?>>

-          Supongo que todos tendrán un seguro de responsabilidad civil – continuó Ángela –, porque el agua no es gratis. Los bomberos querrán cobrar las horas extra. Se va a descuadrar el presupuesto municipal. Tendré que subir los impuestos. La gente de bien no sufre incendios. Y si los sufre, tiene extintores. ¿Tenéis vosotros extintores?

De la casa en la que se había iniciado el fuego ya sólo quedaba el esqueleto humeante. Desde todas las viviendas asoladas por las llamas podían escucharse terribles gritos de dolor y auxilio. Algunos, antes de acabar en la barbacoa, decidían arrojarse por las ventanas y estrellar sus sesos en el asfalto.

El espectáculo era coreado por los curiosos, nostálgicos de una época en la que las ejecuciones eran públicas y se podía oler la carne quemada de los herejes mientras se escuchaban sus gritos.

-          Antes de gastar dinero en salvarles – aseguró la alcaldesa –, quiero que me enseñen su presupuesto familiar. Hay que trabajar más horas para ganar más. Y hay que gastar menos. Hay que ahorrar, contratar seguros y comprar muchos extintores.

Los vecinos accedieron a todo. Estaban desesperados. Sus casas ardían, sus familiares se quemaban. No acertaban a comprender que les quería decir aquella machona de rostro amargo. Sus casas eran también sus talleres y sus tiendas. ¿Dónde iban a trabar si todo acababa devorado por el fuego?

Algunos de los afectados creían en las ideas de la alcaldesa. Ellos siempre habían admirado a la gente de los barrios ricos. Querían ser como ellos, vestir como ellos, pensar como ellos. Por eso adoptaron unas ideas que no eran suyas.

-          Demuestren que son capaces de gobernar sus casas conforme a mis indicaciones – exigió la alcaldesa –. De lo contrario, no dejaré que los bomberos les ayuden.

-          Señora, antes éramos una ciudad libre – dijo un valiente, con los ojos arrasados en lágrimas e impotente ante la devastación que asolaba su barrio –. Teníamos nuestro propio cuerpo de bomberos y tomábamos nuestras propias decisiones. Nos unimos a ustedes para ser más grandes y mejores, pero de igual a igual.

-          El pasado es el pasado – rió Ángela –. A verlo pensado antes. Como los seguros, y los extintores.

-          Teníamos seguros y extintores – replicó la voz valiente.

-          No eran suficientes – reprochó la alcaldesa – lo que es igual a no tener nada.

Los vecinos de los barrios céntricos,  que habían acudido para ver el espectáculo, aplaudieron las ocurrencias de su alcaldesa.

Entonces, sucedió algo que nadie esperaba. El fuego, el implacable fuego, avanzó hacia los barrios ricos de la ciudad. Allí tenía su casa la alcaldesa. También tenían sus casas los vecinos que acudían en masa a ver la pira en la que se había convertido aquel barrio de las afueras.

Los bomberos actuaron al fin. Pero no dirigieron sus mangueras hacia el barrio pobre. Se dedicaron a salvar sólo las casas de los barrios ricos y el centro de la ciudad.

El barrio quedó devastado, y los vecinos recibieron la factura de los daños ocasionados por el incendio. Según los vecinos del centro de la ciudad, inspirados por la alcaldesa, los habitantes del barrio periférico habían sido los responsables del fuego que asoló todo a su paso.

¿Les suena la historia? A mi sí.

 

El precio de la indecisión

Ayer de Guindos solicitó el famoso rescate a la banca, pero sigue sin desvelar las condiciones del mismo. Como era de esperar, los mercados reaccionaron en contra: la bolsa se hundió un 3,67% y la prima de riesgo volvió a elevarse hasta los 517  puntos.

Nada causa más daño  a la economía de un país que la indecisión. Casi ha transcurrido un mes desde el anuncio del rescate financiero a la banca y aún no sabemos nada de él. Desconocemos los plazos de devolución y los tipos de interés del préstamo. Incluso aún seguimos sin tener claro si computará como deuda del estado (es decir, afectará al déficit público) o no. a la par que se hacía pública la carta enviada por de Guindos  al Eurogrupo, el ministro de Asuntos Exteriores dejaba entrever que la posibilidad de un rescate directo a la banca, sin pasar el dinero por las manos del Estado, estaba sobre la mesa.

La gestión de la comunicación sobre todo este asunto está causando tanto daño como la propia crisis de Bankia. El gobierno juega con una agenda más interesada en combatir el descrédito interno y la desilusión que el gobierno de Rajoy está provocando entre sus propios votantes, que en los intereses reales de España.

Resulta evidente que el gobierno no quiere hacer nada antes de septiembre. Antes de actuar, espera lograr que la Unión Europea ponga en marcha las distintas medidas que favorezcan el crecimiento. Si en su momento Rajoy apostó todo a complacer a Merkel, ahora confía en que los resultados de las gestiones de Hollande y Monti en la Unión Europea contribuyan al crecimiento económico y la salida de la crisis.

Rajoy no está gobernando. En el mejor de los casos gestiona. En vez de asumir responsabilidades y actuar con urgencia para clarificar la situación en España, intenta ganar tiempo para subirse al tren ganador en el último momento. El problema es que aún no es seguro que Hollande logre sus objetivos en Europa, ni que seamos capaces de subirnos a ese tren una vez se ponga en marcha.

Y mientras el presidente Rajoy deshoja la margarita, la bolsa por los suelos, la deuda por las nubes y los ciudadanos sufriendo los recortes impulsados por su gobierno. 

El Gobierno de François Hollande

La semana pasada se constituyó el gobierno del socialista Hollande. Un gobierno paritario y multirracial donde ha logrado integrar las muchas tendencias presentes entre los progresistas franceses. Un juego de malabares que le ha permitido unir la juventud con la experiencia.

Cuatro treintañeros, igual número de hombres que de mujeres, cuatro descendientes de inmigrantes, tres de ellos de los territorios de ultramar; un viejo peso pesado del socialismo francés, el ex primer ministro Laurent Fabius (1984-1986), que ocupará la cartera de exteriores;  son algunos de los rostros que configuran el mosaico de un gobierno llamado a ser fiel reflejo de la sociedad francesa. Y en el que también destaca la integración de la líder ecologista Cécile Duflot, al frente del ministerio de vivienda.

Pero sobre todo, llama la atención el sutil equilibrio ideológico que ha logrado. La presencia del antiglobalización y acérrimo defensor del proteccionismo europeo Arnaud Montebourg se contrarresta con las posiciones más conservadores de Manuel Valls, catalán de nacimiento que se autodefine como social – liberal y partidario de la “tercera vía” del antiguo premier británico Tony Blair.

La germanofilia del Primer Ministro, Jean-Marc Ayrault, se ve también equilibrada con la oposición que supone el veterano Fabius, quien adquirió nueva relevancia en el socialismo con su campaña contra la Constitución Europea.

Pieza a pieza, paso a paso, equilibrio a equilibrio, Hollande ha logrado el gobierno que quería, el gobierno paritario, multirracial y equilibrado en el que cualquier francés podrá verse reflejado.

Sus enemigos le acusarán de sectario por no integrar a políticos de otras formaciones, asegurando que la ecologista Cécile Duflot es solo una operación de maquillaje. Destacarán la ausencia de Martine Aubry y el exceso de pluralidad ideológica existente dentro del ejecutivo. Olvidan comentar que Hollande, demócrata convencido donde los haya, ve en la pluralidad una oportunidad y no un problema. Él quería un gobierno heterogéneo y pluralista, a imagen y semejanza de la sociedad a la que quiere servir. Eso era lo que había prometido, y eso es lo que ha hecho.

Es curioso cómo gran parte de la prensa española intenta cuestionar a Hollande destacando los problemas inherentes a la formación de cualquier gobierno. No mencionan, por ejemplo, que todo el gobierno francés se ha bajado el sueldo un 30%, y que los miembros del ejecutivo que pierdan la confianza de los ciudadanos en las próximas legislativas de junio, no sólo perderán su escaño, también tendrán que abandonar el Gobierno.

LISTA COMPLETA DEL GOBIERNO FRANCÉS. Los cargos de Ministros delegados son equivalentes a los Viceministros o Secretarios de Estado en España. 

•. Laurent Fabius, Ministro de Relaciones Exteriores

• Vincent Peillon, Ministro de Educación Nacional

• Christiane Taubira, Ministra de Justicia

• Pierre Moscovici, Ministro de Economía, Hacienda y Comercio Exterior

• Marisol Touraine, Ministra de Asuntos Sociales y Salud

• Cécile Duflot, Ministra de igualdad y de vivienda

• Manuel Valls, Ministro del Interior

• Nicole Bricq, Ministro de Ecología, Desarrollo Sostenible y Energía

• Arnaud Montebourg, Ministro de recuperación productiva, Reindustrialización.

• Michel Sapin, Ministro de Trabajo, el empleo, la formación profesional y diálogo social

• Jean-Yves Le Drian, Ministro de Defensa

• Aurelie Filippetti, Ministra de Cultura y Comunicación

• Genoveva Fioraso, Ministra de Educación Superior e Investigación

• Najat Vallaud-Belkacem, Ministra de los derechos de las mujeres y portavoz del Gobierno

• Stéphane Le Foll, Ministro de Agricultura y Agroalimentación

• Marylise Lebranchu, Ministra de Reforma del Estado, la descentralización y la administración pública

• Victorin Lurel, Ministro de Ultramar

• Valerie Fourneyron, Ministro de Deportes, Juventud, educación popular y comunitaria

• Jerome Cahuzac, Ministro Delegado del Ministro de Economía, Hacienda y Comercio Exterior para el Presupuesto

• George Pau-Langevin, Ministro Delegado del Ministro de Educación, responsable para el éxito académico

• Alain Vidal, Ministro delegado ante el Primer Ministro, encargado de las relaciones con el Parlamento

• Delphine Batho, Ministro Delegado del Ministro de Justicia, Ministro de Justicia

• François Lamy, Ministro delegado ante el Ministro de áreas iguales y la vivienda para las ciudades

•Bernard Cazeneuve, Ministro delegado ante el Ministro de Asuntos Exteriores, encargado de Asuntos Europeos

• Michèle Delaunay, Ministro delegado ante el Ministro de Asuntos Sociales y de Salud, responsable de personas mayores y dependientes

• Sylvia Pinel, Ministra delegada ante el Ministro de recuperación productiva, responsable de la artesanía, el comercio y el turismo

• Benoît Hamon, Ministro delegado ante el Ministro de Economía, Hacienda y Comercio, responsable de la economía social

• Dominique Bertinotti, Ministra delegada ante el Ministro de Asuntos Sociales y Salud, para la familia

• Marie-Arlette Carlotti, Ministro delegado ante el Ministro de Asuntos Sociales y de Salud para las Personas con Discapacidad

• Pascal Canfin, Ministro Delegado del Ministerio de Asuntos Exteriores, responsable del desarrollo

• Yamina Benguigui, Ministra Delegada del Ministro de Relaciones Exteriores, a cargo de los franceses en el extranjero y de la Francofonía

• Frédéric Cuvillier, Ministro delegado ante el Ministro de Ecología y Desarrollo Sostenible y Energía, encargado de Transportes y Economía Marítima

• Fleur Pellerin, Ministra delegada ante el Ministro de recuperación productiva, responsable de pequeñas y medianas empresas, la innovación y la economía digital

• Arif Kader, Ministro Delegado del Ministerio de Defensa, responsable de los Veteranos.

 

Hollande, la esperanza de Europa

Se ha consumado la derrota de Sarkozy. Una derrota que muchos han considerado humillante. Pues no solo ha salido como perdedor de las elecciones a la Presidencia de la Republica, sino que los resultados obtenidos son propios de un principiante. Es el primer Presidente de la V República Francesa que se presenta a la reelección y pierde en primera vuelta.

En Grecia los resultados son los esperados: el hundimiento de los partidos favorables al rescate y el auge de las posiciones más radicalizadas, entre ellas los neonazis de la Golden Daw, algo de lo que ya habíamos advertido en este blog hacía semanas. Y es que las políticas ultraconservadoras y neoliberales de los actuales líderes de Europa están llevando a la desesperación a millones de personas, muchas de las cuales se han dejado caer en los brazos de partitos nazis como el señalado.

Pero no solo los que sufren las restricciones impuestas por Merkel y su corte de virreyes se revuelven contra las políticas de “austeridad” que no son otra cosa que el desmontar sin pausa del modelo social que surgió tras la II Guerra Mundial, e incluso alterar los principios básicos que rigen nuestras democracias.

Ahí están los sindicatos alemanes manifestándose el 1 de Mayo en solidaridad con los países que sufren los recortes. Y ahí está el pueblo alemán, la auténtica Alemania, dándole un nuevo revés a Merkel en Schleswig-Holstein.  

Los medios conservadores enfatizan que la CDU ha ganado por la mínima, y que los bloques tradicionales: demócratas cristianos – liberales y socialdemócratas – verdes, obtienen un empate virtual. Sin embargo, se olvidan que el descalabro de CDU es considerable, así como el de sus socios; solo hay que comparar los resultados obtenidos en las anteriores elecciones y los actuales. Y se olvidan de comentar el hecho más importante de estas elecciones: la entrada en las instituciones del Partido Pirata, con un 8,2% de los votos.

También dirán que el Lander donde se han celebrado las elecciones es una región con una importancia relativa en el conjunto de Alemania. Algo también falso, pues es además de un potente sector turístico, es la región de las navieras, un Lander vinculado históricamente a la construcción de buques.

Los medios afines al dogmatismo religioso y político del gobierno, señalarán que las bolsas y el euro se hunden al conocer los resultados electorales. La verdad es que aún no sabemos cómo reaccionará Estados Unidos a la victoria de Hollande, ni siquiera como lo harán las bolsas europeas, pero como las asiáticas han acusado el cambio de orientación en Francia, abren sus titulares con la supuesta caída de los mercados. En cualquier caso, es habitual una ligera caída después de un proceso electoral, ocurre incluso en épocas de bonanza económica.

Aún nos falta para ver los cambios. Hollande precisa conservar la ilusión y el apoyo de los franceses hasta junio, momento en el que se celebrarán las legislativas, donde también es imprescindible un nuevo triunfo de la socialdemocracia.

Grecia queda en una situación de desgobierno que puede forzar nuevas elecciones dentro de poco. Y los más moderados de la CDU se empiezan a preguntar si realmente merece la pena seguir callados ante Merkel, mientras el partido que la hizo presidenta retrocede en todos los territorios.

A lo largo de los próximos días y semanas, estoy seguro que se comenzarán a disipar algunas dudas, pero lo más importante es que la sociedad europea está hablando con fuerza y transmitiendo un mensaje claro: cambio de rumbo ya. ¿Lo sabrán escuchar en la Moncloa? No creo. 

A rasgarse las vestiduras

Esa es la consigna de más de uno. Ante los resultados obtenidos por el Frente Nacional, en los que Marine Le Pen mejora los resultados logrados por su padre, muchos alertan del peligro de la extrema derecha.

Dentro de poco, cuando en Holanda se tengan que adelantar las elecciones, algo más que probable, y el ultraderechista Geert Wilders aumente su influencia, algo que también sucederá en Grecia, el discurso de los hipócritas resonará con fuerza en muchos medios de comunicación europeos.

Si analizamos el discurso de Marine Le Pen, quitando su actitud frente a la inmigración, todas sus propuestas podrían ser suscritas por cualquier líder de izquierdas. ¿Qué está sucediendo? Que la sociedad no está dispuesta a rendirse ante las propuestas que pretenden imponer gobiernos tecnócratas sin capacidad real de decisión.

Hoy, cuando elegimos al presidente del gobierno, estamos eligiendo al capataz. La soberanía a decaído a favor de los mercados, y la reacción de la sociedad se manifiesta en el auge de las posiciones extremistas que, tanto de derechas como de izquierdas, plantean una recuperación del espíritu nacional, de la soberanía, del poder del pueblo y el estado frente a las agresiones de esos mercados.

Es curioso que los gestores del fracaso de la política frente a los mercados sean los primeros en rasgarse las vestiduras. Su actitud de profunda sumisión es la responsable de la polarización de la sociedad y el auge de los extremismos. Son las políticas impuestas como si de dogmas sagrados se tratase las que están empujan a las personas de bien hacia posiciones extremistas. 

¿Por qué interesan tanto las elecciones francesas?

Cada país proyecta su propia imagen, y la de Francia es la imagen de la Revolución, del final del Antiguo Régimen, de la resistencia contra los nazis, de los movimientos estudiantiles de los años sesenta y setenta, o de intelectuales como Jean Paul Sartre. Por eso Francia ha sido siempre una reserva intelectual y moral de la izquierda. Y lo ha seguido siendo en la actualidad, pues fue Francia la que tumbó la constitución Europea por no incluir los derechos sociales y laborales en su texto.

La izquierda europea, y principalmente la española, cometió un gravísimo error el día que asumió como suya una constitución que vaciaba la Europa Social con la que habíamos soñado todos los europeos. Los sindicatos franceses no tuvieron tapujos ni miedo y lograron sacudir los cimientos de la Unión Europea. Desde ese día, Europa está en crisis. Una crisis institucional que ha sabido aprovechar Merkel para imponer su visión ultraconservadora y germana sin que nadie, ni la izquierda ni la derecha de ningún otro país se le opusiera.

También fue el inicio de una lenta, muy lenta, recuperación de la izquierda europea. Una izquierda que necesita una Francia comprometida con sus valores tradicionales. Hollande puede ser ese líder europeo que logre la unidad real de las socialdemocracias entorno a un nuevo proyecto de futuro que no renuncie a los valores que han construido nuestro presente.

Hubo un tiempo en el que muchos hablaban de la necesidad de europeizar Alemania. Hoy es necesario desgermanizar Europa. Hollande defiende una recuperación del protagonismo francés en Europa y la renegociación de los pactos impuestos en los últimos años por Alemania al conjunto de la Unión. Se trata de hacer valer en el seno de la Unión Europea la voluntad de Franceses – y holandeses, que también votaron en contra –, ante una Europa sin contenido social.

Los acuerdos europeos impulsados por Merkel con el apoyo de Sarkozy y el resto de la derecha europea, entre la que se encuentra Rajoy, han intentado colar bajo la mesa los principios de la Constitución Europea que los franceses rechazaron y contra los que la izquierda de todos los países se manifestó, a pesar de sonoras excepciones como la del PSOE. Esta es la razón por la que interesa tanto lo que pueda suceder en Francia, porque es el país llamado a impulsar una solución de la crisis que se abrió en el 2005, forzando que se respete la voluntad expresada por la mayoría de los europeos, y que no es otra que la irrenunciable Europa de los derechos sociales y laborales frente a cualquier otro experimento.

 

¿Éxito de Hollande o derrota de Sarkozy?

23/04/2012 1 comentario

Apenas un punto separa a los dos candidatos que afrontan la difícil etapa de una segunda vuelta. Sin embargo, ya se pueden extraer algunas conclusiones de los resultados obtenidos en primera vuelta.

Habrá quien, ante la ajustada victoria, quiera minimizar el impacto de esta victoria asegurando que nada está decidido, y que la segunda vuelta es la determinante. Tienen razón, pero solo en parte, pues olvidan mencionar un dato transcendental para comprender lo que está sucediendo en la política francesa: los resultados de Hollande son históricos. Y lo son por dos motivos: en primer lugar, obtiene los segundos mejores resultados de la historia de un socialdemócrata, solo superado por el mítico Mitterrand, poniendo fin a una larga crisis de la izquierda francesa, que se inició a mediados de los 90 y que duraba casi veinte años; en segundo lugar, estos resultados son históricos porque nunca, durante toda la V República, un presidente de Francia que se presentase a la reelección había perdido en primera vuelta. Es decir, desde los tiempos de Charles de Gaulle, allá por el 1958, un Presidente que optase a la reelección había recibido un correctivo electoral tan importante.

¿Éxito de Hollande o derrota de Sarkozy? Más bien, convergencia de ambas situaciones. Hollande es un intelectual laico, serio, moderado, con aspecto de oficinista y esperanza de la izquierda europea. Sarkozy es un personaje extravagante, cinematográfico, que usa alzas en los zapatos para aparentar ser más alto, y un segundo de abordo en el barco de Merkel. Si comparamos a los distintos presidentes de la Republica Francesa de los últimos sesenta años, nos daremos fácil cuenta que Hollande es más parecido a todos ellos que el mediático Sarkozy. Y esta es una de las claves del éxito de los socialdemócratas en estas elecciones: han sido capaces de transmitir la imagen de la Francia que todos los franceses sueñan, y que en modo alguno es una Francia incapaz de decir no a Alemania.

Sarkozy se hunde por la derecha. Su discurso cuestionando la inmigración y prometiendo mayor dureza contra la delincuencia estaba calculado para ganarse el voto de los simpatizantes del Frente Nacional de Le Pen. Sin embargo, estos no solo se mueven por una Francia sin emigración o contra la multiculturalidad, características atribuidas a este partido que no dejan de ser una simplificación, ante todo son nacionalistas franceses. Quieren una Francia fuerte, de ahí su actitud euroescéptica. La alianza de Berlín – París les resulta antinatural. Muchos votantes conservadores han dado la espalda a los Populares franceses a favor de una actitud independiente en el contexto europeo. Según las encuestas sólo el 40% de los votantes de Le Pen estarían dispuestos a apoyar a Sarkozy en la segunda vuelta. Y la razón es, para la inmensa mayoría, la misma: Merkel.

Vistos los resultados, y cómo estos se han repartido en las circunscripciones y en el resto de las candidaturas que no participaran en la segunda vuelta, solo un error muy grave podría arrebatarle la victoria final a Hollande. Pero todo es posible y nunca se debe subestimar al enemigo, y menos a un animal político como Sarkozy. La izquierda francesa no debe bajar la guardia y debe seguir luchando por consolidar estos magníficos resultados y lograr que Hollande sea el nuevo Presidente de la Republica Francesa. 

Resultados Primera vuelta de las Presidenciales Francesas

Resultados Primera vuelta de las Presidenciales Francesas.

28,63% François Hollande, Parti Socialiste.

27,18% Nicolas Sarkozy, Union pour un Mouvement Populaire.

 Web aconsejada para conocer los resultados de todos los candidatos y circunscripciones:

http://www.franceelectorale.com/

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