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Siria, Irán y el atentado antisemita de Bulgaria

El atentado antisemita sufrido en Bulgaria el pasado 18 de julio es un intento de internacionalizar el conflicto sirio. La posible caída del régimen de Bashar al-Assad está movilizando a sus aliados en la región en un intento de lograr que la guerra civil se convierta en una guerra global en Oriente Medio y Próximo.E

La estrategia no es nueva. Turquía ha tenido que resistir las provocaciones del régimen sirio que ha llegado a derribar a dos aviones turcos de la OTAN, en vuelo sobre aguas internacionales, y atacar a refugiados en las áreas fronterizas, dentro de territorio turco. El gobierno de Turquía, aunque ha optado siempre por la prudencia, se ha visto obligado a fortalecer sus defensas ante un hipotético ataque de Siria, incluso concentrando artillería pesada en la frontera entre ambos estados.

Como esta estrategia de la provocación parece que no está dando resultado, al menos no en la forma que deseaba al-Assad, han sido sus amigos iranís quienes han buscado la confrontación atacando a los ciudadanos israelís.

A los servicios secretos de Europa, Israel y Estados Unidos no le cabe duda sobre la autoría intelectual de la masacre: Qasem Soleimani, comandante de las Fuerzas Qods, fuerza de élite del ejército iraní, integradas en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, dedicada a las operaciones fuera de territorio iraní.

Habría sido esta división militar del régimen de Ahmadinejad quien, apoyándose en el brazo iraní de Hezbolá, preparó el sangriento atentado. Hezbolá, que en árabe significa <<partido de dios>>, es una organización de origen libanesa, pero con presencia en casi todos los países de la región. Cuenta con un brazo político y otro paramilitar que, a pesar de su origen libio, se formaron en el islamismo chiita de Jomeini durante la Revolución Islámica de Irán.

Este grupo terrorista ha mantenido siempre una estrecha relación con el régimen de Irán y los alawitas sirios, minoría del país a la que pertenece al-Assad y que controla el gobierno y el ejercito de este país islámico. Su irrupción en el conflicto supone una clara apuesta de los regímenes iraní y sirio por arrastrar a toda la región hacia un conflicto armado de consecuencias impredecibles, probablemente de alcance global.

El atentado de Bulgaria supone, también, la confirmación de las sospechas sobre la infiltración del terrorismo islamista en este país. El embajador de EE.UU, John Beyrle, expresó su preocupación por la situación en 2005: <<el aumento del desempleo, la debilidad de las instituciones que promueven el islam moderado y una discriminación de larga data hacen a los musulmanes búlgaros vulnerables al extremismo>>. De hecho, el pasado mes de junio, fueron detenidas 13 personas al sur de Bulgaria por pertenencia a un célula terrorista salafista.

Desde este país se han intentado organizar también en otros estados vecinos, como en Checoslovaquia, donde la policía también detuvo a dos búlgaros de origen musulmán vinculados con Hezbolá, sospechosos de tráfico de armas y explosivos desde el Cáucaso ruso. En esta región, en concreto en Tatarstán (Cáucaso norte), los islamistas asesinaron recientemente al muftí moderado, IIdus Faizov. En el crimen estuvo implicado un empresario que organizaba peregrinaciones a la Meca; todo indica que era una manera de financiar y blanquear fondos para la yihad a la que se opuso el muftí, razón que le costó la vida.

La situación se vuelve, cada día que pasa, en más peligrosa e explosiva. El auge de los Hermanos Musulmanes (aunque tradicionalmente opuestos al régimen sirio, tienen como referente en Palestina a Hamás), un grupo fundamentalista y panislamista; la caída de antiguos regímenes, sin que exista una clara voluntad en los opositores de instaurar una democracia o un acercamiento progresivo a occidente; y el recrudecimiento de las acciones terroristas con la finalidad de provocar a Turquía, Israel y Europa puede terminar por provocar un largo y cruel conflicto en la zona.

Israel debe evitar caer en las provocaciones y apoyarse en el Derecho Internacional para hacer valer la justicia en estos atentados que está sufriendo. Europa debe sus deberes y actuar con mayor contundencia contra los grupos islamistas, tanto salafistas como chiita, que operan en nuestro territorio. Debe perseguir con idéntica determinación tanto a las células terroristas cómo a las estructuras logísticas, financieras y a la propaganda yihadista. No hacerlo implicará gravísimos problemas en el futuro. Un futuro quizás muy cercano, a la vista de los esfuerzos de Hezbolá por traer el conflicto sirio a Europa. 

1000 días para el Referéndum de Independencia de Escocia

Alex Salmond, Ministro Principal de Escocia y líder del Partido Nacional Escocés, ha desvelado la fecha en la que desea se celebre el referéndum pro independencia de Escocia: otoño del 2014. Un año más tarde que la fecha inicialmente deseada en Westminster, donde se prefería una convocatoria rápida para favorecer la causa unionista.

Sin embargo, esta diferencia de criterio no parece que termine por condicionar el acuerdo entre el gobierno británico y las instituciones escocesas. Todos en el Reino Unido dan por hecho la inevitable independencia de Escocia. Incluso entre los conservadores británicos, los Tories, se aprecia una clara complicidad con la causa independiente. Algo que solo se puede explicar si tenemos en cuenta la evolución de las posiciones conservadoras e independentistas.

Los conservadores siempre han sido partidarios de mantener el status quo existente entre el Reino Unido y Escocia, juzEgando la independencia escocesa como un salto a lo desconocido. Pero los cambios que se han producido en el mundo – y más en concreto en Europa – durante las dos últimas décadas, han dejado sin argumentos a la causa unionista. Los británicos son los menos europeístas de Europa, pero reconocen la necesidad de trabajar por una Europa fuerte para no perder gran parte de su influencia en el mundo durante las próximas décadas.

Argumentos como la fuga masiva de capitales, éxodo de negocios, aislamiento internacional o cuestiones sobre la defensa del país, han perdido su sentido en un mundo globalizado y en el que los grandes retos de la sociedad solo pueden ser afrontados desde la multilateralidad. Una realidad que ha transformado radicalmente el concepto de soberanía.

Por su parte, el Partido Nacional Escocés (SNP), ha demostrado también una gran madurez e inteligencia. La independencia es una casa con muchas habitaciones. Ellos han sido capaces de actualizar su discurso para hacerlo coincidir con las aspiraciones de la sociedad en los tiempos actuales. Siempre acusados de fuerte izquierdismo, han demostrado ser capaces de gestionar la economía con criterios prácticos y eficaces. A pesar de la crisis, Escocia sigue reduciendo su desempleo, han congelado y bajado los impuestos, reducido la burocracia, suprimido tasas a los comerciantes, impulsado Escocia como destino turístico como nunca antes se había hecho, desarrollado un Fondo de Inversión Escocesa que ha permitido la puesta en marcha de proyectos innovadores, asegurado que cuatro de cada cinco contratos públicos vayan a parar a manos de pequeñas empresas de Escocia y mejorado sus infraestructuras. Y todo esto sin olvidar la política social: reducción drástica de las listas de espera en los centros de salud, políticas especificas para el ámbito rural que garantizan el asentamiento de la población, 117 viviendas nuevas con precios asequibles a la semana, 300 nuevas escuelas en cinco años, y una decidida política de protección y conservación del medio ambiente, donde las energías renovables – que suministrarán el 80% de la energía que demanda Escocia en el 2020 – están jugando un papel determinante en la estrategia de desarrollo sostenible del país.

Las posiciones independentistas han sabido leer la realidad mundial mejor que ninguna otra opción política en Escocia. Hoy son capaces de moderar su discurso hasta incluso aceptar mantener la monarquía, conservar la libra esterlina, mantener el Banco de Inglaterra como banco central y prestamista último, e incluso mantenerse dentro de la OTAN.

Los nacionalistas escoceses han reinventado el concepto de independencia para adecuarlo a la realidad global en la que nos desenvolvemos. Ya no es una cuestión de fronteras, banderas, ejércitos y monedas; hoy la independencia significa la voluntad de una comunidad de hacer valer su derecho a gobernarse a sí mismos y asumir la responsabilidad de sus propias decisiones.

Esta evolución de la izquierda nacionalista vivió sus momentos más difíciles cuando Salmond apoyó la devolución de algunas de las competencias al Parlamento de Escocia, algo que fue considerado como traición por el sector más radical, que temía que una mayor autonomía debilitase el discurso independentista. Pero el tiempo ha dado la razón a Salmond, quien ha logrado llevar a al SNP, partido que contaba con apenas cuatro parlamentarios a comienzo de los años 90, a gobernar Escocia e impulsar el histórico referéndum de independencia.  

Sin duda, los modernos nacionalistas escoceses han sabido leer mejor que nadie en Europa el papel que deben desempeñar los gobiernos. Salmond y los suyos han logrado extender los beneficios sociales del estado a la par que impulsaban una pujante economía de mercado en tiempos de crisis. Hoy en día, en Escocia, nadie paga ni sus recetas ni las matrículas universitarias, y sus empresas disfrutan de ventajas que ponen los dientes largos a cualquier emprendedor, rebajas fiscales incluidas. Salmond sabía que para que triunfase la causa independentista, los escoceses debían percibir que con la independencia les iría mejor en su vida cotidiana. Logrado este objetivo, la independencia de Escocia es cosa aceptada hasta por Cameron.

Aún falta mucho para la celebración del referéndum y nada está decidido. Son muchas las coas que pueden pasar. Pero hay algo que nadie puede poner en duda: la lección de democracia e inteligencia socio-política que están ofreciendo tanto unionistas como independentistas. Sorprende, también, el poco interés que despierta en España este proceso político. ¡Cuánto tienen que aprender nuestros políticos!

Me llama la atención la casi absoluta indiferencia que muestran los medios de comunicación españoles ante lo que está sucediendo entre el Reino Unido y Escocia. Sé que mi interés por Escocia es sentimental, atávico, gravitatorio, que no todo el mundo tiene porqué compartir mi pasión por esa tierra ancestral en la que se hunden mis raíces, pero resulta extraño que un país como España, inmerso en una crisis económica y en el que existen tensiones nacionalistas, nadie se interese por el proceso de independencia de Escocia. 

Quizás son tantos nuestros problemas que no tenemos tiempo ni ganas de alzar la vista y observar lo que ocurre a nuestro alrededor. Pero en esta época, ese alrededor que antes se veía tan lejano, es parte de nuestra misma realidad y con frecuencia, parte de la solución a nuestros problemas. Si dejásemos de fijarnos en Alemania y buscásemos otros referentes en los que mirarnos, es muy posible que lográsemos dar pasos más acertados que los que estamos dando en la actualidad. Solo hay que fijarse en cómo la apuesta escocesa por la economía verde está contribuyendo de manera decisiva a sortear las dificultades de los mercados. Aunque muchos no lo crean, es posible conservar e incluso ampliar los derechos sociales y bajar los impuestos; basta con hacer las cosas bien. 

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