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El laberinto del Psoe

El Psoe siempre ha presumido de ser el partido que mejor entendía la articulación territorial de España. De hecho, es el único partido que puede presumir de haber gobernado en todas las Comunidades Autónomas al menos una vez. Sin embargo, esa capacidad de adaptar su discurso a los diferentes territorios nunca había supuesto una negación del principio de unidad nacional. Ahora, sin embargo, las posiciones del PSC son claramente rupturistas con España, ponen en cuestión el principio de unidad nacional que siempre habían defendido y que era – o al menos eso se suponía – la línea roja.  

El caso es que el debate no da para mucho. Si el Psoe sabe leer la opinión de la calle, sabrá que los costes de la ruptura con el PSC son mínimos en comparación con los costes electorales que supondría volverse a presentar a las elecciones junto al PSC. En España tenemos demasiados problemas como para andar ahora buscando soluciones sesudas a los problemas territoriales. Después de tres décadas de convivencia que ha funcionado razonablemente bien, no creo que sea el momento de huídas hacia ninguna parte.  

La socialdemocracia carece de proyectos creíbles y de un modelo de acción política que ilusione a las nuevas generaciones. En este contexto, lo peor que pueden hacer es desencantar también a los incondicionales de Andalucía o Extremadura, quienes están ya demasiado cansados de aguantar los desplantes independentistas. Algunas voces en el seno del Psoe ya se han posicionado claramente a favor de la ruptura. Confío que sean escuchadas y el Psoe rompa con el PSC de inmediato. No hacerlo supondrá seguir hundiéndose más, tanto en lo electoral como en lo ético. Que nadie olvide que en los últimos 20 años, el PSC, antaño el referente de la emigración en Cataluña, ha perdido más de la mitad de los votos, y dejado huérfanos a muchos catalanes que también se sienten españoles. Si el Psoe no hace nada para dar respuesta a toda esa gente que el PSC dejó en la cuneta, sino que está dispuesto a seguir siendo chantajeado por el PSC, serán tan culpables como el propio PSC, y desde luego, no deberían llevar más la letra E de España en sus siglas. Resulta ofensivo.

El BCE está inactivo frente a la crisis

BCE-Crisis

BCE-Crisis

No lo digo yo, aunque bien saben que lo pienso, lo dice Arnaud Montebourg, ministro de Hollande al frente de la cartera de Recuperación Productiva. Y fue más lejos: << El BCE no se ocupa del crecimiento, no se ocupa de los parados, no se ocupa de la población europea>>. Es cierto que este ministro, conocido por su incontinencia verbal, es uno de los referentes mediáticos del ejecutivo de París y que sus declaraciones han de ser leídas en clave interna y no europea, pero es precisamente por esto por lo que resultan tan llamativas estas afirmaciones.

En Francia, cada vez es mayor la crítica hacia una UE gobernada por Alemania. Al frente de estas protestas están, sobre todo, los euroescépticos de siempre y la derecha de Le Pen, que incluso exige un referéndum para enero del 2014 sobre la continuidad de Francia en Europa. Sin embargo, el sentimiento de oposición a una Europa opaca y en manos de la todopoderosa Alemania cada vez es más hegemónico entre los franceses.

Algunos dirán que Francia siempre ha sido euroescéptica. Tienen razón, y tal como se están desarrollando los acontecimientos parece que tenían motivos sobrados para no desear una UE fuerte. Pero el hecho indiscutible es que, a medida que Europa cae en manos de Alemania, cada vez son más los europeos que reniegan de la Unión. Esta es la más grave de todas las consecuencias de las políticas austericidas que están impulsando desde Berlín: el fin del sueño europeo.

 

Elecciones en Italia

Aunque no están ocupando muchos titulares de prensa, las elecciones italianas pueden ser determinantes para el futuro de la UE, y sobre todo, para los objetivos de España, que junto a Francia (cuya economía se deteriora a marchas forzadas), precisa de aliados que logren involucionar la austeridad impuesta y permitan el crecimiento.

Berlusconi ha llegado para enrarecer, de nuevo, el ya pesado y complejo sistema político italiano. Una democracia que aún no se ha repuesto del hundimiento de sus dos grandes partidos: el Partido Comunista Italiano, el más importante de Europa; y la Democracia Cristiana. Curiosamente, mucho de lo que se está viviendo hoy en España, lo sufrieron los italianos hace más de veinte años, cuando a comienzo de los noventa, tras la ciada del muro de Berlín, las contradicciones internas y los problemas de corrupción hundieron a las dos grandes formaciones, permitiendo el resurgir de los populismos.

Como consecuencia del hundimiento de unos partidos que, no lo olvidemos, sirvieron de referente para la creación de los dos grandes partidos que gobiernan en España, la política italiana se fragmentó en una pléyade de partidos pequeños que concurren a las elecciones en endebles coaliciones. Esta debilidad de los partidos, y la ausencia de programas que los amalgamen, dejo espacio para que figuras como Berlusconi alcanzasen el poder. Pero sería injusto acusar sólo a Berlusconi, pues él  representa un arquetipo de populismo, asociado con la derecha y los poderes financieros y mediáticos. En el otro lado, un exultante Beppe Grillo, igual de populista que Berlusconi, impulsa un movimiento de clara tendencia izquierdista y asamblearia que se abre paso entre unos partidos débiles y desacreditados, rehenes en muchos casos de su propio pasado, al cual no han sabido (o no han querido) dar la espalda.

Italia debe servir para la reflexión, pues el mejor ejemplo de lo que puede llegar a convertirse la política española durante décadas, si somos incapaces de asumir las reformas necesarias para evitar que nuestra joven democracia se convierta en el terreno abonado a la demagogia y el populismo. Además, como he dicho más arriba, los resultados de de estas elecciones pueden ser trascendentales para el futuro de Europa, y en especial para los intereses de España y el conjunto de los países mediterráneos. 

Podría ser peor

Quien no se consuela es porque no quiere. Un amigo, filósofo y ateo, asegura que es culpa de la educación católica apostólica y romana de los españoles. <<Nos han enseñado que la resignación es una virtud – dice –. Muchos siglos con aquello de “me lamentaba de no tener zapatos hasta que vi a un hombre que no tenía pies”>>. Algo así podemos comentar sobre el acuerdo del Consejo Europeo para el presupuesto de la Unión hasta el 2020.

Por supuesto, el acuerdo será voceado como un gran acuerdo, y asegurarán que era esto o la nada. Porque siempre que se llega a una mierda de acuerdo, alguien recuerda que sin él llegaría la anarquía, el hambre, la guerra, el fin de los tiempos. Durante los próximos días, hasta que la vertiginosa realidad ponga el foco en otra parte, sesudos comentaristas hablarán de las virtudes del acuerdo. Y alguna tiene, no lo voy a negar, pero después de tanto marear el guiso, uno confiaba que al menos supiese bien. No esperaba ningún plato de autor, pero sí un cocido medio decente. Pero esto acuerdo no llega ni a tentempié.

Lo cierto es que el acuerdo presupuestario deja en bolas a la UE a partir del 2015, momento en el que se prevé la recuperación económica. La falta de recursos en la UE podría poner en peligro ese crecimiento tan esperado. Condenando no sólo a España, sino a la mitad del continente, a una década perdida.

Además, con estos mimbres, no hay cestos de unión política posible. Hablar ahora mismo de la posibilidad de continuar el proceso de integración, tanto fiscal como política, es hacer ciencia ficción. Los libros de Isaac Asimov son más realistas que un discurso de integración real de Europa. El acuerdo, paradójicamente, deja de manifiesto los desacuerdos de fondo que existen en la Vieja Europa.

España – menos mal – continuará siendo perceptor neto. Un ridículo 0,2% en el saldo a favor de nuestras cuentas hará que, si no recibimos nada de la UE, al menos tampoco tengamos que poner pasta encima de la mesa. El gobierno lo venderá como un éxito, pero con la indigestión que nos ha causado el menú cocinado por Merkel, solo faltaría que además tuviésemos que pagar la factura.

Por desgracia, la reducción en el presupuesto asestará un golpe terrible a sectores tan importantes como la agricultura, la ganadería, la pesca y la minería. Y las regiones más pobres, como Andalucía, Galicia o Castilla – La Mancha, verán reducido a lo largo de este periodo de siete años los recursos que llegan de la UE hasta un 60%. Malas noticias que agravarán la brecha territorial, especialmente en un momento que las inversiones públicas – incluidas las infraestructuras – se han paralizado.

Ahora queda pendiente una nueva batalla: la Eurocámara. El Parlamento Europeo fue tajante al amenazar a los gobiernos que no aprobaría un presupuesto como el que se acordó en el Consejo Europeo. Matin Schulz, el presidente de la Cámara ya se ha mostrado contrario a un presupuesto que genera un enorme déficit en la UE, pues el desfase entre los gastos ya comprometidos y los ingresos que se percibirán es abismal. Veremos si los parlamentarios se comportan cuando llegue el momento u obedecen a sus direcciones nacionales. Lo contaremos. 

La pasividad que mata

Cuando gente tan dispar como Alejo Vidal-Quadras y Cayo Lara coinciden en algo, es que algo grave está pasando. En su blog de Intereconomía, el eurodiputado del PP solicitaba esta semana un Congreso Extraordinario del PP, que es lo mismo que decir <<váyase, señor Rajoy. Váyase>>. Cayo Lara lleva semanas pidiendo la dimisión del Presidente del Gobierno, en esto se adelantó a Rubalcaba, que no tiene los reflejos muy afinados últimamente.

Rajoy, por su parte, como quien oye llover. A lo suyo, que seguro que él sabrá lo que es, porque lo que somos los españoles, no tenemos la más remota idea de a qué puñeta dedica el tiempo. Anda, como siempre, esperando que la tormenta escampe. Ha sido su estrategia desde que entró en política: sentarse y esperar que el tiempo resuelva los problemas y sus rivales cometan errores que los precipiten al vacío. Pero esta vez no parece que la cosa vaya a darle buenos resultados.

Primero porque este no es tiempo de retóricas, es momento de acciones, y acciones contundentes, que no dejen lugar a dudas. Segundo, porque la sociedad española está cansada de esperar y la paciencia de todos tiene un límite, una frontera cada vez más cercana. Su pasividad está enfadando aún más que las noticias sobre presuntas corruptelas que inundan el mercado mediático.

Algunos dice que está cavando su propia tumba. Creo que tienen razón, la reelección la tiene muy difícil. Pero ese no es el problema. El problema es que tanto está cavando que en la fosa cabrán muchos. Por ahora, seis millones de desempleados y cientos de miles de empresas que han cerrado. En la tumba que está cavando terminará por enterrarse él y la esperanza de toda una generación. Y que la cosa quede ahí, porque cuanto más se enrarece el clima político, más gente se desencanta con la democracia.

El Presidente del Gobierno no puede seguir escondiéndose tras discursos vagos y segundos en la lista de los poderosos. Tiene que dar la cara. España no puede creer que esté gobernada por una televisión de plasma. Urge tomar medidas legislativas que garanticen la regeneración democrática. A la par, debe dar un giro a su política económica pese a quien le pese. Europa está a punto de estallar en mil pedazos. Los discursos en el seno de la Unión son cada vez más distantes unos de otros, y pende como una mortal amenaza la posibilidad de un referéndum en el Reino Unido que abriría la caja de Pandora. Es el momento de plantarse. De decir basta. Y exigir una integración política y la corresponsabilidad de todos en la resolución de los problemas que afectan a gran parte de los países de la Unión o romper la baraja. Me dolería más que a nadie, pues soy un europeísta ferviente; pero no podemos tolerar que Europa se convierta en el cortijo privado de Merkel y los demás profetas del Reich.

En alguna ocasión, Rajoy ya ha manifestado su contrariedad a las políticas de Merkel, pero no le acompañan los hechos. Tampoco puede decirse que valga mucho como comunicador. Tiene que actuar en los dos frentes abiertos. En el interior, favorecer cambios que garanticen un nuevo modelo democrático, donde los ciudadanos tengan más control sobre sus representantes públicos; esto es, listas abiertas y diputados que rindan cuenta a sus votantes en las circunscripciones por las que son elegidos y no las direcciones de los partidos. En el frente exterior, tiene que hacer piña con los países que exigen un cambio en la política económica de la UE, más integración política y democratización de las instituciones. Y debe hacerlo con la rotundidad de quien sabe que defiende lo que es justo, y que estará dispuesto a llegar hasta el final – incluso la salida de la UE y el retorno a la peseta – antes que continuar arrodillado y esclavo.

Esperar a que al enemigo se le agoten las balas mata a muchos soldados. Una sangría de vidas y sueños que España no puede permitirse. No puede continuar encerrado en la trinchera, debe cambiar de táctica y pasar a la ofensiva cueste lo que cueste. De lo contrario, esta guerra de desgaste terminará minando la moral de la sociedad y destruyendo a toda una generación. En su mano está hacer algo. En la nuestra, exigírselo día tras día, y pasarle la factura en cuanto tengamos la oportunidad. Y espero que sea pronto. 

No entiendo al Fiscal General del Estado

Nos quedamos sin saber que ha pasado. Al tiempo.  Esto fue lo que pensé cuando leí, en un periódico, que el Fiscal General del Estado había sacado pecho y prometido llegar hasta el final en el asunto de los papeles de Bárcenas. ¿Es que no lo hacen siempre? ¿Quiere decir que en esta ocasión se llegará hasta el final, pero en otras… bueno pues eso, que llegaremos hasta el final? La necesidad de afirmación ante la investigación de un delito da que pensar. Da la impresión que algunas cosas, salvo prensa mediante, se pueden quedar en un cajón, dormir el sueño de los justos o tardar veinte años en ser resueltas, a veces con pacto mediante que nos deja a todos sin ver a los culpables frente al juez, que es donde deben estar.

Pero lo que más me llamó la atención es una frase que dejó caer, o así lo recogieron algunos medios: <<decidiremos si abrimos pieza separada o iniciamos nueva causa>>. La cuestión no es baladí, porque si es pieza separada continuará siendo instruida por el mismo juez que ha destapado el asunto y descubierto los sospechosos 22 millones de Suiza. Si, por el contrario, se inicia una investigación nueva, esta podría acabar en manos de cualquier juzgado de Madrid, y en consecuencia, no sería el Juez Ruz quien investigaría la causa, sino otro, quien sabe quien ni por qué. Siento decir esto, pero es lo que siento, aplico aquello del refranero piensa mal y acertarás. No entiendo como nadie puede estar interesado en retirar – siquiera insinuar – la investigación de la trama Gürtel y todos sus flecos (lo que en argot se llama pieza separada) al juez Ruz, que está logrando el reconocimiento de toda la sociedad por sus avances.

La cuestión es de bulto, en su forma y en su fondo. Lo es porque la sociedad necesita creer en la justicia, y ya le va costando para que, encima, cuando un Juez parece que está haciendo bien su trabajo, lo alejen de la causa que investiga. O de una causa de la que se tiene constancia a partir de la investigación de la primera. Nadie lo entiende. Y a nadie con un mínimo de decencia y amor por la justicia le va oler bien el potaje. Lo cierto es que, la sociedad – y un servidor el primero –, desconfiaría mucho de la intención de llegar hasta el final, si la investigación acaba en otras manos. No sólo porque la patata quemará a quien le toque, que estará bajo sospecha de no ser todo lo duro y exigente que desearía el ciudadano de a píe. Además, resulta obvio que, tras más de tres años investigando esta trama, el Juez Ruz es quien está en mejores condiciones de continuar con los tiempos procesales. De ser la causa de Bárcenas instruida por otro Juez, como mínimo, habría una pérdida de tiempo en lo que a la puesta al día de una causa tan compleja y monumental se refiere. Y la justicia, además de ciega, es conveniente que sea rápida.

Porque, lo más importante, no es si existieron o no los supuestos sobres, lo más grave – pues afecta a la calificación del delito, en su caso – es de donde vienen los dineros. Si se trata de donaciones no registradas y de cobros de cantidades sin fiscalizar, nos encontramos ante un fraude fiscal, una infracción administrativa que se resuelve con una sanción, y que en su caso, además, estaría prescrita en la mayoría de los casos. Pero si el dinero – al menos un una parte – tuviese su origen en la subvención pública que reciben los partidos, o supusiese la compra de concesiones y contratas con la administración, estamos ante un delito de malversación de fondos públicos en un caso y de cohecho en el segundo. Esto afectaría, además, a los plazos de prescripción, pues aunque la prescripción del cohecho es de cinco años con carácter general, en los casos de un cohecho propio continuado esta se elevaría hasta diez. 

Una Imagen vale más que mil palabras

04/02/2013 2 comentarios

Una Imagen vale más que mil palabras

obama

 

Váyase a la mierda, señor Rajoy, a la m-i-e-r-d-a.

España no necesita avestruces. Cobarde. 

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