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La pelota está en el tejado de Hollande

El pasado martes, la Asamblea Nacional comenzó los debates para la aprobación del Pacto Fiscal. Hollande prometió en las elecciones una renegociación del mismo. Sin embargo, el Pacto Fiscal que sacraliza la austeridad se llega a la Asamblea Nacional sin ningún cambio y en medio de la indignación de la izquierda francesa.

La ministra de la vivienda, Cecile Duflot, militante ecologista, ya se ha posicionado en contra y promete votar contra el Pacto de Estabilidad Europeo. Y todo apunta a que no será la única deserción que sufra Hollande como decida apoyar la Europa de los recortes impuesto por Merkel y que tanto criticó durante las elecciones.

Los sindicatos franceses tampoco están quietos. Han convocado una huelga y una gran movilización para el próximo martes día 9. Y no debemos olvidar que fueron los sindicatos franceses quienes lograron doblegar la estúpida, antidemocrática y antisocial constitución europea que ZP y Rajoy se encargaron de vendernos a los españoles con medias verdades y mentiras como barcos.

Las manifestaciones y la tensión están creciendo en Francia. Y cada vez se escucha más un mismo grito: juntos podemos. España, Grecia, Italia, Portugal, Irlanda, Francia, todos juntos, podemos acabar con la tiranía de las políticas que nos están conduciendo al abismo.

En un momento en el que aún todo está por decidir. Cuando la UE no tiene otro plan que esperar un año a que pasen (el 27 de octubre del 2013) las elecciones alemanas. E incluso cuando se están replanteando los pactos y plazos acordados en junio para la entrada en vigor del supervisor bancario y la ayuda a la banca española, Francia tiene la oportunidad de liderar Europa, avanzar hacia el federalismo y lograr una nueva política económica para Europa que nos saque, por fin, de esta maldita crisis.

Ahora Hollande tiene todos los ases en su mano. Es el momento de demostrar que es el estadista que prometía ser, la gran esperanza para la socialdemocracia europea y el hombre capaz de ganar la batalla a Merkel. Y todo pasa por decir no al Pacto Fiscal.

Si Hollande acaba por claudicar ante las imposiciones de Merkel, podemos despedirnos de lograr ninguna mejoría de la crisis antes del 2014, puede que incluso del euro. Quizás esta sea la última oportunidad que tiene Europa de hacer bien las cosas. La decisión tendrá, también, fuertes repercusiones en toda la socialdemocracia Europea.

 

¿Qué le sucede a Europa?

30/05/2012 1 comentario

La crisis del euro es solo el síntoma más grave de la enfermedad que asola Europa: la falta de liderazgo y de democracia en las instituciones europeas. Lo cierto y verdad es que el proyecto de Constitución Europea fracasó por la deriva antisocial y neoliberal que incluía el texto. También, probablemente, porque los gobiernos de los diferentes países de la Unión no han hecho nada para que surja un auténtico sentimiento de pertenencia europeo.

Aún es posible leer con frecuencia las declaraciones de políticos de primer orden exacerbando los sentimientos patrios. Utilizando de forma cacique y partidista la bandera o el himno. El europeísmo, más silencioso y civilizado, no encuentra hueco en el debate político. Y esa ausencia del debate y los medios de comunicación, que sólo dan noticias negativas de la Unión Europea, provoca el desinterés de los ciudadanos respecto a Europa, a la que se la sigue viendo como algo muy lejano.

Y mientras ese desinterés acampa en nuestra sociedad, los sectores neoliberales y ultraconservadores se hacen con el control de las instituciones. Evitan una participación real de los europeos en la elección de un gobierno común, pues prefieren que sean tecnócratas quienes gestionen el presupuesto. Así se aseguran que Europa nunca irá más allá de ser una declaración de intenciones con más o menos capacidad de gestionar ciertas políticas sectoriales, pero nunca el poder real de limitar la acción abusiva de los mercados o los déficits de gestión política en algunos países.

Es esta falta de legitimidad democrática la que impide tomar las decisiones correctas en relación al Euro. La crisis ha demostrado la fragilidad de la Unión. Los países están actuando según sus propios intereses desde que empezó la crisis, más de lo que lo habían hecho en los últimos treinta años. Alemania ha encontrado una vía para su expansión política y pretende hacerse con el poder absoluto en el seno de la Unión Europea. Su propuesta es simple: o me obedecéis o asfixio vuestras economías. Es la Europa de los Estados Libre Asociados a Alemania.

Hollande es la esperanza de muchos. No solo los socialdemócratas, sino de cuantos creemos en la Unión Europea. El ha sido el único en decir NO a la todopoderosa Merkel. Y a pesar del esfuerzo del Partido Popular Europeo por marginarle, ha logrado los apoyos implícitos de muchos gobiernos europeos. En sólo unas semanas, está logrando que Alemania acepte una negociación sobre las políticas de austeridad que ha impuesto al continente y la política monetaria de la Unión.

 Está por definir cuáles serán las contraprestaciones que exija la canciller alemana a cambio de liberar al euro del secuestro al que lo tiene sometido. Por el momento se impone el pragmatismo: si Grecia sale del Euro causará un cataclismo, pero como caiga, el caos será total. Se quiera o no, hay que salvar a Grecia. Merkel lo hará porque sabe que el precio por su caída es demasiado alto; Hollande porque siente que los europeos estamos obligados moralmente con nuestro socio. ¿Qué pasará en el futuro? Se están configurando dos bloques: quienes se oponen a ninguna modificación en la política actual y quienes exigen más integración europea.

Algunos pueden querer plantear el enfrentamiento en términos de Alemania y países nórdicos frente a Franceses y Mediterráneos. Pero se equivocan. Las reivindicaciones de los alemanes que se manifestaron en Frankfurt la semana pasada, y que ante su propia sorpresa contemplaron cómo la policía se unía a ellos en su marcha, son las mismas que las reivindicaciones de los indignados españoles, italianos o griegos.

Algunos querrán olvidar – y hacernos olvidar –que Rajoy y Merkel comparten afiliación e ideología. Los dos son miembros del Partido Popular Europeo, y tanto Merkel como Rajoy, anteponen sus intereses y su visión ideológica al bienestar común.

¿Por qué interesan tanto las elecciones francesas?

Cada país proyecta su propia imagen, y la de Francia es la imagen de la Revolución, del final del Antiguo Régimen, de la resistencia contra los nazis, de los movimientos estudiantiles de los años sesenta y setenta, o de intelectuales como Jean Paul Sartre. Por eso Francia ha sido siempre una reserva intelectual y moral de la izquierda. Y lo ha seguido siendo en la actualidad, pues fue Francia la que tumbó la constitución Europea por no incluir los derechos sociales y laborales en su texto.

La izquierda europea, y principalmente la española, cometió un gravísimo error el día que asumió como suya una constitución que vaciaba la Europa Social con la que habíamos soñado todos los europeos. Los sindicatos franceses no tuvieron tapujos ni miedo y lograron sacudir los cimientos de la Unión Europea. Desde ese día, Europa está en crisis. Una crisis institucional que ha sabido aprovechar Merkel para imponer su visión ultraconservadora y germana sin que nadie, ni la izquierda ni la derecha de ningún otro país se le opusiera.

También fue el inicio de una lenta, muy lenta, recuperación de la izquierda europea. Una izquierda que necesita una Francia comprometida con sus valores tradicionales. Hollande puede ser ese líder europeo que logre la unidad real de las socialdemocracias entorno a un nuevo proyecto de futuro que no renuncie a los valores que han construido nuestro presente.

Hubo un tiempo en el que muchos hablaban de la necesidad de europeizar Alemania. Hoy es necesario desgermanizar Europa. Hollande defiende una recuperación del protagonismo francés en Europa y la renegociación de los pactos impuestos en los últimos años por Alemania al conjunto de la Unión. Se trata de hacer valer en el seno de la Unión Europea la voluntad de Franceses – y holandeses, que también votaron en contra –, ante una Europa sin contenido social.

Los acuerdos europeos impulsados por Merkel con el apoyo de Sarkozy y el resto de la derecha europea, entre la que se encuentra Rajoy, han intentado colar bajo la mesa los principios de la Constitución Europea que los franceses rechazaron y contra los que la izquierda de todos los países se manifestó, a pesar de sonoras excepciones como la del PSOE. Esta es la razón por la que interesa tanto lo que pueda suceder en Francia, porque es el país llamado a impulsar una solución de la crisis que se abrió en el 2005, forzando que se respete la voluntad expresada por la mayoría de los europeos, y que no es otra que la irrenunciable Europa de los derechos sociales y laborales frente a cualquier otro experimento.

 

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