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Posts Tagged ‘Deuda’

Gasto público + impuestos = menos crecimiento

En más de una ocasión (y de tres) he manifestado la necesidad de acabar con la concepción hipertrófica del estado. Abandonar la ilusión que dicta que un Estado grande es un Estado mejor. La eficacia de las administraciones no depende del tamaño de la administración sino en la correcta asignación de los recursos.

Para empezar, el Estado debería desprenderse de toda la carga <<parapolítica>> que lo rodea en forma de sindicatos y patronales dependientes del erario público para su sostenimiento (y que le restan independencia), onges, fundaciones, patronatos y empresas públicas en pérdidas. Debe hacerlo por tres motivos esenciales:

1º la dependencia económica del estado vía subvenciones convierte a los perceptores en rehenes del poder político, imposibilitando el desempeño correcto de sus funciones.

2º es un gasto que no nos podemos permitir y que, además, genera desventajas competitivas en los mercados, limitando la capacidad de crecer y generar riqueza de las empresas privadas.

3º la existencia de empresas de titularidad pública, pero disfrazadas bajo la apariencia de mercantiles, fomenta la corrupción y la opacidad den las cuentas. Son muchas las empresas zombi que suman deuda privada cuando, en realidad, son empresas constituidas con capital público y una dirección política impuesta por los diferentes gobiernos de turno.

La sobredimensión del Estado supone unos elevadísimos gastos. Gastos que, debido a la ineficiencia en la asignación de los recursos, genera un déficit estructural (gastamos más de los que ingresamos, incluso sin contar con los intereses de la deuda). Para cubrir este déficit, se suben impuestos, lesionando el consumo y limitando el ahorro. La consecuencia es menos crecimiento económico y por tanto, más pobreza.

Además, las ansias depredadoras del Estado están condicionando el mercado del crédito. En el último año, la banca ha pasado de acumular 94.778 millones de euros en bonos y Letras del Tesoro (que ya es dinero), a más de 195.203 millones de euros. Más de 100.000 millones de euros que se han destinado a financiar el hiper- estado en vez de financiar a pymes y familias.

Esta es una de las razones por las que la banca española está presionando al gobierno y a los medios de comunicación para que se solicite el rescate y este sea percibido por la opinión pública como la única solución posible. Su sobre exposición a la deuda española puede poner en peligro su propia supervivencia. Pero hay más tras estas cifras: la dependencia de la financiación convierte a los gobiernos en rehenes de la banca, a la que nada se le puede negar porque, entre otras cosas, es la que está poniendo los dineros para mantener empresas y entidades públicas y subvencionadas que poco o nada ofrecen al bienestar de los ciudadanos.

El siguiente gráfico muestra visualmente lo que estoy explicando:

 

Mientras que la financiación en general baja, la financiación a Estado (muy por encima de la privada) se mantiene estable e incluso crece en relación al 2011.

La consecuencia de esta situación es evidente, y es la que estamos sufriendo todos a diario: un rápido deterioro de nuestra capacidad adquisitiva, de nuestros ahorros y en consecuencia de nuestro nivel de vida. Cuando más tiempo dura esta situación, más familias de clase media quiebran y pasan a engordar las cifras de pobreza.

Sólo con una reconversión profunda del Estado se podría retomar rápidamente el crecimiento. Esto no tiene nada que ver con la cuestión territorial o las autonomías. Se trata de limitar la acción pública a aquello que está definido por los principios constitucionales y son la base de nuestra convivencia. El Estado debe dejar de comportarse como una multinacional con ramificaciones en todos los sectores. El Estado no está para gestionar cadenas hoteleras como Paradores Nacionales (con pérdidas millonarias) o hipódromos como el de la Zarzuela. Mientras no se reduzca el tamaño del Estado y se sigan destinando los escasos recursos a mantener todo este entramado político- económico, seguiremos sufriendo la crisis y sus terribles consecuencias. 

Grecia y el Euro

En las últimas semanas, el escenario, tantas veces negado por los políticos, de un abandono de Grecia de la zona euro es cada vez más plausible. A juzgar por algunas declaraciones, esto sería incluso deseable. Sin embargo, la salida de Grecia de la zona euro provocaría un euroescepticismo sin precedentes en todo el viejo continente.

No olvidemos que los griegos quieren permanecer el euro. Su salida sería forzada por la imposibilidad de cumplir con los requisitos y las reformas que se le exigen. Quedaría siempre la duda sobre qué hubiese pasado si, como solicita Atenas, les dieran más tiempo para devolver los préstamos. Una ampliación del tiempo sobre la que se ha mostrado partidario el gobierno austríaco, y que presumiblemente, también contaría con el apoyo de Francia.

Españoles e italianos esperamos que el BCE mueva ficha y demuestre su independencia respecto al Bundesbank. No es sólo una cuestión de deudas soberana, es un problema de la Europa en la que queremos vivir y cómo debe ser gobernada.

Si países como España, Italia, Francia, Grecia y hasta Austria, se ven sometidos al dictado alemán. Si las opiniones favorables a una ayuda más eficaz a Grecia no son escuchadas ni tenidas en cuenta, primando en exclusiva la opinión y los intereses de Alemania, el proceso de construcción europea habrá fracasado.

En más de una ocasión hemos dicho que el auténtico dilema no está en qué deba hacer o dejar de hacer el BCE. La verdadera cuestión es si queremos más Europa o no. si la voluntad de la mayoría de los europeos, que es favorable a dar más tiempo a Grecia y que el BCE actúe como prestamista último, queda ninguneada por las dogmáticas posiciones de los ultraconservadores que rodean a Mekel, Europa habrá dejado de existir como una unión entre iguales. No será entonces una unión de ciudadanos y países libres; sólo una Federación de Estados Libres Asociados a Alemania. Y eso es algo que no debemos permitir.

La soberanía no puede ser cedida ni condicionada. Una cosa es compartir la soberanía en unas instituciones comunes para todos los europeos, y otra cosa bien distinta es dejar que sean los alemanes quienes decidan por su cuenta nuestro futuro.

Si Grecia sale del euro, Europa entera habrá fracasado. La pregunta entonces no será si España e Italia abandonen también el euro, sino cuando. Y más nos valdría, entonces, que fuese o antes posible. Y no solo abandonar la unidad monetaria, sino retirarnos de la UE. Para vivir en una Europa doblegada y sometida por Alemania mejor estar solos.

 

¿Cuenta atrás para el rescate?

07/08/2012 1 comentario

Rajoy está de vacaciones. Esperemos que estos días le sirvan para despejar la mente y aclarar ideas. Buena falta nos hace. Nada parece que vaya a pasar este mes de agosto, entre otras cosas porque muchos parlamentos, como el alemán, están de vacaciones. Debido al complejo mecanismo de toma de decisiones de la UE, un posible rescate a España tendría que ser aprobado por diferentes parlamentos, los cuales no volverán al trabajo hasta el mes de septiembre.

Como muy pronto, sólo tendremos noticias del rescate hacia los últimos días de este mes. A pesar de ello, la actividad mediática del gobierno se concentrará en hacernos más digestiva la idea del rescate. Saben que es casi inevitable. Pero no urgente, como algunos profetas del apocalipsis están asegurando.

España no tiene que abordar sus vencimientos hasta el mes de octubre. Entonces se encontrará con la necesidad de pagar casi treinta mil millones a nuestros acreedores. Esta cifra supone dos tercios de todos los pagos de deuda del año. A esta cifra tendríamos que añadir el fondo para las Comunidades Autónomas y la financiación del déficit. Será entonces cuando surjan los problemas de verdad. Hasta entonces, el gobierno tiene garantizada la liquidez.

Con la prima de riesgo a los niveles actuales, intentar refinanciar esta deuda sería suicidarnos. La única alternativa sería pedir ayuda a la UE. Una ayuda que quizás no se manifieste mediante un rescate “a la griega”, siquiera “a la portuguesa”. Tal vez,  siquiera haya desembolso directo al Estado. Esta vez puede que el mecanismo de rescate pase por el BCE, quien se encargue de comprar la deuda española, que para entonces, no sería otra cosa que refinanciarnos los vencimientos de octubre. La pregunta sería: ¿qué nos pedirán a cambio? Tras tantos ajustes y con las exigencias ya establecidas en el rescate bancario,  nada del otro jueves. El PP ha ido más allá en los ajustes macroeconómicos de lo que el propio FMI aconsejaba. El rescate no sería más traumático que un gobierno del PP. Y a eso parece que han estado jugando todos estos meses.

Sin embargo, ¿es realmente inevitable el rescate? Lo cierto es que no. Dependerá del comportamiento de nuestra economía durante la temporada de verano y cómo afecte la situación global a Alemania. Por ahora, la balanza comercial entre España y Alemania nos favorece, algo nunca visto. Por primera vez, nuestras exportaciones a Alemania superan las importaciones. Y esto se traduce en que la recesión está llamando a la puerta de Alemania.

Si el deterioro de las exportaciones alemanas sigue en la senda actual, y su economía da más señales de enfriamientos, puede que tenga que ser Angela Merkel la primera en impulsar un cambio en la política monetaria de la UE para garantizar su crecimiento económico. De lo contrario, estarían en una situación realmente paradójica: nadarían en liquidez, tendrían la financiación más barata de la historia, producirían a destajo, pero no tendrían a nadie a quien venderles nada.

Es posible que, como espera Rajoy, el deterioro de la zona euro comienza a ser palpable a comienzos de septiembre, Draghi tenga las manos libres de poder actuar para frenar la escalada en las primas de riesgo de España e Italia. Ya ha mostrado manga ancha facilitando 4.000 millones a Grecia para que aguante hasta que la Troika conceda el siguiente tramo del rescate en Septiembre.

La medida que puede adoptar Draghi, algunas ya la apuntamos en nuestra post “Draghi contra Draghi”,  sería comprar deuda soberana a la vez que retira liquidez de los mercados. Esta práctica busca evitar el aumento de la inflación a la par que garantiza la financiación de los Estados. Por supuesto, no es lo que más nos beneficia; pues lo ideal sería que se imprimiese más billete para así reducir el valor real de la deuda. Pero tal como están las cosas, esta posibilidad, quizás coordinada con otros bancos centrales, no estaría nada mal. Al menos, podría permitirnos evitar sortear el rescate.

La calve de lo que suceda quizás esté más allá de nuestras fronteras europeas. Esta vez, puede que el papel de Obama sea más determinante de lo que algunos creen. EE.UU se enfrenta a un enfriamiento económico causado por la crisis de deuda europea. Hace tres años que sufrimos esta crisis y a los americanos se les está acabando la paciencia. Puede que esta vez, EE.UU no sea tan diplomático a la hora de fijar sus exigencias y apretar algunos tornillos europeos. La resolución de este culebrón: en septiembre.

 

Draghi contra Draghi

30/07/2012 1 comentario

El presidente del Banco Central Europeo se descolgó la semana pasada con un firme: <<créanme: será suficiente>>. Sólo esa frase sirvió para que la prima de riesgo bajase casi 50 puntos de golpe, y todas las bolsas europeas se disparasen, logrando unas subidas de las que ya nadie recordaba.

Los halcones germanos negaron que el BCE fuera a comprar deuda pública de España e Italia. Pero su negación fue más lenta y silenciosa de lo acostumbrado. Esta vez, las críticas a las políticas expansivas y la adquisición de deuda han sido mucho más sutil que en otras ocasiones. Incluso se esperó a que los mercados hubiesen cerrado para evitar que nadie se le atragantase el festín.

¿Quiere decir que el BCE se comportará como prestamista último, al menos durante un tiempo, tal como hace el Banco de Inglaterra o la Reserva Federal? La verdad es que esta opción es más que improbable. La última vez que el BCE compró deuda de países en dificultades fue en 2011, y costó una crisis dentro de la entidad: dos de los consejeros dimitieron. Axel Weber y Jürgen Stark se largaron dando un portazo y criticando la decisión de compra de deuda, aduciendo que el BCE estaba asumiendo unos riesgos excesivos. Sin embargo, los cambios acontecidos desde entonces dentro de la cúpula del BCE hacen más probable una acción discreta de compra o toma de posición a favor de los países que están sufriendo la especulación en los mercados.

A esta posibilidad es a la que se aferra el gobierno del PP. O bien a un enmascaramiento de la acción del BCE a través del fondo de rescate u otro instrumento comunitario. La variable está más en la forma que en el fondo, pues en última instancia quien pone los dineros sobre la mesa es el BCE, ya sea comprando deuda directamente o financiando a quien la deba comprar.

No obstante, este no es el único instrumento al servicio del BCE. Una posibilidad que cada vez cobra más fuerza es bajar los intereses de depósito. ¿Y esto que significa? Bien, resulta que los bancos tienen dinero. De hecho, aunque parezca mentira, Europa nada en liquidez, sobra liquidez, nos sale la liquidez hasta por las orejas. ¿Cómo es esto posible? Porque la falta de alternativas de inversión hace que el flujo de capitales se detenga y el dinero se esconda en el calcetín.

El calcetín de los bancos se llama: Banco Central Europeo. Allí es donde las entidades financieras europeas depositan sus ahorros. Es cierto que durante los dos últimos años, el BCE ha subastado cantidades importantes de dinero. Pero todo este capital se ha dirigido al pago y refinanciación de deudas o ha regresado al BCE a la espera de mejores tiempos. Una bajada drástica de los tipos – incluido los negativos – podría significar que las entidades se vean obligadas a mover ese dinero.

En cualquier caso, las decisiones de Draghi tendrán que ser muy distintas a las que ha tomado hasta el momento, y probablemente no gusten nada a los neocon germano – nórdicos. Pero es lo que hay. Es el precio de la independencia de la institución. Hasta el momento, en Europa sólo de debatía sobre ajustes y recortes, sobre políticas económicas basadas en el control del déficit público. Nadie se atrevía a cuestionar las casi teológicas directrices germanas. Hoy, eso ha cambiado. Ya no sólo existe un único punto de vista y un solo camino para salir de la crisis.

Antes era muy fácil para el BCE ser independiente. Bastaba con no cuestionar las recetas apuntadas desde Alemania. Ahora, la cosa está más complicada. No hacer significa dar la razón a los halcones de Alemania, hacer algo, dársela a Hollande y Monti. Draghi lo sabe y buscará la vía intermedia: actuar sin que se note. Un difícil ejercicio de malabares, pero necesario. Nos va mucho en ello; no solo el euro.

 

Comparecencias en la Comisión de Bankia

27/07/2012 1 comentario

Otro decepcionante y tedioso día de comparecencias en el congreso. La comisión que investiga los errores del sistema financiero se ha convertido en una farsa de serie B. Existía cierta expectación por lo que diría o dejase de decir Rodrigo Rato en relación a Bankia. Un correcto <<las autoridades no estaban de acuerdo con  mi plan de recapitalización y dimití>> zanjó el tema. Y nos quedamos todos con las ganas de saber qué puñetas pasó entre el Ministerio de Economía y la cuarta entidad financiera del país. Tampoco se puede decir que los diputados hurgasen mucho. Entre los que preferían pasar el trámite lo antes posible y quienes formularon sus preguntas a partir de las que formulaban los internautas en un canal de twitter, se pasó la mañana sin llegar a ninguna conclusión ni se aportase dato alguno que no supiésemos ya por la presa.

Más absurda y bochornosa fue todavía la comparecencia de Elena Salgado. La peor ministra de economía de la historia de nuestro país, responsable de la privatización de las Cajas de Ahorros – una  de las últimos posesiones públicas de importancia, vital para muchas regiones y comarcas, garantes de que nadie quedase fuera del mercado financiero –, y responsable directa de la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo en el sector, defendió su infame gestión con la chulería y dogmatismo que la caracterizó siempre.

La hoja de ruta de Salgado se resumía en fusionar cajas malas con otras peores a ver si así surge una entidad buena. En el colmo de los despropósitos, forzó que entidades solventes se vinculasen a verdaderos pozos de negros que terminaron por arrastrar a gran parte del sector financiero a la ruina. No ha tenido siquiera la decencia de pedir perdón a quienes han perdido su empleo o tienen sus ahorros vinculados a productos tóxicos. Salgado, como siempre, no reconoce errores; en esto no desentonaría nada con sus adversarios políticos del PP.

Narcís Serra fue aún más patético que los anteriores: le faltó pedir un jarro de agua para lavarse las manos frente a sus señorías. Como Pilatos, al igual que han hecho otros presidentes de Cajas, jura y perjura que no tenía ninguna responsabilidad ejecutiva. Si esto es cierto ¿por qué cobra lo que cobraba? O miente hoy o se aprovechó de Caixa Catalunya durante años para enriquecerse sin hacer nada, sin tener <<ninguna responsabilidad>>. Pero la verdad es otra. La gestión en las Cajas de Ahorro corresponden al Director General, pero este es nombrado por el Presidente, quien supervisa las decisiones e incluso toma – según las Comunidades Autónomas – decisiones sobre los riesgos corporativos. Es decir, toma de posiciones en la cartera de participaciones industriales, préstamos de gran cuantía y sindicación de préstamos. Pero sobre todo, y esto no se le escapa a nadie, si considera que la gestión es la equivocada sustituye al director general.

Es fácil de entender que si alguien no puede dirigir su negocio personalmente, nombre o destituya a los directivos que ejercerán la gestión de la empresa en su nombre. ¿Y si lo hace mal? ¿Dejaría que continuase en el cargo? ¿Incluso cuando peligra la viabilidad de la empresa? Es evidente que un presidente no gestiona; supervisa la gestión e indica las directrices. Si los resultados no son los esperados, cesará al director gerente. De no hacerlo, como no lo hizo Serra, es tan responsable como el Director General.

Pero asumamos por un momento que Serra dice la verdad. ¿Son los diputados gilipollas? ¿Para qué llaman a declarar a Serra? Que lleven a declarar a los mendrugos que dirigen Caixa Catalunya.

El equipo que lideró Adolf Todó se ha embolsado 2,8 millones de euros por su “excelente gestión” cuando están a punto de ser nacionalizados. La gestión de este personaje gris, absurdo y patético fue algo más que triste: un drama. Todo lo que se podía hacer mal, se hizo peor en Caixa Catalunya. La gestión de Todó podría ser estudiada como ejemplo de “tormenta perfecta”. Cogió una entidad de referencia y la hundió en apenas dos años.

¿Y quien nombró a esta lumbrera sin experiencia en gestionar una caja de las dimensiones de Caixa Catalunya? Narcís Serra.

¿Algún diputado le ha preguntado por las razones de este nombramiento? ¿O por qué mantuvo en la dirección general a este aprendiz de malabares? ¿Alguna señoría ha llamado a Adolf Todó a declarar? No. En las farsas de serie B no hay presupuesto para tantos actores.

 

Patético Fernández Ordoñez

25/07/2012 1 comentario

El que fuera presidente del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, MAFO para los amigos, compareció ayer en el Congreso para dar explicaciones sobre Bankia y la nefasta gestión del sistema financiero. La comparecencia suponía una oportunidad para redimir su pésima gestión al frente del supervisor bancario. La desaprovechó.

MAFO estuvo patético, la peor cara de un personaje que jamás debió ocupar responsabilidad alguna en el Banco de España; mucho menos ser su presidente. Incapaz, prepotente, traicionero y con un ojo puesto siempre en la política fue, de lejos, uno de los peores presidentes en la historia del Banco de España, institución que no se caracteriza por atesorar lumbreras  y genios en su nómina.

Siempre estuvo más preocupado por la política que por cumplir con sus responsabilidades al frente de una institución tan importante y necesaria. Docenas de veces, por no contar cientos, despotricó sobre la política económica del gobierno. Exigió hasta la saciedad una reforma laboral, cuestión que no le competía. Más le valdría haberse preocupado por controlar a los consejeros y directivos de las Cajas de Ahorro que por cuánto cobran o dejan de cobrar los trabajadores.

Todo su largo y decepcionante mandato al frente del supervisor se caracterizó por la incompetencia y el esfuerzo por ocultarla tras discursos que ponían en un brete la política del ejecutivo. La culpa, no obstante, no era suya. El culpable fue el igual de incompetente Zapatero que no lo puso de patitas en la calle la primera vez que, en vez de dedicarse a combatir las malas prácticas bancarias, habló sobre la conveniencia de una reforma laboral y la necesidad de flexibilizar el despido.

En su comparecencia en el Congreso podría haber logrado rehabilitarse como hombre honesto aunque mal gestor. Podría haber tirado de la manta, explicar la verdad del caso Bankia y las fusiones de las Cajas de Ahorro. Podía haber demostrado que cuanto hizo, lo hizo pensando en el interés general, aun habiéndose equivocado. Pero no. Mr. MAFO no admite errores: <<no creo en la autocrítica>>, llegó a decir. Ironizó sobre las críticas que se han sucedido en las últimas semanas contra él e hizo perder el tiempo a sus señorías. No dijo nada que ya no supiésemos todos.

Patético estuvo MAFO, pero también los grupos del PP y Psoe. O PPsoe, porque estuvieron más unidos que nunca. Todos los portavoces del bipartidismo hablaron con miedo, como si MAFO fuese el dueño de sus vidas. Intervenciones miedosas de gente que tiene miedo. Si esta va a ser la tónica de la comisión, mejor que se vallan a sus casas y así ahorramos en dietas.

 

Hollande versus Rajoy versus Monti

Las comparaciones son odiosas y con frecuencia injustas. Las circunstancias de España, Francia e Italia no son las mismas. Tampoco nuestra historia y formas de ser son iguales; pero singularidades a parte, somos países con muchas, muchísimas cosas en común. Pero sobre todo, con la voluntad férrea de construir juntos un futuro común.

Es inevitable que las comparaciones surjan, y con ellas se evidencien nuestras fortalezas y debilidades como país. Esto no debería ser un problema. Al contrario, es la oportunidad de crecer y mejorar, siendo también generosos con el resto de pueblos que forman la UE.

También nos da la oportunidad de juzgar distintos estilos de hacer política y enfrentarse a los problemas.

En los últimos días, circula por internet una carta con los “éxitos” de la gestión de Hollande al frente de su gobierno. Este texto es un bulo. En él puede apreciarse un despropósito absoluto en las cifras. Se afirma que con sólo 2,3 millones de euros se construirían 4.500 jardines de infancia, es decir 511€ por escuela.

Tampoco es cierto que se hayan suprimido las ayudas a la Iglesia, tal y como se afirma. Es falso, estas ayudas se mantienen. Existe, eso sí, un compromiso electoral de reformar la constitución para que Francia se defina como un Estado Laico, y suprimir “algunas” ayudas. Pero esto no se ha hecho aún y dependerá de la Asamblea Nacional.

La contratación de científicos es un proyecto que lleva tiempo en marcha en Francia y que implica a tanto el Estado cómo a la inversión privada. El número aportado por el citado bulo, quizás no sea exacto, pero parece bastante aproximado a la realidad de años anteriores.

Los maestros contratados hasta el momento, eran contrataciones previstas hace ya tiempo por el anterior ejecutivo de Sarkozy.

No existe en Francia nada parecido a “bono – cultura” o “comités de emprendedores estatales” encargados de gestionar las ayudas públicas. Esto es uno de los disparates más importantes del texto.

Es una pena que algunos estén recurriendo a la intoxicación para intentar sacarle los colores al gobierno de España. ¿Acaso no da ya suficientes razones para la crítica que hay que buscarlas en la mentira?

Puede que, lo que pretendan sea arrimar el ascua a su sardina. Pero resulta que el Psoe y Partido Socialista Francés se parece lo que un huevo a una castaña. Además, resulta que el referente histórico del Psoe siempre ha sido la socialdemocracia alemana. Y fue Schroeder quien inició la política hoy continuada por Merkel que tantos problemas ha generado en Europa. Basta con escuchar a Almunia para saber lo que realmente piensa el Psoe.

Por nuestra parte, que ni ganamos ni perdemos nada en esta pelea de putas viejas, confiamos en la verdad y la razón, el diálogo y los argumentos. No nos hicimos eco de las mentiras – algunos querían que publicásemos el texto –, ni lo haremos nunca.

Considero que los grupos prosocialistas que circulan por la red, manipulando y extendiendo bulos, harían mejor en hacérselo mirar por un buen especialista.

Aprovechamos la coyuntura para hacer un resumen de las decisiones más conocidas de Hollande, Rajoy y Monti. Algunas, la verdad, resultan envidiables. Y es cierto que las medidas de Rajoy son las más antisociales y las que peor resultado están cosechando. Por ejemplo, la prima de riesgo española estaba por debajo de la italiana y ahora es la española la que está muy por encima de la italiana. Razón: Monti ofrece más credibilidad a los mercados que Rajoy. 

HOLLANDE RAJOY MONTI
Sustitución progresiva de los vehículos oficiales por híbridos de fabricación francesa. Subida de 3 puntos en el IVA 20.000 Millones de ajuste.
Contratación de 2.560 jóvenes científicos en 175 centros de investigación (con apoyo privado). 65.000 millones en recortes y ajustes. 10.000 Millones para el crecimiento.
Impulso europeo a las políticas de crecimiento. Reducción de los subsidios de desempleo.  Desaparición de la ayuda de 400€. Aumenta el periodo de cotización: 42 años para los hombres y 41 para las mujeres.
Reducción de los salarios de los altos cargos del gobierno en un 30%. Supresión de la paga extra de navidad en la administración. Congelación de las pensiones de más de 960€.
Supresión de la subida del IVA prevista para el 1 de octubre. Reforma Laboral: facilita el empleo y resta fuerza jurídica a los convenios colectivos. Tasa especial para los bienes de lujo y los coches de alta gama.
Adopción de un código deontológico que regula el uso de vehículos en viajes oficiales: estos se realizarán prioritariamente en tren. En avión en clase turística. Aumenta el número de personal eventual y asesores en Moncloa en un 28% (de 192 durante el gobierno Zapatero a 245 en el actual). Supresión de las Juntas Provinciales.
Reducción del IVA que afecta a la cultura de un 7% a un 5,5% (2,5% para estrenos teatrales). Derogación de facto de la ley de dependencia. Beneficios fiscales para la inversión en empresas.Iglesia

Algo que llama mucho la atención a los ciudadanos es el lujo de los coches oficiales y los viajes de los políticos. Hollande lo sabe y ha decidido apostar por vehículos ecológicos, de producción francesa, y gama media. Además, aconseja a todos los altos cargos de su administración, ministros incluidos, que cojan el tren y eviten los aviones. En su caso, siempre vuelos comerciales y en clase turista.

Aun está por ver que los costes del viaje de un ministro, asesores y seguridad compensan. El viaje en tren de Hollande a Bruselas no fue más barato que si lo hubiese hecho en avión privado. Sin embargo, la política es algo más números, también son gestos, actitudes, manera de hacer las cosas. En Francia, donde los políticos siempre se han caracterizado por “vestir ropa de diseño francés”, esos pequeños gestos son muy bien recibidos por la población, incluso constantemente demandados. ¿Serían igual de bien recibidos en España? Quiero pensar que sí. Pero en España tenemos los políticos que tenemos y sería demasiado pedirles peras a un olmo.

Miedo al agua

No existe mayor absurdo que un buzo con miedo al agua. Por desgracia, abundan los buzos de secano  en esta sociedad aséptica y light, que solo come yogurt si está enriquecido con bifidus. Una sociedad de parroquianos que aspiran a pasar por la vida sin despeinarse y con la flora intestinal intacta.

Con un país tan preocupado por el tránsito intestinal, no es de extrañar que nuestros gobernantes sean tan cagones. Ningún político en España está dispuesto a mojarse y plantar cara a la Europa de Merkel y Draghi. Prefieren claudicar, mirar hacia ninguna parte, dejar que el tiempo pase y resuelva – si puede – lo que ellos no son capaces de enmendar.

Rajoy dijo que España necesitaba un gobierno que supiese lo que hay que hacer y lo hiciese. Tenía razón. Pero se equivocó al creer que ese gobierno podría ser el suyo. Rajoy nunca ha sabido lo que había que hacer. Tampoco ha tenido jamás la voluntad férrea de hacerlo.

Creyó que regresaría la confianza con solo cambiar de gobierno. Se equivocó. El respeto no lo da el cargo, lo dan los hechos. Y de eso, Rajoy, anda más bien escaso. Desde el principio se mostró sumiso y fiel a las políticas dictadas por Merkel. Luego se mostró partidario de lo contrario. Se ganó a pulso el título de veleta del año. Allá donde vaya el viento va él, pero sin mojarse, que los excesos los paga el hígado.

Ahora plantean una quita parcial sobre las participaciones preferentes de los bancos rescatados. ¡A buenas horas mangas verdes! Eso ya lo dijimos nosotros hace un mes. Aquí, en este mismo blog donde aplacamos la bilis acordándonos de la parienta de los paisanos que gobiernan.

La quita, que no es otra cosa que una capitalización de deuda a lo bonzo, supone que quien invirtió en un banco con afán de lucro, asuma la responsabilidad en las pérdidas. ¿Tan difícil resulta de comprender? Si usted tiene una librería, una mercería o un quiosco de pipas y no vende, se va a tomar por saco. ¿Por qué debe ser diferente en el caso de los bancos? Si alguien deposita dinero en un banco para obtener beneficios, debe también estar a las duras y soportar las pérdidas. Se llama capitalismo.

Sin embargo, en el país de la gomina y el snack dietético, que cada palo aguante su vela parece mucho pedir. Así que el gobierno rescata a los bancos, es decir: socializa sus pérdidas y nos endeuda a todos para varias generaciones, y acepta una “quita blanda”, una quita light, dietética, fácil de digerir.

Una quita como dios manda, o la capitalización de deuda, equivale a un quien lo rompe, lo paga. Y si alguien estafó comercializando preferentes a quien no debía, o dando préstamos a sabiendas que no podrían aguantar las cuotas,  pues al trullo y  a tirar la llave. De paso, no precisaríamos ningún rescate y podríamos centrar nuestros esfuerzos en lograr que Europa asuma la responsabilidad que tienen en la situación de nuestra prima de riesgo.

Pero es mucho pedir a nuestros políticos. Una cosa es cabrear a los currantes y otra muy distinta molestar a los “ahorradores”. A Zapatero le falto un par para pinchar la burbuja inmobiliaria antes de que nos reventara la jeta, y a Rajoy le faltan dos pares para meter en vereda a tanto espabilao. Así andamos, con miedo al agua y bifidus diario.  ¡Hay que joderse!

 

Una alternativa a la nacionalización de los bancos y al rescate

20/06/2012 4 comentarios

Alternativa a la nacionalización de los bancos y al rescate?

Si se quisiera, si. Si al PP le saliera de los reales, existe una alternativa que hace innecesaria la nacionalización de los bancos y la ayuda de 100.000 millones de euros, que supone la intervención de facto de nuestro país.

El mecanismo es simple y conocido: Capitalización de las Deudas.

Consiste en transformar la deuda de las entidades en una ampliación del capital social de los bancos. Una parte de las obligaciones de la entidad se entregarían a los acreedores en forma de acciones de la entidad financiera en vez de en dinero.

Algunos podrán creer que el volumen necesario para la capitalización de los bancos hace imposible esta operación, muy frecuente en otros sectores. Sin embargo, los datos demuestran que la inyección de capital que asumió EEUU para capitalizar sus bancos equivalía al 5% de sus depósitos.

En España, bastaría con capitalizar el 20% de las cédulas hipotecarias, los bonos, pagares y deudas subordinadas y un 5% de las imposiciones a plazo para hacer aflorar 200.000 millones, el doble de lo que en teoría se necesita.

El ahorro a la vista no sufriría ningún daño. Tampoco los contribuyentes, es decir: todo hijo de vecino. El coste de la operación tendría que ser asumido por quienes han utilizado el dinero para especular y generar más dinero.

Para hacer más social la medida, la capitalización puede ser progresiva según los pasivos del titular. Quien tenga una imposición a plazo fijo de 100.000€ podría ver transformado un 5,35% de su capital en acciones, mientras que quien sólo disponía de una imposición valorada en 10.000€ verían transformada su imposición en acciones en una proporción del 1,50%.

Esto significaría que quien tenga una imposición de 100.000€ recibiría a su vencimiento 94.650€ en dinero y 5.350€ en acciones. Quien tenga una imposición de 10.000€, recibiría 9.850€ en dinero y 150 en acciones.

Los accionistas creados de este modo tendrían la oportunidad de recuperar su dinero, e incluso obtener beneficios, vendiendo las acciones en el mercado cuando estas se revaloricen.

De este modo, quien apostó por una entidad para obtener una renta de capital, sería quien asumiese los costes de la quiebra y no los ciudadanos. Además, la proporción respecto a las imposiciones con objeto de lucro no necesitan ser superiores al 5% (salvo en el caso de productos de más riesgo en los que también se ambicionaba más beneficio). Y siempre tendrán la oportunidad de recuperar su dinero una vez se revaloricen las acciones en un futuro.

Nacionalizando los bancos y aceptando el mal llamado rescate, lo que estamos haciendo es nacionalizar las pérdidas e hipotecar nuestro futuro. Con la compra de las entidades ruinosas y la ayuda internacional, sufriremos una merma en los derechos sociales y una mayor presión fiscal. La alternativa de la capitalización de deuda, es una alternativa muchísimo más justa y coherente con la libertad de mercado, pues hace pagar a quienes usaban el dinero para especular y obtener rentas de capital. 

Euro: un gigante con pies de barro. Soluciones a la crisis de deuda.

24/05/2012 1 comentario

Algunos lectores nos han escrito preguntando acerca de la crisis de deuda y si esta tiene o no relación directa con la crisis económica que se desató con las tristemente famosas hipotecas subprime.

La respuesta es más compleja de lo que parece. No sería justo seguir culpando al desastre inmobiliario y financiero de la actual situación de los mercados, porque la verdadera causa no está ya en el origen de la crisis sino en la manera en la que los diferentes gobiernos gestionaron el estallido de la burbuja.

El problema de deuda está relacionado con la estructura de los balances, o dicho de forma que todos nos podamos entender: en la relación entre los ingresos y los gastos. Los estados han visto reducir sus ingresos a causa del frenazo económico que provocó el tsunami de las subprime, pero intentaron – o se vieron obligados – a mantener el mismo nivel de gasto. ¿Qué ocurre cuando gastamos más de lo que ingresamos? Generamos deuda. Y esta deuda puede generar desconfianza en los prestamistas.

Los gobiernos, al darse cuenta de duración de la crisis y el continuo crecimiento del déficit, el cual se termina por traducir en deuda, se lanzaron a una campaña de recortes en los gastos. Recortes que han terminado por afectar a los derechos sociales y laborales y que han provocado más recesión.

Los estados también son agentes económicos, también consumen y gastan, y si de un día para otro deciden dejar de invertir y reducir al mínimo sus gastos, terminan por lesionar la economía. Esto es lo que nos está sucediendo ahora: los recortes no alivian la situación económica sino que incluso la deterioran aún más.

Es por eso que muchos exigen un cambio en las políticas europeas. Cierto déficit y un aumento de las inversiones públicas relanzarían la economía, se empezaría a crear empleo, la gente gastaría más y el estado recuperaría sus ingresos.

Y si es tan fácil ¿por qué no se hace? Por política. Los gobiernos siempre han tenido la obligación de financiarse fuera. Pero cuando aparecían situaciones como la actual, en la que el precio de la financiación resulta asfixiante para cualquier economía, eran los Bancos Centrales quienes imprimían billetes para inyectar liquidez al estado. Por su puesto, esto se traducía en una elevada inflación. Sin embargo, era tolerable cierta inflación durante un periodo de tiempo más o menos corto, si con ello lográbamos generar empleo y relanzar la economía. No era la panacea, pues tenía sus riesgos, pero era la salida más rápida a las crisis.

El problema actual es que ya no tenemos control sobre la moneda, y el Banco Central Europeo no puede comprar legalmente deuda de los países de la zona euro. Un error en la arquitectura de la moneda única que tiene su origen en la imposición Alemana.

¿Cuál es entonces la alternativa? Fondos Europeos. No hay otra. Si el BCE no puede comprar la deuda de los estados, el dinero que los estados precisan tendrá que llegar de otra manera. Y aquí es donde vuelve a aparecer la política. Merkel no está dispuesta a contribuir a la causa europea si los Estados no están dispuestos a renunciar a gran parte de su soberanía a favor de una Europa gobernada por Alemania. Esto convierte a los países periféricos en ciudadanos de segunda, Estados Libres Asociados a la Gran Alemania nacida del sueño conquistado de la reunificación.

Los jerarcas europeos podrían enfrentarse a Merkel, pero no lo han hecho por los mismos motivos que no les ha interesado un control más democrático de las instituciones europeas. No creen que los europeos podamos tener el mismo nivel de control sobre sus instituciones que el que tienen los americanos sobre las suyas. Es más, temen a una verdadera integración de Europa, tanto en lo económico como en lo político, pues muchos de sus argumentos nacionalistas quedarían vaciados de sentido.

Esta es la razón por la que es tan importante la entrada de Hollande en la escena política. Él sí está dispuesto a enfrentarse a la todopoderosa Merkel. No olvidemos que Francia rechazó la Constitución Europea por dos razones: la ausencia de derechos sociales y la falta de un control directo de las instituciones.

¿Se logrará que Merkel claudique y decida ayudar a las economías más débiles? Cameron lo ha dicho con claridad: o lo hace o se rompe el euro. Opinión compartida por economistas tan insignes como el Premio Novel Paul Krigman. Alemania tendrá que corresponsabilizarse de la suerte de sus socios. Cuestión distinta es la forma en la que lo haga para evitar que quede dañado su orgullo. Es probable que, en primar instancia, se recurran a fondos estructurales no aplicados para aliviar la situación de Grecia. Después habrá que buscar otras fórmulas de compromiso para Portugal, España e Italia.

No olvidemos que Grecia podría torpedear al BCE con su salida de la crisis. Una herramienta política que gobiernos como el de España no han sabido – o no han querido – utilizar.

Para comprender cómo puede causar Grecia (o España) el fin de la moneda única, tenemos que conocer bien el sistema que usan los bancos comerciales para liquidar pagos entre sí, el llamado TARGET2.

Imaginemos que un griego compra un Volkswagen, empresa con sede en Wolfsburgo, Alemania. El dinero tiene que viajar de Grecia hasta Alemania. Este viaje se realiza a través del BCE, quien anota la corriente de pago y transfiere inmediatamente el dinero al banco central alemán, el Bundesbank. En ese mismo instante aparece un “debe” contra el banco central griego.

Si Grecia abandona el Euro, ese flujo se detiene, y el BCE se vería técnicamente incapaz de afrontar los pagos repudiados por Grecia. Dicho de otra forma, como el BCE ha “inventado” dinero para garantizar el cobro de Alemania y no tener posibilidad de recuperar la contrapartida real que debería llegar desde Grecia, caería en la insolvencia, y los estados europeos tendrían que acudir en su ayuda para recapitalizarlo.

Esto es lo que sucedería en caso que fuese Grecia la que se marchase, pero si a Grecia la acompañan otros países, la insolvencia podría arrastrar a todos los Bancos Centrales, incluido el alemán. Sería el final del euro, y probablemente también de la Unión Europea.

La única alternativa en este escenario sería imprimir euros a destajo para inundar el mercado de liquidez y asumir las consecuencias de la elevada inflación. Cosa que tampoco aliviaría demasiado los bolsillos de los europeos y terminaría por generar un conflicto social sin precedentes. En especial si la inflación termina por afectar a productos de primera necesidad.

La respuesta a estos problemas de deuda viene de la mano de Alemania, en especial del hasta ahora desoído por Merkel Consejo Independiente de Expertos Económicos. Esta institución defiende la creación de un Fondo de Rescate que se financiase a través de los famosos Eurobonos.

El objetivo del fondo sería adquirir una parte de la deuda de los países de la zona euro, aquella deuda emitida que supere el 60% del PIB del país. Así se lograría evitar los elevados intereses de la deuda que lastran economías como la española, se podrían moderar los recortes para garantizar el modelo social y que la economía no se resienta, y restablecer las inversiones públicas. Los países endeudados, libres de la usura de los mercados, volverían rápidamente al crecimiento.

Fruto de ese crecimiento, la demanda de deuda sería menor y la relación entre la deuda y el peso de la economía también se relajaría. ¿Serán capaces los políticos de llegar a este acuerdo? Mantengamos los dedos cruzados.

 

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