Archivo

Posts Tagged ‘dimision’

La renuncia del Papa Benedicto XVI

Renuncia de Benedicto XVI

Renuncia de Benedicto XVI

La primera renuncia de un Papa desde 1415, cuando Gregorio XII abandonó el Sitial de Pedro. Hay que recordar que este Papa fue elegido en un cónclave formado por quince cardenales que buscó poner fin al Cisma de Occidente o Cisma de Aviñón, época en la que la Iglesia Católica contó con dos Papas enfrentados, uno de ellos, curiosamente, se llamaba Benedicto XIII. Y como si la historia se repitiera otra vez, la Iglesia de Roma vive una época de profunda división interna, representada, en esta ocasión por dos grandes cardenales: Ángelo Solano, decano del Colegio Cardenalicio y antiguo Secretario de Estado Vaticano con Juan Pablo II; y Tarcisio Bertone, actual Secretario de Estado y Camarlengo que presidirá la Cámara apostólica y gobernará el Vaticano y la Iglesia Católica durante el tiempo que dure la Sede Vacante.

Estos dos cardenales llevan disputándose el poder desde la misma elección de Ratzinger, con las finanzas vaticanas como telón de fondo. La profunda crisis que vive el catolicismo, con una pérdida significativa de fieles y asediada por innumerables escándalos, llevo a Ratzinger a intentar depurar la institución para hacerla más transparente y cercana a la sociedad, propuesta que apoyaba Ángelo Solano. Se trataba de cambiar para que nada cambie. No se pretendía moverse un milímetro de los mensajes contra el aborto, los anticonceptivos, la posición retrógrada en relación a la homosexualidad, los divorcios o el papel de la mujer en la Iglesia.  Buscaban, exclusivamente lavar los hábitos para que estos no parezcan sucios a los ojos de los creyentes. Ratzinger impulsó entonces una política de puertas abiertas y mayor transparencia. Pero Tarcisio Bertone se opuso a esta transparencia, sobre todo en lo referente a las finanzas vaticanas, y lo que había sido una tensión oculta se transformó en guerra abierta. Incluso el IOR, el Banco Vaticano, contradijo al Papa y se negó a cumplir la ley 127 promulgada por el Papa en diciembre del 2010 y que obligaba al IOR a mostrar sus cuentas. El entonces Director, Ettore Gotti Tedeschi intentó un pulso con el mismísimo Papa, y apoyado por Bertone, promulgando un decreto que recortaba – prácticamente anulaba –la ley promulgada por Ratzinger. No es de extrañar, entonces, que la salida de Ettore Gotti se diese justo un día antes que el estallido del escándalo conocido como Vatileaks, el 24 de mayo de 2012. Se entiende también que Ratzinger, antes de marcharse, elija a un nuevo director para el IOR, un alemán de su confianza, Caballero de la Orden de Malta, y opuesto a Bertone. Es su venganza final.

Desde aquel 24 de mayo, el cardenal Bertone ha estado presionando al Papa para lograr su renuncia. Presiones que han termino por lograr su objetivo, en parte por la dificultad que el Papa tenía para lograr conservar bajo control la Iglesia Católica en América Latina, dirigida a su antojo por Bertone desde la Secretaría de Estado Vaticana. ¿Por qué no lo destituye y en paz? Porque los secretos de la Curia son muchos, y enemistar en exceso a Bertone supondría asumir una venganza realmente cruel y vergonzosa. Ratzinger es consciente que no puede vencer a Bertone, por eso se marcha, para favorecer que otro con más fuerza y menos hipotecas que él pueda lograr desmontar del poder a Bertone. Y aquí es donde entra en juego el tercero en discordia: Angelo Scola y el llamado Clan de los Milaneses, otra facción que busca un Papa Italiano y que se preocupe y mangonee cuanto pueda en Italia. Los de Scola también están en contra de una mayor transparencia en las cuentas del Vaticano y formaron línea de combate con Bertone para lograr la renuncia de Ratzinger, o su muerte (*). Esta facción podría verse favorecida por la división entre Bertone y Solano, bien recibiendo el apoyo de una de ellas o vendiendo muy caro su apoyo.

Se abre una etapa de autentica guerra dentro y fuera del Vaticano, pues los Legionarios de Cristo  y el Opus Dei no dejarán pasar la oportunidad de intentar una nueva alianza que los afiance aún más en el poder, al margen de quien termine siendo el nuevo Papa. Y a ellos se enfrentará, con mucha más fuerza que etapas anteriores los jesuitas, capitaneando a los grupos progresistas de la Iglesia. Ninguna de las facciones en liza escatimará esfuerzos para lograr sus objetivos. Un Cisma encubierto, que puede prolongarse por tiempo indeterminado, y con imprevistas consecuencias, tanto para la Iglesia Católica como para la política internacional. No olvidemos que el Vaticano sigue siendo un actor importante, aunque cada vez con menos fuerza, en la escena internacional. Por no hablar de esos secretos que Bertone ha utilizado para afianzarse en la Secretaría de Estado del Vaticano y doblegar a su jefe. Secretos que estarían asociados con el papel de la Iglesia tras la Segunda Guerra Mundial, la extraña amistad de algunos altos cargos de la Iglesia con la mafia y ciertos asesinatos. Cuestiones de las que ya hablamos en este blog hace más o menos un año, y que hoy se vuelven a poner de actualidad.

 

  • Paolo Romeo, otro de los candidatos a ser Papa fue acusado de asegurar durante un viaje a China que el Ratzinger moriría antes de doce meses, asegurando también que Scola sería su sucesor.

Ver artículos anteriores:

http://paisdeciegos.com/2012/05/29/la-guerra-del-vaticano/

http://paisdeciegos.com/2012/07/07/miserias-del-vaticano-i/

http://paisdeciegos.com/2012/07/08/miserias-del-vaticano-ii/

http://paisdeciegos.com/2012/07/09/miserias-del-vaticano-iii/

 

Por qué debe dimitir Ana Mato

En un momento como el actual, cuando el ciudadano ha perdido la confianza en los partidos políticos, quienes constituyen estas formaciones deben dar pasos inequívocos hacia la regeneración política y civil. No es tanto una cuestión de probar los hechos como de responder a la demanda de una sociedad que está cansada del mismo menú. La culpabilidad o no de la Ministra y sus responsabilidades en la trama Gürtel es algo que compete en exclusiva a los jueces. Así es y debe ser en un Estado de Derecho. Los juicios paralelos no son de mi gusto, e intento siempre mantenerme ajeno a las maniobras que buscan pulsar resortes emocionales para enturbiar la política y sacar provecho.

No obstante, la situación que se ha creado en España, no responde únicamente a la existencia de juicios mediáticos. Haberlos, haylos. Sería injusto e hipócrita malintencionado no denunciarlos. Pero qué duda cabe que, también, existe un desafecto social hacia la política que no se basa sólo en denuncias, brunetes mediáticas, sospechas e infamias. Existe una clara y rotunda exigencia a los políticos de una democracia más participativa. O dicho de otra manera: que se gobierno teniendo en cuenta la opinión de la sociedad en cada momento.

Por supuesto, la opinión de la sociedad puede ser muy voluble; y gobernar pensando sólo en las encuestas de opinión un grave error que pondría en peligro nuestro futuro. Para eso está la capacidad pedagógica de los políticos y los medios de comunicación. Y sobre todo, la sensibilidad y el sentido común suficiente para discernir lo que puede ser una moda transitoria de una tendencia social inequívoca. Como ejemplo, podemos poner el veto a la ILP que pide la dación en pago y la admisión de una ILP – con menos apoyo – a favor de la tauromaquia. La primera responde a una exigencia en auge de la sociedad, que quiere cambios profundos en la Ley Hipotecaria. La segunda, a la defensa numantina de una costumbre cruel a la que la sociedad da la espalda, como se pone de manifiesto en el descenso de corridas de toros y de espectadores de este tipo de eventos.

Igual ocurre con la Ley Electoral, que la sociedad lleva exigiendo que sea modificada dos décadas, pero que los partidos mayoritarios se han negado a discutir. O con los indultos, que precisa de una regulación para que no quede al arbitrio de los gobiernos; con la necesidad de transparencia de los perceptores de fondos públicos; y la democratización interna de los partidos.

Ante tantas y tantas pruebas de abuso de poder por parte de las élites de los partidos, que han desoído en demasiadas ocasiones a la sociedad, se deben acometer acciones que renueven la confianza de los ciudadanos. Esto implica un cambio profundo de actitud, y también guiños que trasmitan esa voluntad de cambio que todos exigimos. Ana Mato, dimitiendo, haría el mejor servicio a España. Demostraría que sí se puede, y sobre todo, que los partidos políticos están dispuestos a cambiar para renovar el pacto de representación con los ciudadanos. Un consenso tácito que, si se rompe, enrarecerá aún más la vida pública en nuestro país.

Los dos partidos más grandes de Europa eran el Partido Comunista italiano y la Democracia Cristiana de Italia. Se hundieron, y dieron lugar a una pléyade de partidos que defienden intereses muy particulares. Es el llamado “proceso de italianización” que ya vive Grecia y que puede terminar implicando a España. Si el PP y el Psoe no son capaces de reconocer sus errores, remodelar sus élites, gobernar y legislar con un ojo en el futuro y otro en la sociedad,  no se reconcilian con la clase media (cada vez más cabreada y asqueada de cuanto ocurre en el país), y no dejan espacio para que terceras fuerzas políticas condicionen de manera responsable las mayorías absolutas, se hundirán. Lo peor es que en ese naufragio arrastrarán al sistema mismo de partidos, que se fragmentará en decenas de formaciones  pequeñas, fácilmente manipulables por unos pocos, y que convertirán el Parlamento en un mercadillo de intereses.

Las encuestan aseguran que, de celebrarse hoy los comicios, el PP obtendría un 35% de votos y el Psoe un 30%. Incluso con la injusta ley electoral vigente, los juegos de alianzas y coaliciones para gobernar serían un verdadero sudoku, un cubo de Rubick difícil de componer. Algo que no es bueno para el país, pues tan terrible es este bipartidismo asfixiante como una excesiva fragmentación del voto.

Ana Mato puede ayudar a involucionar este proceso siniestro con su dimisión. Demostraría que el PP está dispuesto a escuchar a la sociedad en su clamor (3 de cada 4 españoles quieren que dimita o la cesen). Daría también la oportunidad a Rajoy de remodelar su gobierno y virar en sus políticas, inaugurando un nuevo escenario político que garantice el crecimiento económico y la recuperación de la confianza de los ciudadanos. 

Rubalcaba se columpia solo

Rubalcaba pidió la dimisión de Rajoy, pero no la convocatoria de elecciones. Algo así como un que pase el siguiente. Sabiendo que quien coja el mando del barco sin pasar antes por las  urnas tendrá una legitimidad democrática menor aún que la que puede tener hoy Mariano Rajoy. ¿A qué viene esto? ¿O es cierto que tras la publicación de estas miserias existe una maniobra orquestada para imponer un gobierno tecnócrata? Porque el debate tiene su miga. Primero está la cuestión de si estas informaciones son ciertas. Pero no menos importante es saber quién y por qué las está filtrando ahora.

Lejos de sumarme a las teorías de la conspiración, creo que hay quienes pretenden pescar en rio revuelto sin pasar antes por la correspondiente cita electoral. Es muy difícil, por no decir imposible y antinatural que Rajoy promueva un gobierno de concentración; pero con un segundo candidato propuesto por el propio PP la cosa podría ser más fácil. ¿Es eso lo que pretende el Psoe pidiendo la dimisión y no la convocatoria de elecciones? De estar en la piel de Rubalcaba, pondría mucho cuidado en los compañeros de viaje que me busco y en los itinerarios a seguir. Un recorrido por un gobierno tecnócrata, no elegido por los ciudadanos, si no formado por independientes o un grupo heterogéneos de partidos no es el camino que España necesita, y mucho menos el que los españoles quieren.

No deseo, y creo que la mayor parte de los ciudadanos tampoco, la imposición de un gobierno como el italiano. A  pesar de mi admiración por Mario Monti, a quien considero uno de los políticos europeos con más solvencia intelectual, creo que se equivocó al encabezar el Consejo de Ministros de Italia, y me he opuesto a la imposición de ese gobierno. Con más razón aún lo haría si eso ocurriese en España, en mi país. Cuya sociedad, además, se encuentra en un momento de ebullición que podría llevar a cualquier cosa ante una situación así.

No sé a qué juega el Psoe. Hace tiempo que dejé de comprenderles. Hace años que creo que se mueven por impulsos, desorientados. Pero no me gusta el camino que están emprendiendo. Bastante tenemos con los populismos de asamblea y anonimato de la tecnopolítica como para, además, tener que preocuparnos por maniobras de dudoso espíritu democrático orquestadas – o aprovechadas – por formaciones políticas como el Psoe.

Al escuchar a Rubalcaba este fin de semana, no he podido evitar recordar algo que publicamos hace meses, el tres de agosto de 2012. Avisábamos de los rumores que nos habían llegado de una cena en el hotel Wellington de Madrid, donde un nutrido grupo de personalidades de la política, entre las que destacaba Jose Bono, Marcelino Orejea, Carlos Solchaga, Acebes y Suarez Pertierra. La información que me llegó aseguraba que estos encuentros discretos se estaban desarrollando de manera regular. No puedo, obviamente, saber a cuento de qué se reunían; pero los rumores, cada vez más insistentes, hablaban de un plan para desestabilizar el gobierno de Rajoy y forzar un ejecutivo de “unidad nacional”. Confío que la petición de dimisión y no convocatoria de elecciones de Rubalcaba no tenga nada que ver con esto. Es más quiero creer que sólo disfrutaban de la buena comida. Sin embargo, cuando vi la comparecencia del líder socialista, recordé aquella información – de la que me había olvidado totalmente –. Contacté con mi fuente y le pregunte sobre la cuestión: <<¿Se han seguido celebrando las reuniones?>> <<Sí>>, fue su respuesta. Pregunte, a continuación, si los papeles de Bárcenas tenían algo que ver con esto. Su primera reacción fue reír al otro lado del teléfono. <<Ni puta idea, macho>>. Y volvió a reírse. Que cada uno interprete esa risa como quiera.

Ver http://paisdeciegos.com/2012/08/03/un-gobierno-de-concentracion/ 

La imagen de España arrastrada por el fango

Lo peor que podía pasarnos ha sucedido. La imagen de España, que poco a poco mejoraba en el mundo, se ha vuelto a hundir; o mejor dicho: la han hundido. El PP, y el PSOE, y UPyD, que una organización presidida por uno de sus diputados también aparecía entre los beneficiarios, han hundido el prestigio de España en el mundo.

Desde Euronews hasta la CNN, pasando por la BBC. Desde periódicos latinoamericanos hasta el Washington Post, pasando por el prestigioso Financial Time, todos recogen la noticia del escándalo de los sobres. El Financial Time, el periódico más influyente del mundo, en su portada digital no se anda por las ramas: <<Rajoy, arrastrado a un escándalo de corrupción>><<la confianza en las élites políticas españolas se ha hundido hasta su mínimo histórico>>. Periódicos alemanes como el Der Spiegel o el Frankfurter Allgemeine se despachan a gusto con la clase política española. Este último, titulaba: <<Corrupción en el Partido Popular de Rajoy>>.

Las redes sociales no han hablado de otra cosa, y hasta twitter se ha sobre-cargado con más de diez hashtag que hacían alusión a los documentos desvelados por El País y pidiendo la dimisión de Rajoy y la convocatoria de elecciones. En facebook, como en otras tantas redes sociales, los perfiles del PP se han visto colapsados ante las protestas de los ciudadanos que han empelados de sobres virtuales las páginas del PP.

El daño moral y la mala imagen que han causado a España son motivos sobrados para dimitir. Más allá de la culpabilidad o no, la forma en la que Rajoy está enfrentando esta crisis lo deslegitima para ser el Presidente del Gobierno. Su actitud cobarde, escondiéndose tras otros para no dar la cara, es un gesto de desprecio  a los ciudadanos y de una villanía ruin e imperdonable. No queremos un cagao de Presidente de Gobierno. Si es culpable como si no, debe dar la cara. Con más motivo aún si es inocente. ¿Quién sabiéndose honrado se escondería cuando le están llamando ladrón en su cara?

Desde que Rajoy se hizo cargo del Gobierno, se ha caracterizado por esconder la cabeza como un avestruz, por dejar que sean otros quienes den la cara, callar y esconderse, como el mal estudiante que cree que ocultando las notas a los padres resolverá el problema. Rajoy debe dar explicaciones, y lo tiene que hacer de inmediato y en sede parlamentaria. España no puede esperar al sábado, cuando ha reunido a la ejecutiva de su partido, no puede esperar a que comparezca a última hora y con prisas para evitar el papelón de una rueda de prensa el lunes, junto a Merkel, con los periódicos de toda Europa preguntando lo mismo: ¿cobró usted dinero negro de donaciones multimillonarias de empresarios cuyas multinacionales tenían contratos con el Gobierno? Tiene que dar la cara, y tiene que darla en el Parlamento.

 

Retomamos el trabajo

Los últimos días no hemos actualizado el blog por cuestiones técnicas ajenas a nuestra voluntad. Por suerte ya se ha logrado solucionar el problema, recobrado el acceso al menú del webmaster, y podemos recuperar este pequeño espacio de opinión.

Nuestro agradecimiento a los hacker que nos han dado unos días de vacaciones.

Estos son los post que teníamos preparados para los días que nos cambiaron (varias veces) las contraseñas de acceso al servidor.

MAREA HUMANA

El sábado 15 de septiembre, una marea de hombres y mujeres de todas clases sociales se han manifestado en las calles de Madrid y en cientos de ciudades españolas para protestar contra la política del gobierno Rajoy. Es el primer hito de un otoño caliente que aún no ha empezado y ya ha logrado alborotar todos los rincones del país.

El PP ha logrado – hay que reconocerle el mérito – poner a todo el país de acuerdo: nadie los quiere. Millones de ciudadanos se arrepienten de lo que votaron. Creyeron que un cambio podría solucionar los problemas del país, pero la situación no ha hecho más que empeorar con un gobierno arrogante y déspota en España; sumiso y servil en Europa.

Rajoy no ha sabido enfrentar los problemas de la nación, que son también los problemas de Europa. Se ha doblegado ante los intereses alemanes, dificultando el camino hacia una verdadera Unión Europea. Cada vez son más quienes perciben Europa como un problema y no como la solución, que es lo que debiera ser. Y gran parte de esta percepción es causa de la falta de talla política de nuestro gobierno, que ni ha sabido defender nuestros intereses en el conjunto de la UE, ni ha dado un solo paso para encauzar Europa hacia una Federación, ni tampoco ha sabido explicar a los españoles la verdad de su política.

No ha sabido explicarla porque, entre otras cosas, su agenda oculta contradecía todas las promesas electorales, poniendo en evidencia la gran mentira en la que basaron una parte importante de su oposición y la campaña electoral que protagonizaron. Incluso la brunete mediática, que siempre les apoyó incondicionalmente, ahora duda abiertamente entre pedir perdón por aupar a la cima del poder a un inepto o continuar dándole crédito y conservar la esperanza que un día depositaron en el PP de Rajoy.

Para colmo, mucha de su acción política ha estado impulsada por clientelismos y una vocación confesional que no responde a los tiempos de la sociedad española. Mientras que la sociedad acepta abiertamente el matrimonio homosexual, el aborto o el laicismo, destacadas figuras del nuevo ejecutivo se empeñan en contradecir la opinión de la mayoría de la sociedad imponiendo sus convicciones religiosas vía decreto ley. La prepotencia y ceguera ultracatólica de algunos miembros del PP les impide comprender que ganar unas elecciones y obtener una mayoría absoluta no es un cheque en blanco, que preferir su opción política a la de otros, y más durante un contexto de crisis como el actual, no significa estar de acuerdo en todo el ideario, siendo necesario un esfuerzo de integración, debate y consenso. Sin embargo, el PP, que no se presenta a la opinión pública como un partido confesional, está utilizando la coyuntura de la crisis para socavar acuerdos sociales importantes, impulsar una legislación inspirada por interpretaciones conservadoras de la religión católica y un desmantelamiento progresivo del Estado del Bienestar.

Por si fuera poco, problemas que sí preocupan a la sociedad, como la creciente islamización de barrios y poblaciones enteras, la creciente inseguridad ciudadana o la falta de alternativas culturales al margen de los mercados, son obviadas por el gobierno y gran parte de sus apoyos mediáticos.

La crisis económica, la primera de las preocupaciones, continua cebándose con los más desfavorecidos, y cada vez alcanza a más gente. Médicos, jueces, bomberos, emprendedores, abogados, trabajadores de todos los oficios, están viendo perder su poder adquisitivo, menguar el valor de su patrimonio, temen cada día más por sus trabajos y les preocupa el futuro de sus hijos, muchos de los cuales ya han tenido que emigrar.

La rabia y la impotencia pugnan con la resignación. La sociedad española se debate entre la insurrección y la aceptación de un destino fatal. Ambos sentimientos son destructivos y perjudiciales para el futuro de España. Y más cuando muchos cuestionan su viabilidad. Urge rectificar la orientación política del gobierno.

Rajoy tiene la obligación de dimitir y convocar elecciones. Lo ha intentado, pero no ha sido capaz de lograr uno solo de sus objetivos. España se siente traicionada, se está aplicando un programa electoral demasiado distinto del que los ciudadanos españoles votaron. Es vital regenerar la vida pública para lograr que los ciudadanos recuperen la confianza en las instituciones y puedan trabajar unidos persiguiendo el mismo fin: salir de la crisis, crear riqueza y bienestar para todos. Pero para lograr la regeneración, que es lo que piden los ciudadanos en las calles, hace falta algo más que leyes y reformas; hace falta un gesto. Los españoles quieren ver que los políticos y los banqueros responden de sus errores, asumen su responsabilidad, reconocen su fracaso y ponen fin al bipartidismo y sus lacras. Mientras no percibamos ese gesto, la gente seguirá manifestándose, las tensiones territoriales y sociales continuaran y será muy difícil recuperar la salud económica.

Tras las manifestaciones que se han vivido en España este fin de semana, Rajoy debe escuchar al pueblo y actuar como un estadista y no como un político preocupado por las próximas elecciones. Es el mejor servicio que podría hacer al país.

Señor Griñán, a los andaluces les importa una mierda el río Loukkos.  

El río Loukkos, por si no lo sabe, se encuentra en Larache, Marruecos, y eso, por si no lo sabe, no es Andalucía, siquiera es España. ¿Puede explicar por qué gasta 650.000 euros del dinero de nuestros impuestos en un estudio sobre los riesgos de  inundación en el tramo final de dicho río? Es usted un imbécil. Usted y todos los que le acompañan en su gobierno, IUCALV incluida. Y quienes le apoyan. Si ellos también son unos imbéciles. Quienes les votan no, a esos los tiene usted engañados.

Mientras se recorta gastos sociales y acude al fondo de liquidez del estado, solicitando mil millones de euros, derrocha nuestros recursos invirtiendo en dinero propio y ajeno donde no se nos ha perdido nada. ¿Qué hay empresarios andaluces allí? Bien, pues que lo paguen ellos, con el paro que hay en Andalucía, no creo que estemos para pagar estudios relacionados con inversiones agrícolas que crearán los trabajos fuera de nuestras fronteras.

La licitación en la que usted se está gastando el dinero no aporta ningún beneficio al conjunto de los andaluces. Ese dinero, un 75% de la UE, lo debería estar empleando en atender a quienes para poder comer están rebuscando en la basura o asaltan supermercados.  Con 650.000 se pueden poner en marcha muchos proyectos cooperativos que creen el tan necesario empleo en Andalucía. Con esa cantidad que usted derrocha en la provincia de Larache, podrían pagarse muchas pensiones y muchos subsidios de desempleo.

Ya sé que no es usted competente en pensiones y subsidios de desempleo, tampoco creo que sea competente en estudios fluviales de países extranjeros y bien que en eso sí que se gasta el dinero. Un dinero que nos suyo, siquiera es de Andalucía, es de todos nosotros, de todos los españoles que pagamos (demasiado) a hacienda. Un dinero que incluso pertenece a los contribuyentes europeos, que nos lo dan para mejorar la situación de la región más pobre del continente y usted lo destina a investigar las inundaciones en Larache. Lo dicho, es usted un imbécil. Los tribunales demostrarán, además, si usted o algunos de sus compañeros de gobierno son, además, otras cosas.

 La dimisión de Aguirre.

Por sorpresa, como suele ocurrir casi todo en España, Aguirre ha dimitido de sus responsabilidades como Presidenta de la Comunidad de Madrid y parlamentaria en la asamblea de esta comunidad. Es una decisión que tiene muchas lecturas, y que rápidamente ha generado docenas de rumores entre los periodistas que siguen la actualidad española.

Por mi parte, soy de quienes creen que Esperanza Aguirre no tiene pelos en la lengua. Nunca se ha caracterizado por la moderación verbal. No creo que sus motivos sean distintos a los que explicó en rueda de prensa: se marcha porque está cansada y quiere pasar más tiempo con su familia. Se trata, por tanto, de una decisión personal, comprensible, y más que respetable. No hay más que decir.

Si aspiró o no a una embajada u otro puesto institucional es cosa del pasado y a nadie le importa. En cualquier caso, la decisión no era suya, por lo que en cualquier caso, los juicios de valor, corresponden hacerlos sobre quienes decidieron o no concederles estas responsabilidades a las que supuestamente aspiró la hasta ayer Presidenta de Madrid. Para que me entienda todo el respetable: no conozco un político que diga no a un dulce como la Embajada en Londres, con lo visten esas cosas. Que Aguirre manifestase su deseo a sus compañeros de partido no es malo; todo lo contrario, demuestra confianza en sí misma y honestidad. Lo malo es andar diciendo que uno no desea tal o cual puesto y hacer todo lo posible por obtenerlo. En cualquier caso, repito, quien debe explicar por qué no Aguirre y sí Trillo, es Rajoy.

 

La inaceptable actitud del gobierno

01/08/2012 2 comentarios

El déficit público no es cosa de risa. Tenemos que afrontar una profunda restructuración de los gastos para lograr la máxima eficiencia, garantizar los servicios públicos, las ayudas sociales y reducir nuestra dependencia de la financiación exterior lo antes posible. De esto no hay duda. La cuestión – y esta es la madre del cordero – es cómo debemos hacerlo. Las políticas de Rajoy, cuestionadas desde todos los ámbitos, tanto nacionales como internacionales (hay están las declaraciones del FMI y la ONU, para cuando la derecha tenga a bien leer), no están dando ningún resultado.

Ahora toca apretarles el cinturón a las Comunidades Autónomas, en especial a las que no son gobernadas por el PP. La propuesta que hace el Montoro en el Consejo de Política Fiscal es inaceptable de todas, todas. A nadie se le escapa la necesidad acuciante de controlar las cuentas públicas y evitar déficit insostenibles que pueden comprometer al conjunto del Estado. Un mínimo sentido de la justicia invita a pensar que, quienes primero deben apretarse el cinto, son aquellas administraciones en las que se derrochó a mansalva. Dicho de otra forma, que empiecen quienes gastaron el presupuesto público en aeropuertos sin aviones y otros despropósitos.

Eso no quita que, todas las comunidades deban aportar lo suyo. Por solidaridad o responsabilidad de Estado, como cada uno prefiera. Pero deben hacerlo. Siempre y cuando, claro está, que las comunidades que han malgastado sus recursos demuestren haber aprendido las lecciones y el reparto del esfuerzo sea equitativo.

Sin garantías de no volver a caer en despropósitos ruinosos de nada sirve el esfuerzo. ¿Para qué ajustarse en una cosa si luego vamos a derrochar en otra? Tampoco parece aconsejable que los ajustes favorezcan a aquellos que más responsabilidad tienen en la gestión del derroche.

Andalucía es castigada – teniendo un endeudamiento menor que la media –, mientras que se favorece a Valencia, Castilla la Mancha y Madrid. Es decir, el gobierno de Rajoy distribuye los objetivos de déficit según sus intereses electorales. Premia a los suyos y castiga a las comunidades en las que no gobierna.

Esta actitud cobarde, indigna y desleal puede provocar un conflicto institucional gravísimo. Conflicto que puede llevar a una revisión profunda de nuestro modelo de Estado e incluso de la democracia.

El PP de sobra sabe que los ajustes que pretenden que lleven a cabo algunas comunidades autónomas son injustos y vaciaría de contenido el Estado Autonómico. Sabe que esto solo servirá para agitar aún más la confrontación y el malestar social. Pero se encuentran en un momento de huida hacia delante. No les importa ya lo que pase ni a costa de quienes pase. Solo quieren que el tiempo corra, y que corra lo más rápido posible.

Absurda y peligrosa situación que debería levantar en pié de guerra a los cuadros medios del PP. Sin embargo, el clientelismo es tal, que todos se han plegado, sumisos, a las decisiones de Rajoy, aun cuando las cuestionan entre bambalinas.

Lo más decente sería dimitir y convocar elecciones. Pero Rajoy no es decente. Aguantará todo el tiempo que pueda. Y si no puede llegar a los turrones sólo, intentará un gobierno de concentración, al cual se ha resistido hasta el momento, aunque muchas voces de su partido le insisten en ello. 

Íñigo Méndez debe dimitir

Íñigo Méndez de Vigo y Montijo es el Secretario de Estado para la UE y responsable directo de la nota de prensa que indignó a Europa y enfadó a los gobiernos de Francia e Italia. En aquél comunicado se dijo que nuestros tres países habían firmado una declaración conjunta que nunca existió. Fue él quien redactó la nota y la envió con membrete del Ministerio de Exteriores, aprovechando que el ministro se encontraba de viaje por Perú.

Meteduras de pata de esta magnitud, por muy bienintencionada que sea, no pueden pasar sin que los implicados asuman su responsabilidad o que el gobierno, si es que ellos se niegan a dimitir, los destituya de inmediato. Un país serio, o que pretende pasar como tal ante la comunidad internacional, debe ser capaz de depurar las responsabilidades que emanan de los errores que se comenten, en especial en relación a políticas tan sensibles como las relaciones internacionales.

La Secretaría de Estado para la UE es una de las funciones gobernativas más importantes para España. Algunos creemos que debería ser objeto de un ministerio propio, pero ese es otro tema. Llama la atención, no obstante, la poca importancia que suelen darle a esta Secretaría los gobiernos del PP y Psoe. Es una de las cenicientas de los gobiernos españoles. Y este “carácter menor” que se le da a la Secretaría de Estado para la UE la razón última de la descoordinación que propicia el terrible error de Íñigo Méndez. Que conste que considero que debe dimitir y asumir su responsabilidad, pero soy de los que piensa que hay mucho mar de fondo en este ridículo episodio.

Mal por los medios de comunicación que han resaltado que Íñigo Méndez es de origen noble, descendiente del marqués de Cuba. Nadie es responsable de la familia en la que nace. Desacreditar a una persona porque es hijo de nobles no es muy diferente de desacreditarlo por tener los ojos claros u oscuros. Por cierto, los mismos periódicos y columnistas que se han entretenido en relatar la genealogía de Íñigo Méndez, se olvidan de recordar también sus méritos: Premio Salvador Madariaga, de la Asociación de Periodistas Parlamentarios, Premio Capalbio, Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, Orden del Mérito Constitucional, Medalla de Plata del Real Instituto de Estudios Europeos, Medalla de Honor de la Sociedad General de Autores y Editores, Medalla de Oro de al Mérito Europeo, Medalla de Oro de los Comités de Acción por la Unión Europea, Gran Cruz al Mérito de la República Federal Alemana, Caballero de la Legión de Honor, Orden de la Estrella de la Solidaridad Italiana; también es presidente de la Unión Paneuropea, Patrono y Vicepresidente de la ONG Ayuda en Acción, Presidente del Colegio de Europa, la más prestigiosa institución de postgrado en ciencias sociales de Europa.

Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. La trayectoria académica – fue catedrático Jean Monnet, profesor de Constitucional en la Complutense, de Derechos Humanos en Estrasburgo y derecho comunitario en la CEU San Pablo – cívica y europea de Íñigo Méndez está más que fuera de toda duda. Ha cometido un error muy grave y debe pagar por él. Desacreditar su persona, basándose en cosas del pasado, es de ser mala persona. 

%d personas les gusta esto: