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Los dueños del Euro

05/09/2012 1 comentario

El futuro del euro está en manos de ocho personas, son los dueños del euro. O casi. Se trata del Tribunal Constitucional de Alemania, que deberá resolver sobre la constitucionalidad o no de los compromisos acordados por Merkel en Bruselas y el visto bueno logrado en el Parlamento alemán. Cosas de la  vieja Europa.

La arquitectura del euro y el modelo de <<democracia indirecta>> de los órganos ejecutivos de la UE subordinan toda decisión política a que Alemania la considere correcta y ajustada a su ordenamiento jurídico. Un modelo difícil de tragar y que cada vez tiene más detractores. El problema de fondo es la falta de una dirección democrática en la Unión Europea, un problema que solo tiene  dos soluciones posibles: o la disolución de la Unión o avanzar decididos hacia los Estados Unidos de Europa. Ni que decir tiene que soy partidario de este último camino. Pero ¿están dispuestos el resto nuestros gobernantes? Y sobre todo, ¿estará dispuesta Alemania?

Alemania está cómoda en la actual situación económica y política. Son los dueños y señores de Europa y lo saben. Nadie les está haciendo sombra. Siquiera Hollande está tan activo como se le esperaba, como prometió en su campaña electoral. Pero ya se sabe: después de conseguido, nada de lo prometido.

Los ocho miembros del Tribunal Constitucional de Alemania, desconocidos para cualquier europeo y sin ninguna legitimidad fuera de las fronteras germanas, ya forzaron duras condiciones para dar luz verde al Tratado de Lisboa en 2009 y endurecieron aún más las condiciones de los préstamos a Grecia. Incluso, impusieron límites en  la creación del Fondo de Estabilidad Europeo (EFSF). Ahora, tendrán que decidir sobre el pacto fiscal y el nuevo mecanismo de estabilidad.

Nadie quiere oír hablar de un posible NO del constitucional alemán, pero las posibilidades, como han apuntado algunos, roza el 40%. De hecho, la resolución debería haberse dictado en julio, pero entonces – contra todo pronóstico – decidieron darse dos meses más para estudiar si la aprobación parlamentaria de los acuerdos encajaba o no en la legislación constitucional alemana. Señal incuestionable de los conflictos existentes dentro del propio tribunal.

En cualquier caso, la situación y los precedentes hacen sospechar de una resolución favorable pero condicionada. Un Sí con letra pequeña que toda Europa se verá obligada a acatar. Por eso, los movimientos que veamos esta semana en el BCE serán tan determinantes. Si el BCE no logra conservar su independencia de Alemania y los tratados acordados por los gobiernos de la Unión se ven – por  enésima vez – enmendados por el Constitucional Alemán, la crisis de Europea tendrá tintes muy peligrosos. Nadie podrá hablar entonces de co-soberanía o libertad de mercados; certificaremos la caída de Europa en manos de un nuevo Reich. Entonces, las palabras de cierto eurodiputado que recordó que <<muchos murieron para evitar que Europa fuese dominada por Alemania>>, cobrará un terrible sentido.

La decisión del constitucional alemán se espera para el día 12 de septiembre, el próximo miércoles. No creo que Rajoy mueva ficha alguna hasta saber las conclusiones del tribunal. A partir de entonces, y con las reglas que se manejen tras esta fecha, los diferentes países implementarán sus estrategias. Aunque con la experiencia que tenemos, no me extrañaría que este gobierno patinase apresurando las cosas más de lo necesario.

Mañana tendremos a Merkel paseando por Madrid, y Draghi reunido en la sede del BCE. Veremos que nos depara la jornada, pero es posible que todo continúe en tablas a la espera de la resolución del Constitucional. Y mientras el médico se esteriliza las manos una y otra vez, el paciente con hemorragia.

 

Días de cábalas

No hay noticias. Solo conjeturas. Hasta el jueves día 6 de Septiembre, todos andarán haciendo cábalas. Será este el día en el que comiencen a divisarse el camino a recorrer durante los próximos meses. Poco trascenderá de la reunión de Merkel y Rajoy en la Moncloa. Formalmente, será un gesto de la canciller alemana para apoyar al gobierno de su colega ideológico; en la práctica, vendrá con la lista de reformas estructurales y recortes que Alemania exigirá para que España pueda beneficiarUEse de cualquier mecanismo de ayuda. Pero no será aquí, tampoco, donde realmente nos la juguemos.

Será en la reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, que se celebrará el mismo día. Esta reunión ordinaria del BCE debe discutir sobre los tipos de interés de la zona euro, pero a nadie se le escapa que el verdadero debate será sobre el papel que el BCE debe interpretar de ahora en adelante para estabilizar los mercados y garantizar que la crisis de deuda no termine por llevarse por delante la moneda única. Todos están a favor de un cambio de actitud. Todos menos Alemania. El jueves, por tanto, no se discutirá sólo sobre las medidas instrumentales del BCE, sino sobre la propia independencia del BCE y el futuro mismo de la UE.

Las duchas frías que Alemania se ha dedicado a recetar a los mercados durante las últimas semanas han vuelto a poner la Prima de Riesgo en una situación más que difícil. Sólo Alemania se niega a que el BCE garantice la financiación de los Estados, actuando como prestamista último. Y la pasividad de Draghi no está ayudando a generar esperanza ni a tranquilizar los mercados. El jueves saldremos de dudas.

 

EL BCE es un lobby al servicio del Bundesbank

Esta lapidaria afirmación pertenece a Vicenç Navarro, economista, politólogo y catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y de la Universidad John Hopkins de Baltimore. En una entrevista concedida el pasado sábado a la cadena Ser, el veterano profesor, una de las mentes mejor amuebladas del país, reconocía que <<que el BCE no es un banco central>>, pues no está cumpliendo con uno de los objetivos básicos de una institución de estas características: garantizar la liquidez a los estados y defender la deuda pública de la especulación.

Coincidimos en su análisis de los problemas. El diseño del euro fue un error, pues no se tomaron las precauciones debidas ante las posibles contingencias que el futuro podía deparar. La situación actual es una consecuencia directa de los errores que se sucedieron en la preparación e implantación del euro. Desde Maastricht al tratado de Lisboa. La falta de unos Estados Unidos de Europa, de un sistema de elección directa y gobierno común, ha dejado a las instituciones europeas al arbitrio de los vientos más poderosos. Y estos vientos, en cuestiones económicas, son los alemanes.

La semana pasada publicábamos un artículo titulado “Draghi contra Draghi” donde poníamos énfasis en la necesidad de una mayor autonomía del BCE. Estoy convencido que Draghi – que tienen muchos defectos, pero la estupidez no es uno de ellos – sabe de la necesidad de implicar al BCE en una reforma profunda de la UE. La cuestión es si tendrá o no en su mano la fuerza para lograr que el BCE se convierta en aquello que siempre debió ser. No lo va a tener fácil, y no parece que la política de los veintisiete pase por facilitarle las cosas. Siquiera creo que la política europea de Rajoy esté orientada en la buena dirección.

Queda mucho todavía por hacer en Europa, donde el juego de equilibrios implica paso lento y dubitativo. Se diría que, por cada dos pasos hacia delante, haya que dar otro hacia atrás. Las declaraciones de Draghi tras la reunión de la semana pasada del BCE fueron un jarro de agua fría para los mercados. Sin embargo, sus palabras no fueron tan desalentadoras como pudo parecer a los más impacientes. Es verdad que el agua la tenemos al cuello y que apremia tomar medidas. También que el mes de agosto no es el más aconsejable para nada.

Draghi aplazó su respuesta a los mercados de deuda sine die. Incluso la condiciono a una petición formal o informal de rescate por parte de España, pero también garantizó que haría aquello que se tiene que hacer. Es un paso atrás, esperemos que para tomar impulso.

 

Nota: Excelente artículo de Vicenç Navarro que merece la pena leer con atención http://www.vnavarro.org/?p=7648

Draghi contra Draghi

30/07/2012 1 comentario

El presidente del Banco Central Europeo se descolgó la semana pasada con un firme: <<créanme: será suficiente>>. Sólo esa frase sirvió para que la prima de riesgo bajase casi 50 puntos de golpe, y todas las bolsas europeas se disparasen, logrando unas subidas de las que ya nadie recordaba.

Los halcones germanos negaron que el BCE fuera a comprar deuda pública de España e Italia. Pero su negación fue más lenta y silenciosa de lo acostumbrado. Esta vez, las críticas a las políticas expansivas y la adquisición de deuda han sido mucho más sutil que en otras ocasiones. Incluso se esperó a que los mercados hubiesen cerrado para evitar que nadie se le atragantase el festín.

¿Quiere decir que el BCE se comportará como prestamista último, al menos durante un tiempo, tal como hace el Banco de Inglaterra o la Reserva Federal? La verdad es que esta opción es más que improbable. La última vez que el BCE compró deuda de países en dificultades fue en 2011, y costó una crisis dentro de la entidad: dos de los consejeros dimitieron. Axel Weber y Jürgen Stark se largaron dando un portazo y criticando la decisión de compra de deuda, aduciendo que el BCE estaba asumiendo unos riesgos excesivos. Sin embargo, los cambios acontecidos desde entonces dentro de la cúpula del BCE hacen más probable una acción discreta de compra o toma de posición a favor de los países que están sufriendo la especulación en los mercados.

A esta posibilidad es a la que se aferra el gobierno del PP. O bien a un enmascaramiento de la acción del BCE a través del fondo de rescate u otro instrumento comunitario. La variable está más en la forma que en el fondo, pues en última instancia quien pone los dineros sobre la mesa es el BCE, ya sea comprando deuda directamente o financiando a quien la deba comprar.

No obstante, este no es el único instrumento al servicio del BCE. Una posibilidad que cada vez cobra más fuerza es bajar los intereses de depósito. ¿Y esto que significa? Bien, resulta que los bancos tienen dinero. De hecho, aunque parezca mentira, Europa nada en liquidez, sobra liquidez, nos sale la liquidez hasta por las orejas. ¿Cómo es esto posible? Porque la falta de alternativas de inversión hace que el flujo de capitales se detenga y el dinero se esconda en el calcetín.

El calcetín de los bancos se llama: Banco Central Europeo. Allí es donde las entidades financieras europeas depositan sus ahorros. Es cierto que durante los dos últimos años, el BCE ha subastado cantidades importantes de dinero. Pero todo este capital se ha dirigido al pago y refinanciación de deudas o ha regresado al BCE a la espera de mejores tiempos. Una bajada drástica de los tipos – incluido los negativos – podría significar que las entidades se vean obligadas a mover ese dinero.

En cualquier caso, las decisiones de Draghi tendrán que ser muy distintas a las que ha tomado hasta el momento, y probablemente no gusten nada a los neocon germano – nórdicos. Pero es lo que hay. Es el precio de la independencia de la institución. Hasta el momento, en Europa sólo de debatía sobre ajustes y recortes, sobre políticas económicas basadas en el control del déficit público. Nadie se atrevía a cuestionar las casi teológicas directrices germanas. Hoy, eso ha cambiado. Ya no sólo existe un único punto de vista y un solo camino para salir de la crisis.

Antes era muy fácil para el BCE ser independiente. Bastaba con no cuestionar las recetas apuntadas desde Alemania. Ahora, la cosa está más complicada. No hacer significa dar la razón a los halcones de Alemania, hacer algo, dársela a Hollande y Monti. Draghi lo sabe y buscará la vía intermedia: actuar sin que se note. Un difícil ejercicio de malabares, pero necesario. Nos va mucho en ello; no solo el euro.

 

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