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El BCE está inactivo frente a la crisis
No lo digo yo, aunque bien saben que lo pienso, lo dice Arnaud Montebourg, ministro de Hollande al frente de la cartera de Recuperación Productiva. Y fue más lejos: << El BCE no se ocupa del crecimiento, no se ocupa de los parados, no se ocupa de la población europea>>. Es cierto que este ministro, conocido por su incontinencia verbal, es uno de los referentes mediáticos del ejecutivo de París y que sus declaraciones han de ser leídas en clave interna y no europea, pero es precisamente por esto por lo que resultan tan llamativas estas afirmaciones.
En Francia, cada vez es mayor la crítica hacia una UE gobernada por Alemania. Al frente de estas protestas están, sobre todo, los euroescépticos de siempre y la derecha de Le Pen, que incluso exige un referéndum para enero del 2014 sobre la continuidad de Francia en Europa. Sin embargo, el sentimiento de oposición a una Europa opaca y en manos de la todopoderosa Alemania cada vez es más hegemónico entre los franceses.
Algunos dirán que Francia siempre ha sido euroescéptica. Tienen razón, y tal como se están desarrollando los acontecimientos parece que tenían motivos sobrados para no desear una UE fuerte. Pero el hecho indiscutible es que, a medida que Europa cae en manos de Alemania, cada vez son más los europeos que reniegan de la Unión. Esta es la más grave de todas las consecuencias de las políticas austericidas que están impulsando desde Berlín: el fin del sueño europeo.
Cuando sólo importa maquillar las estadísticas
Las medidas aprobadas por el gobierno para impulsar la economía sólo buscan maquillar las estadísticas, aun a costa de llevar más sufrimiento a la sociedad. La más grave de todas las decisiones ha sido la deducción del 100% de las cotizaciones a la seguridad social durante un año para los contratos indefinidos de menores de 30 años. Dicho de otra forma, se condena a la exclusión del mercado laboral de todos aquellos españoles que se encuentren entre los 30 y los 67 años. Especialmente grave será la consecuencia de esta medida en quienes tienen ahora entre 30 y 40 años. Estos sufrirán una exclusión total del mercado laboral, sin posibilidad de encontrar un empleo y sin ninguna facilidad para emprender una empresa, pues las medidas para autónomos se centran, igualmente, en la franja de los menores de 30 años.
El gobierno de Rajoy ha excluido al segmento de población más vulnerable, pero a la vez también más productivo. Se trata de hombres y mujeres que tienen cargas familiares e hipotecas por pagar. Parejas jóvenes con hijos pequeños. La mayoría muy formados y con experiencia. Sin embargo, la decisión de primar los contratos de menores de 30 años supone que los treintañeros tendrán vedado el reingreso al mercado laboral durante años, cuando no serán expulsados de él para contratar a gente más joven con menos costes salariales. Además, se trata del grueso más valioso de la población activa, pues están formados (tanto o mejor que los recién graduados), dominan las nuevas tecnologías (tanto o más que los jóvenes, además las han empleado no sólo para el ocio y la formación, sino también en el ámbito laboral y profesional) y poseen experiencia. Pero el gobierno ha decidido que es mejor sacrificarlos para que las estadísticas de desempleo juvenil bajen.
La discriminación positiva siempre ha generado agravios, pero en esta ocasión ha llegado a un punto inaceptable. A todos los españoles de más de 30 años los ha convertido en ciudadanos de segunda clase, negándoles la oportunidad misma de encontrar un empleo. Además, supone un error en términos económicos, porque estamos primando a quienes no han adquirido la experiencia necesaria para afrontar ciertas responsabilidades ni desenvolverse de manera correcta en un empleo. Se está empujando a los jóvenes a que hipotequen su futuro emprendiendo empresas que estarán – en su mayoría – abocadas al desastre. Recordemos que la tasa de mortandad de las empresas en España es altísima, en condiciones normales el 70% no supera los cinco años de vida. No hablemos de una situación como la actual, con una reducción de casi el 10% en el número de empresas existentes el último año. Ya en el 2008, el 20% de las empresas iniciadas desaparecieron durante el 2009. Con estas cifras, emprender un negocio es una heroicidad, pero hacerlo sin contar con una trayectoria profesional previa y sin experiencia sobrada, tanto en el sector como en la gestión del negocio, es un suicidio. Pero nada de esto le importa a Rajoy. No le importa que los jóvenes que se hagan autónomos destruyan su futuro, ni la exclusión laboral que impone a la generación de treintañeros, condenados a rebuscar en los cubos de basura la comida para sus hijos pequeños.
Podría ser peor
Quien no se consuela es porque no quiere. Un amigo, filósofo y ateo, asegura que es culpa de la educación católica apostólica y romana de los españoles. <<Nos han enseñado que la resignación es una virtud – dice –. Muchos siglos con aquello de “me lamentaba de no tener zapatos hasta que vi a un hombre que no tenía pies”>>. Algo así podemos comentar sobre el acuerdo del Consejo Europeo para el presupuesto de la Unión hasta el 2020.
Por supuesto, el acuerdo será voceado como un gran acuerdo, y asegurarán que era esto o la nada. Porque siempre que se llega a una mierda de acuerdo, alguien recuerda que sin él llegaría la anarquía, el hambre, la guerra, el fin de los tiempos. Durante los próximos días, hasta que la vertiginosa realidad ponga el foco en otra parte, sesudos comentaristas hablarán de las virtudes del acuerdo. Y alguna tiene, no lo voy a negar, pero después de tanto marear el guiso, uno confiaba que al menos supiese bien. No esperaba ningún plato de autor, pero sí un cocido medio decente. Pero esto acuerdo no llega ni a tentempié.
Lo cierto es que el acuerdo presupuestario deja en bolas a la UE a partir del 2015, momento en el que se prevé la recuperación económica. La falta de recursos en la UE podría poner en peligro ese crecimiento tan esperado. Condenando no sólo a España, sino a la mitad del continente, a una década perdida.
Además, con estos mimbres, no hay cestos de unión política posible. Hablar ahora mismo de la posibilidad de continuar el proceso de integración, tanto fiscal como política, es hacer ciencia ficción. Los libros de Isaac Asimov son más realistas que un discurso de integración real de Europa. El acuerdo, paradójicamente, deja de manifiesto los desacuerdos de fondo que existen en la Vieja Europa.
España – menos mal – continuará siendo perceptor neto. Un ridículo 0,2% en el saldo a favor de nuestras cuentas hará que, si no recibimos nada de la UE, al menos tampoco tengamos que poner pasta encima de la mesa. El gobierno lo venderá como un éxito, pero con la indigestión que nos ha causado el menú cocinado por Merkel, solo faltaría que además tuviésemos que pagar la factura.
Por desgracia, la reducción en el presupuesto asestará un golpe terrible a sectores tan importantes como la agricultura, la ganadería, la pesca y la minería. Y las regiones más pobres, como Andalucía, Galicia o Castilla – La Mancha, verán reducido a lo largo de este periodo de siete años los recursos que llegan de la UE hasta un 60%. Malas noticias que agravarán la brecha territorial, especialmente en un momento que las inversiones públicas – incluidas las infraestructuras – se han paralizado.
Ahora queda pendiente una nueva batalla: la Eurocámara. El Parlamento Europeo fue tajante al amenazar a los gobiernos que no aprobaría un presupuesto como el que se acordó en el Consejo Europeo. Matin Schulz, el presidente de la Cámara ya se ha mostrado contrario a un presupuesto que genera un enorme déficit en la UE, pues el desfase entre los gastos ya comprometidos y los ingresos que se percibirán es abismal. Veremos si los parlamentarios se comportan cuando llegue el momento u obedecen a sus direcciones nacionales. Lo contaremos.
De Reformas y otros Inventos
Con el paro más alto que se registra desde que existen las estadísticas, va la Ministra de Desempleo, la señora Báñez, y se descuelga con la tarifa plana para los jóvenes autónomos los primeros seis meses. ¡Oferta!¡Oiga! ¡Que lo pongo barato! ¡Solo 50 eurillos! Parece que más que una medida política sea una oferta de internet. ¡Lléveselo a casa y no empiece a pagar hasta Septiembre!
Pero lo peor de todo, no es que lo vendan; además es que lo compran. Se creen que una medida así, temporal y superflua, va resolver – siquiera paliar – el problema del paro en España. Y eso, si la ponen en marcha alguna vez, porque este gobierno reformista tiene corta memoria y parece olvidar que el 40% de las medidas anunciadas esperan durmiendo el sueño de los justos. Algunas de estas medidas, como la ley de emprendedores, siquiera se han discutido aún el Consejo de Ministros, pero otras, como las reformas del sector financiero, aprobadas ya, siguen pendientes de ejecución.
En España, lo inaceptable se ha convertido en norma. El paro, la corrupción, el incumplimiento de las promesas electorales, anuncios de medidas que nunca llegan a implementarse… es el pan nuestro de cada día. El gobierno fía todo su crédito a la esperanza de un futuro que tal vez no llegue nunca, o tarde en llegar más de lo que podemos soportar. España vive un momento de emergencia social, no puede seguir esperando que las reformas den los resultados esperados, ni soportar un solo minuto más nuevas promesas improvisadas y absurdas. La demanda se ha hundido, y sin demanda no hay crecimiento económico. Sólo incentivando el consumo y abandonando la senda del ajuste por el ajuste, y el recorte por el recorte, podremos salir de la difícil situación en la que nos encontramos.
¿Quieres que la economía vaya? La economía va. Da trabajo y verás como todo empieza a ir mejor. Y si no eres capaz de hacerlo, cuando tienes mayoría absoluta, vete pensando que eres un inútil. Si con una mayoría absoluta no eres capaz de enfrentarte a los problemas graves que sufre el país, lo mejor que puedes hacer es coger la maleta e irte a tu casa. Sería lo más honesto.
Europa y el referéndum de Cameron
De las cosas más importantes que han ocurrido esta semana, la mayor es, sin ningún género de dudas, la propuesta del Primer Ministro británico para la celebración de un referéndum sobre la continuidad del Reino Unido en Europa. Que no se engañe nadie, si el referéndum se celebra y el Reino Unido decide marcharse, a la UE le quedarán horas de vida desde ese momento. Europa no puede construirse de espaldas a la sociedad anglosajona como tampoco puede hacerlo humillando y pisoteando a los países mediterráneos. La verdad es que la cuerbda se ha tensado en exceso, y los riesgos de que rompa son más ciertos que nunca.
El año que vine se celebrará el centenario del inicio de la I Guerra Mundial, a la que le siguió una segunda aún más cruel pero con idéntico enemigo. Muchos millones de europeos murieron para evitar una Europa bajo el yugo alemán. Y cien años más tarde, un nuevo Reich germano está a punto de alzarse en el viejo mundo. Esta no es la Europa que quieren los británicos, pero tampoco es la que los españoles deseamos; y desde luego, no la que nos prometieron.
Esta misma semana hemos asistido también a algo impensable hace apenas un par de años: un neonazi formará parte de la Comisión Contra la Discriminación del Consejo de Europa. Eleni Zaroulia, mujer del líder de Amanecer Dorado y conocida antisemita, formará parte del cupo heleno en un organismo nacido en 1949 para evitar el resurgimiento de las ideologías totalitarias y la discriminación contra el pueblo judío y las minorías étnicas.
No se equivoca Cameron al afirmar que Europa ha pedido su razón de ser. Sus críticas a la opacidad de las decisiones y al rumbo que está tomando la UE están más que justificadas. Si Europa no avanza hacia un proceso federal, democratiza sus instituciones y hace frente a los retos a los que se enfrenta el conjunto de la sociedad occidental, la UE pasará de sueño a pesadilla. De hecho, muchos ya están viviendo la pesadilla; y tarde o temprano querrán despertar.
En lo económico, además, son también rigurosamente acertadas las previsiones de Cameron: la UE perderá una tercera parte de su competitividad en los próximos veinte años de continuar la política económica por la misma senda que transita hoy. Confío – o más bien deseo de todo corazón – que el Reino Unido jamás se marche de la UE, pues son una parte esencial del alma europea; pero si al final se marchan porque el totalitarismo del nuevo Reich se hace definitivamente con el control, harán el último gran servicio a Europa: abrir la puerta por la que saldrán muchos, y esperemos que para entonces, no seamos los tontos de quedarnos los últimos una vez pare la música.
A la mierda, coño, a la mierda
Los últimos meses no he atendido mi cita habitual con esta tribuna. Razones y circunstancias personales me lo han impedido, al menos, así fue al principio. Luego, la sensación de impotencia ante la realidad que nos ha tocado vivir, hizo el resto. Tengo desde hace mucho la certeza que en España, digas lo que digas o hagas lo que hagas, nada va a cambiar. Mariano seguirá escondiendo la cabeza entre las nalgas de la Merkel mientras sus palmeros nos quitan al resto hasta las ganas. Y Rubalcaba y su grupo de progres de acento pijo y chalet en la playita viéndolas pasar. Lo llaman oposición responsable, pero no es otra cosa que un hoy por ti mañana por mí. Acuérdate de esta, que me la debes. Hoy te rasco yo, mañana me rascas tu.
Los nacionalistas, por su parte, como siempre, llevando las cosas al extremo, retorciendo el significado de las palabras libertad y democracia para intentar imponernos a todos los que les sale a ellos de los redaños. Tirando de retórica, se zambullen en una decena larga de falacias entre las que destaca el conocido discurso ad populum o sofista populista (también usado con frecuencia por el PP para confundir la mayoría parlamentaria con la mayoría electoral y esta a su vez con la mayoría social) y la ad consequentiam presentando la independencia de Cataluña – o en su defecto mayor autogobierno – como la solución a la crisis económica y a la difícil situación de Cataluña.
Los marginales, como siempre, rasgándose vestiduras y currando poco y mal. Muchas quejas con la ley electoral, pero si comparas la nuestra con la británica, lo cierto es que tampoco esta tan mal. Nadie me malinterprete: la actual ley electoral no me gusta; prefiero votar a personas y no siglas ni ideas abstractas, sino hombres y mujeres de carne y hueso que con sus virtudes y defectos rindan cuentas cuatro años después a pecho descubierto. Ni que decir tiene que, además, me gustaría mayor proporcionalidad para que la pluralidad social se vea también representada de manera justa y equitativa. Pero lo que nadie me quita es que las terceras fuerzas políticas en toda Europa superan el 20% de los votos emitidos con independencia del modelo electoral, mientras que en España, superar el 10% de los votos ya es un éxito para IU, no hablemos de UPyD u otros. Supongo que en la manera que tienen los pequeños de hacer las cosas, con poca vocación de alternativa y sí mucha de marginalidad, algo tiene que ver en tan pobres resultados. Supongo que será difícil sumar cuando sólo te preocupa la “pureza ideológica” de tus compañeros.
Entonces, ¿por qué he vuelto a sentarme frente al ordenador a escribir? Muy sencillo, porque de lo contrario reviento. Con todo lo que está cayendo, con tantos sobren que van y viene, por Génova y por la Fundación Ideas, un servidor está necesitado de decir alto y fuerte: VAYANSÉ A LA MIERDA, COÑO, A LA MIERDA.
Animal spirits
En economía, se habla de animal spirits para hacer referencia al papel que juega la psicología – o más bien la sociología – en la resolución de las crisis económicas. Es un término heredado de las doctrinas de Keynes. En parte – y todos los economistas lo reconocen – la economía depende más de los estados de ánimo que de los propios fundamentos económicos. Si creemos que la economía irá bien, irá bien; pero si dudamos de nuestras posibilidades, sin duda que la cosa se estropeará aún más. Estos animal spirirts son los que están detrás de los brotes verdes de Zapatero, que sólo él veía, o los datos positivos a los que aludía más recientemente la Ministra Fátima Ibáñez, sin especificar ninguno.
Pero de nada sirven las opiniones positivas cuando se ha castigado a la población con el famoso “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. El discurso abanderado por el PP – y una gran parte del Psoe – ha generado un clima nocivo de resignación. La sociedad española es presa de un sentimiento de culpabilidad que atenaza sus esperanzas y limita cualquier posible oportunidad de crecimiento.
Durante años, el bipartidismo y toda su batería mediática nos ha bombardeado con mensajes negativos. Es el momento de cambiar el chip y apostar por un refuerzo positivo que ponga en valor todas las cosas buenas que hay en España. Y son muchas, aunque la amargura del momento nos impida disfrutarlas.
Sin embargo, el gobierno no logrará invertir el estado de ánimo de los españoles si sus mensajes no se acompañan de una coherencia en la acción política. Mientras los recortes, los repagos, los impuestos y las privatizaciones sin liberalización continúen siendo la noticia de cada mañana, los españoles seguiremos sin creer en los brotes verdes, sumergiéndonos cada vez más en la actual crisis.
Necesitamos optimismo, confianza en nosotros mismos, emprendimiento, coraje, valor, pero sobre todo, necesitamos gestos. Y el gobierno de Rajoy anda bastante parco en cuanto a gestos ciudadanos se refiere. La ley hipotecaria y los desahucios son una buena oportunidad para unir a todos en una lucha común y hacernos creer en la victoria. Frenar el drama de los desahucios no sólo es una exigencia moral, también una inyección de confianza y amor propio a una sociedad que ha bajado los brazos y se ha rendido ante la crisis.
Desde el 2008 se ha culpado a la sociedad de la situación. Desde el 2008 nos han bombardeado con mensajes desesperanzadores, catastrofistas, inevitables. Si uno lee algunos discursos económicos parece que se hablase más de un castigo divino a nuestros muchos pecados que de un proceso social. Romper esa dinámica será difícil y demanda algo más que palabras. Precisa de gestos que aúnen fuerzas y generen confianza en los ciudadanos, porque al final, los que sacarán a España de la crisis no serán los bancos ni los mercados, seremos usted y yo, y nuestros vecinos. La gente de la calle es la que sacará a España de esta situación, por eso es tan importante que la sociedad vuelva a tener confianza en lo que podemos lograr si nos lo proponemos.
Rajoy, encerrado tras los muros mediáticos que lo protegen, está dejando pasar demasiadas oportunidades de cambiar las cosas. O lo que es igual, está dejando pasar demasiadas oportunidades para cambiar el estado de ánimo de la sociedad. Y este es el gran error de su gestión.




