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El precio de la corrupción

28/01/2013 1 comentario

El diario ABC publicaba esta mañana un artículo en el que se detalla el coste económico para el país de la corrupción en España. Con sólo sumar la cuantía económica presuntamente ilícita que se manejan en los quince casos de corrupción más graves de los últimos diez años, la cantidad asciende a 6.839 millones de euros, más que el valor de Twitter y hasta mil millones más que el presupuesto del Ministerio de Defensa para este 2013. Equivale, según cifras aportadas por el mencionado periódico, a 121 veces las subvenciones que recibe Cáritas y Cruz Roja, que logran, con apenas 56 millones de euros al año del Estado, atender las necesidades básicas de más de un millón de personas.

Las cifras hablan por sí solas. Lo protagonistas de este saqueo demuestran que es un problema transversal, que afecta a todos los partidos e instituciones públicas; situación que exige una revisión en profundidad de la legislación actual. Es imprescindible acometer cambios legislativos que garanticen que estos delitos de guante blanco no vuelvan a producirse. Un cambio de modelo que permita a los ciudadanos volver a confiar en las administraciones y la política como herramienta para mejorar la sociedad.

Los dos grandes partidos (y algunos pequeños) juegan al gato y al ratón con los ciudadanos. Aseguran que la mayoría de los políticos son honrados y que no puede meterse a todos en el mismo saco. Pero el problema de la corrupción no es un problema de calidad, no de cantidad. Basta una sola manzana podrida para echar a perder todo el cesto; es sólo cuestión de tiempo. Deje una manzana podrida junto a las demás y verá que pronto todas se pudren. El problema de la corrupción no está en el número de corruptos, que quizás sea sólo del 1%, el problema está en la manera en la que el otro 99% se enfrenta a este cáncer social.

No basta con declaraciones del tipo: <<no me temblará la mano>>. Hay que lograr que lo que tiemble sean las patillas de los delincuentes y los corruptos; y para lograrlo, hay que hacer algo más que brindis al sol y auditorías. Hay que mojarse y cambiar la manera de hacer las cosas.

Nadie cree a Rajoy ni a Rubalcaba cuando aseguran que combatirán la corrupción. Nadie los cree porque no dan motivos para que seamos crédulos, más bien todo lo contrario. ¿Quieren poner en valor la política y lograr que su palabra genere confianza en los ciudadanos? Es fácil, sólo hay que hacer unas pocas reformas, bastantes más necesarias, por cierto, que muchas de las que están dosificando desde que llegaron al poder:

1)      Endurecer las penas por delitos de corrupción, cohecho, prevaricación, apropiación  indebida y blanqueo de capitales.

2)      Excluir los delitos de guante blanco de la potestad de indulto y derecho de gracia del gobierno.

3)      Dotar a la Audiencia Nacional de medios sobrados para la investigación, persecución y juicio de estos delitos.

4)      Supresión de los puestos de libre designación. Que los cargos de confianza estén limitados en su número y sean ratificados por los plenos parlamentarios o municipales, según proceda.

5)      Listas abiertas y limitación de mandatos. Los ciudadanos exigimos que aquel al que votamos de cuentas de su gestión ante los mismos ciudadanos que lo eligieron y no ante el partido.

Mientras estas cinco medidas, como mínimo, no sean asumidas y puestas en marcha por el gobierno, muchos seguirán creyendo que en las cloacas inundan y los palacios.

 

http://www.abc.es/espana/20130128/abcp-millones-sumidero-corrupcion-desde-20130128.html

¿Un gobierno de concentración?

03/08/2012 1 comentario

El 19 de julio se reunieron en el hotel Wellington de Madrid un nutrido grupo de personalidades de la política, entre las que destacaba Jose Bono, Marcelino Orejea, Carlos Solchaga, Acebes y Suarez Pertierra. ¿Qué hablaron? Nadie puede asegurar nada, pero para muchos, esta ha sido una de las reuniones “discretas” que están teniendo lugar durante este verano para preparar el camino a un posible gobierno de concentración o unidad nacional.
Las reuniones implicarían también a conocidos periodistas y empresarios. Tendrían como objeto diseñar la agenda oculta de una transición hacia un gobierno PP-Psoe, que podría tener también la participación de algunos grupos nacionalistas y de Upyd. El gobierno estaría formado por un grupo de tecnócratas acompañado de algunos líderes políticos de las formaciones que darían apoyo parlamentario a este ejecutivo.
Algunos movimientos por parte de los sindicatos y las principales corporaciones profesionales tienen también este objetivo. En este caso, se tratará de garantizar una relativa paz social mediante el control de las convocatorias de movilización y la crítica a las medidas que adopte el nuevo gobierno.
Durante las próximas semanas y meses escucharán bastante la necesidad de que los dos grandes partidos pacten las reformas. Incluso podrán apreciar un llamamiento por parte de medios de comunicación cercanos al PP y al Psoe, pidiendo el gobierno de concentración.
Es la respuesta que el bipartidismo daría en caso de una intervención del Estado. También es posible que se planteé el gobierno de concentración si la situación económica y social empeora aún más.
Que nadie se lleve a engaños. No es el patriotismo ni la emergencia nacional lo que justifica esta decisión. Lo único que se pretende es garantizar la continuidad del bipartidismo y evitar un cambio radical en el panorama político. El Psoe teme que en España pueda ocurrir igual que pasó en Grecia, que la izquierda antisistema los supere en votos. El PP teme una escisión interna y un final parecido al que sufrió el CDS. Para evitarlo están dispuestos a cualquier cosa.
Rajoy es de los pocos que está trabajando para evitar esta eventualidad. Sin embargo, si la situación sigue empeorando, arreciarán las presiones desde su propio entorno y quizás se vea en la obligación de claudicar. El partido socialista ya ha advertido de hasta dónde está dispuesto a llegar para forzar el gobierno de concentración: la ya famosa campaña en las redes sociales “en defensa de Andalucía” es un ejemplo de cómo el Psoe está dispuesto a utilizar a la mayor comunidad autónoma de España como ariete contra la Moncloa. Si es necesario “forzar una crisis” institucional que enfrente a las autonomías con el gobierno de España lo harán sin dudarlo.

 

EL PP cada día más solo

Las encuestas demuestran que el PP cada día está más solo. Apuntes hacia donde apuntes todos son datos negativos. La encuesta publicada de Metroscopia muestra una caída de casi quince puntos en intención de voto en ocho meses. La mitad de esta pérdida en la intención de voto tras las medidas aprobadas contra desempleados, funcionarios y la subida del IVA.

Rajoy resiste en su torre de cristal, pero abajo ya están preparando maneras de hundirle. Más del 80% de la población rechaza sus medidas. Incluso sus votantes incondicionales comienzan dudan de las decisiones del gobierno.

Los empresarios están cada vez más cerca del divorcio. Las encuestan sobre la opinión que tienen los empresarios de la gestión de Rajoy, son menos críticas, pero igual de mayoritarias en su contra. Nadie cree que se esté haciendo lo suficiente.

El Psoe no logra mejorar subir en intención de voto más de un punto. Iniciarán una campaña para que la gente recuerde las medidas sociales de Zapatero y así intentar combatir el “todo son iguales” y esa desafección que sienten los ciudadanos hacia los políticos, pero en especial hacia el bipartidismo, el cual es posible que comience a resquebrajarse. De hecho, es la primera vez que la suma de PP y Psoe en las encuestas roza el cincuenta por ciento del apoyo. Ahora mismo, los dos partidos obtendrían una 54 – 55% de los votos. IU sube hasta un 12% y Upyd se acerca al 10%. Nunca se ha estado tan cerca de acabar, de una vez por todas, con el bipartidismo.

Sin embargo, la lucha será aún muy larga. El Psoe está movilizando a toda su extraordinaria red clientelar, formada por sindicatos y oneges. El PP, por su parte, quiere ganarse el apoyo seguro de la Iglesia y concederá cuanto le pida en cuestiones legislativas (aborto, matrimonios gays, privilegios fiscales, etc.). También los medios de comunicación van a jugar un papel importante para erosionar la imagen de las alternativas al bipartidismo. En especial temen a Upyd. Saben que IU se rompe sola, que no suele ser fiable a medio y largo plazo. Pero la formación de Rosa Díaz puede ser muy diferente.

Queda mucho tiempo para saber si finalmente se acaba con el  bipartidismo, esta pseudo democracia que hemos vivido hasta el momento. Rajoy luchará por aguantar todo el tiempo posible. Las autonómicas y municipales serán el verdadero barómetro. Pero falta todavía que se implementen reformas legislativas que apuntalaran el bipartidismo y aparezcan nuevos actores. Aún no es tiempo para cantar victoria. Lo único que queda claro en las encuestas es que a Rajoy no lo quiere nadie. 

La deslealtad de los ricos

Que las élites de nuestro país jamás se han comprometido con España es algo que viene de lejos. Los millones que huyen de la incertidumbre económica hacia paraísos fiscales es una prueba de ello. La manera de hacer empresa, también.

Ahora vienen algunos empresarios, como el dueño de Mercadona, el señor Juan Roig, ha decirnos que <<si no trabajamos más seremos intervenidos>>. La frase es desafortunada en cualquier circunstancia, pero en los momentos presentes, con las incertidumbres que sufre el país, la compleja situación política de la UE y la presión sobre la Prima de Riesgo es una deslealtad intolerable.

El señor Juan Roig, que hace poco deseaba vernos trabajar <<como chinos>>, habría que recordarle que los problemas económicos de España tienen su origen en un modelo sustentado en sectores de escaso valor añadido (como el suyo, por ejemplo) y la baja productividad. Y en ambos casos la causa es de los empresarios.

La asignación de recursos a sectores de escaso valor añadido es resultado de la decisión de los inversores (es decir, los empresarios) que buscan dinero fácil y rápido, en vez de apostar por inversiones sostenibles y que beneficien a todos los elementos de la ecuación: empresario – trabajador – cliente.

Por mucho que ahora algunos vayan de patriotas, a nadie ha importado menos España que a los empresarios españoles.

La falta de productividad se debe, como ha señalado el Informe de la Oficina Internacional del Trabajo, a las siguientes IV causas:

a)      Trabajo suplementario debido a deficiencias en el diseño y especificaciones.

b)      Trabajo suplementario debido a métodos ineficaces de producción o funcionamiento.

c)      Tiempo improductivo por deficiencias en la dirección.

d)      Tiempo improductivo que el trabajador debe subsanar.

Dicho de otro modo, en tres de las cuatro causas de la baja productividad los culpables son los equipos directivos, es decir: los empresarios. Vd. Señor Roig.

Ni Vd. Ni ningún empresario tiene derecho a decir que los trabajadores no hacen lo suficiente. ¿Por qué entonces somos demandados desde el extranjero? Muchos jóvenes españoles están saliendo a buscarse la vida fuera de España: ganan más dinero y disfrutan de mejores condiciones laborales. De hecho, la fuga de cerebros no es nueva, no ha llegado con la crisis, solo se ha intensificado; desde hace veinte años, los investigadores y los mejores de cada sector se marchaban fuera.

En España hay problemas, muchos problemas, se llaman muchos malos empresarios.

¿Qué hay de lo mío?

Llegar al gobierno cuesta, pero mantenerse es un trabajo aún más duro. Y lo es porque con los éxitos llegan también los cobradores. Aquellos que te apoyaron, sostuvieron e incluso hicieron posible que estuvieses en condiciones de presentar batalla cuando estabas en la oposición pasan el cepillo. Pasa siempre, pasa a todos. El gobierno de Rajoy no es una excepción. Tras un inicio de legislatura dubitativo, y aún con la prudencia que exige la proximidad de las elecciones andaluzas, el PP ha pisado el acelerador y comienza a gobernar conforme a un proyecto ultraconservador.

La Iglesia y los empresarios ya han empezado a cobrar las facturas por los servicios prestados. Los grupos de presión que lograron arropar al PP durante su fría estancia en la oposición se frotan las manos, sabedores de las suculentas rentas que les va a proporcionar sus inversiones.

Cuando ha gobernado la izquierda, ha intentado hacerlo sin molestar en exceso a nadie, mirando a ambos lados de la calle antes de cruzar. En exceso servil y conciliador se mostró Zapatero con la Iglesia Católica, a pesar de la ingratitud de esta hacia él y los insultos que proferían mezclados con infamias de la peor calaña desde los medios de comunicación afines a los sectores más reaccionarios del clero. Incluso la Ley para la Libertad Religiosa se dejó marchitar en un cajón para no incomodar, para no entrar en la confrontación directa y gobernar desde una sensibilidad común para todos los españoles, fuesen o no creyentes.

Pero la derecha no suele ser tan exquisita. Le importa un pimiento si rompe la paz social o se lleva por delante los derechos laborales y sociales que han sido la base de nuestra convivencia. Lo suyo es la verdad absoluta, la verdad revelada, rendir cuentas solo ante Dios y la historia. No han tenido escrúpulos en usar cualquier cosa contra el gobierno socialista, incluso la lucha antiterrorista, ni lo tendrán ahora para imponer su modelo social y apuntalar los privilegios de las clases más pudientes.

Lo hacen por vocación, y porque no les queda más remedio. Ahora gobiernan, y quienes le prestaron su apoyo están dispuestos a ejecutar las garantías si no se les devuelve lo prestado más sus correspondientes intereses. Desde que Rajoy ganó las elecciones, los grupos más ultraconservadores del neocatolicismo hacen cola en la puerta de la Moncloa para preguntar ¿Qué hay de lo mío? 

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