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Evo Morales expropia la filial de Red Eléctrica Española en Bolivia

Se veía venir. Hace veinte años, España era celebrada como un país modélico. Una joven democracia que había dado carpetazo a sus fantasmas y avanzaba unida hacia un futuro prometedor. Fruto de ese espíritu, la percepción que tenían en América Latina de los españoles era inmejorable.

Una excelente política exterior nos había convertido en el amigo de todos. La Agencia de Cooperación Internacional ayudaba, junto con el papel de las ong, a consolidar la imagen exterior de España como país amigo, un país sensible a las reivindicaciones de los más necesitados y respetuosa con el orden político de cada país. Las cumbres Iberoamericanas eran una promesa de amistad y un puente entre dos continentes.

Pero una sucesión de errores en la orientación de nuestra política exterior nos ha llevado a una situación de difícil salida. La adquisición de una posición dominante en los sectores energético, financiero y de las telecomunicaciones por parte de nuestras multinacionales ha transformado la percepción de España en el continente. Una percepción que ha pasado de buena a negativa por culpa también de nuestros errores. No podemos abstraernos del deber de hacer autocrítica y reconocer que muchas de las prácticas llevadas a cabo en América Latina por nuestras empresas son manifiestamente abusivas e injustas. Cierto que no menos abusivas e injustas que las practicadas en España por esas mismas empresas. Sin embargo, en el exterior, no solo se ponía en juego el desencanto del consumidor, sino también la imagen misma de nuestro país.

Los gobiernos de diferentes signos políticos han tolerado abusos y prácticas comerciales y empresariales que han terminado por generar la desconfianza por parte de los consumidores. Y si esto ha ocurrido en España, no resulta difícil comprender cuanto más ha podido perjudicar nuestra imagen en el extranjero.

La falta de transparencia en algunas ong, la dependencia de estas de las ayudas públicas, la falta de proyectos innovadores de verdad, la profesionalización de una parte del voluntariado, la financiación de proyectos a través de entidades confesionales con intereses propios y con frecuencia distintos a los de España en la región, etc. Tampoco ayudó a conservar el prestigio que habíamos logrado entre nuestros hermanos latino-americanos.

El trato dispensado a los emigrantes en España. Trato que algunos consideran incluso vejatorio. Una acusación injusta, pero que demuestra los errores que España ha cometido a la hora de enfrentarse al reto de la inmigración, así como problemas estructurales de nuestra sociedad que se ceban en los más débiles y la incapacidad de transmitir dentro y fuera de nuestras fronteras la realidad del proceso de inmigración.

Tampoco ayuda en nada la imagen que transmiten de España algunos socios de la Unión Europea. La actitud de Alemania hacia los países mediterráneos es una agresión a la imagen de todos nosotros, una agresión a la imagen de españoles, italianos, portugueses y griegos. Una mala prensa que también ha minado nuestro prestigio y transformado la percepción que de España se tiene en América Latina.

Estados Unidos, nuestro otro gran aliado, prefiere no inmiscuirse en más conflictos de los necesarios. Entre otras cosas, España ha sido su gran competidor en América Latina durante todos estos años. Años en los que hemos sido incapaces de estrechar de verdad lazos con los Estados Unidos, apostando por un modelo de inversión conjunto en América Latina que contribuyese al beneficio de ambos países, pero sobre todo a un desarrollo sostenible de la región. Dicho de forma poética: USA y España deberían haber sido el padre y la madre de América del Sur, y nos hemos convertido en padrastros divorciados.

Para colmo, la política exterior de Rodriguez Zapatero fue de lo más torticera. Me duele decirlo, pero la verdad es que no fue capaz de comprender la naturaleza de las relaciones internacionales y hacer que las reglas del juego le favoreciesen.

Ahora, aprovechando la debilidad de nuestra economía y la actitud de Rajoy, más propia de un monje que de un líder, primero Kirchner y ahora Morales, atacan deliberadamente nuestros intereses en el extranjero. Y puede que no sean los únicos. Puede también, que no todos los golpes vengan desde América Latina; de estar en la piel de Rajoy no dejaría de vigilar lo que pueda hacer Marruecos en los próximos meses aprovechando la debilidad que muestra España.

El Gobierno debe restablecer lazos privilegiados con Washington y Londres, algo en lo que ya trabaja el Ministro García – Margallo, el único Ministro que salvaría de este gobierno. Debe también liderar la construcción de un frente Mediterráneo en el seno de la Unión Europea y mostrarle los dientes a Merkel, dejando claro que España saldrá del euro si el euro no toma las medidas adecuadas para la recuperación económica. España perderá, pero más perderá Alemania; y lejos de creer que nos precipitaremos hacia un vacio internacional, recuperaremos parte del prestigio de país recto y justo, algo que abre más puertas que la sumisión.

Por último, y en lo que concierne a las demás fuerzas políticas, sociales y ciudadanas, debemos estar unidos y respaldando las decisiones del gobierno en la defensa de nuestros intereses en el extranjero.  Sé que Rajoy, el cobarde, como muchos lo apodan ya, no se enfrentará a Merkel, pero confío en que las circunstancias fuercen el declive de la Canciller en Europa y Rajoy sepa aprovecharlo. Si confío, sin embargo, en que el gobierno sabrá actuar como debe ante este ataque a nuestros intereses. O al menos, espero que así sea. 

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