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El precio de la corrupción
El diario ABC publicaba esta mañana un artículo en el que se detalla el coste económico para el país de la corrupción en España. Con sólo sumar la cuantía económica presuntamente ilícita que se manejan en los quince casos de corrupción más graves de los últimos diez años, la cantidad asciende a 6.839 millones de euros, más que el valor de Twitter y hasta mil millones más que el presupuesto del Ministerio de Defensa para este 2013. Equivale, según cifras aportadas por el mencionado periódico, a 121 veces las subvenciones que recibe Cáritas y Cruz Roja, que logran, con apenas 56 millones de euros al año del Estado, atender las necesidades básicas de más de un millón de personas.
Las cifras hablan por sí solas. Lo protagonistas de este saqueo demuestran que es un problema transversal, que afecta a todos los partidos e instituciones públicas; situación que exige una revisión en profundidad de la legislación actual. Es imprescindible acometer cambios legislativos que garanticen que estos delitos de guante blanco no vuelvan a producirse. Un cambio de modelo que permita a los ciudadanos volver a confiar en las administraciones y la política como herramienta para mejorar la sociedad.
Los dos grandes partidos (y algunos pequeños) juegan al gato y al ratón con los ciudadanos. Aseguran que la mayoría de los políticos son honrados y que no puede meterse a todos en el mismo saco. Pero el problema de la corrupción no es un problema de calidad, no de cantidad. Basta una sola manzana podrida para echar a perder todo el cesto; es sólo cuestión de tiempo. Deje una manzana podrida junto a las demás y verá que pronto todas se pudren. El problema de la corrupción no está en el número de corruptos, que quizás sea sólo del 1%, el problema está en la manera en la que el otro 99% se enfrenta a este cáncer social.
No basta con declaraciones del tipo: <<no me temblará la mano>>. Hay que lograr que lo que tiemble sean las patillas de los delincuentes y los corruptos; y para lograrlo, hay que hacer algo más que brindis al sol y auditorías. Hay que mojarse y cambiar la manera de hacer las cosas.
Nadie cree a Rajoy ni a Rubalcaba cuando aseguran que combatirán la corrupción. Nadie los cree porque no dan motivos para que seamos crédulos, más bien todo lo contrario. ¿Quieren poner en valor la política y lograr que su palabra genere confianza en los ciudadanos? Es fácil, sólo hay que hacer unas pocas reformas, bastantes más necesarias, por cierto, que muchas de las que están dosificando desde que llegaron al poder:
1) Endurecer las penas por delitos de corrupción, cohecho, prevaricación, apropiación indebida y blanqueo de capitales.
2) Excluir los delitos de guante blanco de la potestad de indulto y derecho de gracia del gobierno.
3) Dotar a la Audiencia Nacional de medios sobrados para la investigación, persecución y juicio de estos delitos.
4) Supresión de los puestos de libre designación. Que los cargos de confianza estén limitados en su número y sean ratificados por los plenos parlamentarios o municipales, según proceda.
5) Listas abiertas y limitación de mandatos. Los ciudadanos exigimos que aquel al que votamos de cuentas de su gestión ante los mismos ciudadanos que lo eligieron y no ante el partido.
Mientras estas cinco medidas, como mínimo, no sean asumidas y puestas en marcha por el gobierno, muchos seguirán creyendo que en las cloacas inundan y los palacios.
http://www.abc.es/espana/20130128/abcp-millones-sumidero-corrupcion-desde-20130128.html
El general que equivocó la estrategia
Desesperado, perdido, esquivo, el general que equivoco la estrategia observa incrédulo cómo masacran a sus soldados. Podría tocar retirada. Pero no lo hace. A estas alturas de la carnicería, con los batallones rodeados, la retirada sería una matanza. Además, en el fondo de su ego, cree que los soldados son los culpables. Esa chusma debilucha de infantería no ha luchado como debiera, piensa para sus adentros. El general nunca fue educado para reconocer sus errores.
Claudica. Y traga con todo. Que hay que subir el IVA, pues se sube. Computar más años en las pensiones, pues también, ¡faltaría más! ¡Contrariar al señorito! ¡Habrase visto tanta insolencia! Rajoy ha decidido vendernos, y vendernos barato. Recortará los subsidios de desempleo, eliminará deducciones fiscales, impulsará más recortes sociales y más subida de impuestos.
Los soldados, ajenos a los que los generales discuten enfundados en trajes caros y bebiendo buen vino, dándoselas de hostias contra todos. Así, a cara descubierta, como se hacían las cosas antes. Con un par bien puestos. Apenas tenían armas con las que combatir, pero les bastó con los bolines de hierro que les colgaban entre las piernas.
¿Cuántos soldados quiere? Si, unos miles más. Enseguida se los pongo para que usted los pase por la picadora. Faltaría más. Por favor, con lo buenos amigos que hemos sido siempre. Pero le pediría que, la próxima vez, emplee vaselina. Gracias. Qué bien, nos van a dar un año más para cumplir el déficit. ¿Y de lo pactado? Ya, que no es el momento, claro, si yo no quería importunar.
La prima de riesgo por las nubes. La solución pasa porque el BCE compre la deuda de los países asediados por la especulación financiera. Pero no lo hace. No le da la gana. Es juez y parte. El no dispara los obuses que están destruyendo las bases de la economía española, pero sale beneficiado de que nos vayamos todos al carajo. Rajoy debería exigir una solución inmediata al problema del déficit antes de aceptar ninguna contraprestación. O nos salvamos todo o vuelo el barco. Así de simple. Europa responde a la llamada de sus aliados y socios o hacemos estallar el euro y que cada perro se lama su cipote. Pero no lo hace. Tiene miedo.
Rajoy podría haber sido ese general valiente que se pone al frente de las tropas y grita: ¡que el último de los nuestros mate al último de los suyos! Pero no lo hace. Tiene miedo. Le falta lo que le sobra a sus soldados. La historia de España, siempre pariendo buenos soldados y ni un maldito general decente.
Al dos le sigue el tres
Si, ya lo sé, es una perogrullada; pero me viene que ni pintada para ilustrar lo que está siendo el eje de gobierno de Rajoy: los incumplimientos.
- Durante la campaña electoral aseguró que no subiría los impuestos. Y le faltó tiempo para subirlos nada más dormir las primeras noches en el palacio de la Moncloa.
- En las elecciones prometió no abaratar el despido. Y ha impulsado una Reforma Laboral que no sólo abarata el despido, es el mayor ataque a los derechos laborales de la historia española.
- El tercero viene de camino: acabar con el Estado Social. ¿Cuántas veces le hemos escuchado a él y a los suyos asegurar que no tocaría la sanidad ni la educación? Muchas. Tantas que hace solo una semana, la sanidad era intocable. Pero han vuelto de la Semana Santa, y tras sus ejercicios espirituales, la sanidad se ha convertido en insostenible. Lo que en el lenguaje de Rajoy significa: reducción de la cartera de servicios sanitarios y repago por la atención médica en los hospitales públicos.
Dos de las mentiras del PP ya son un hecho. A la tercera le queda nada para hacerse realidad.
El Gobierno Perdona a los Defraudadores
El gobierno presidido por Mariano Rajoy, no contento con acabar con el estado social, quiere también liquidar el estado de derecho. ¿Somos todos los españoles iguales ante la ley? No. El empresario o profesional adinerado e insolidario que tiene la costumbre de defraudar a hacienda es más que usted y que yo; más incluso que aquel que en su misma situación paga con puntualidad sus impuestos.
Defraudar a hacienda es un delito, pero los delincuentes de guante blanco nunca van a la cárcel en la España de Rajoy. A ellos se les perdonan los impuestos, los intereses, y la comisión misma del delito.
El gobierno de Rajoy, en vez de luchar contra el fraude, se dedica a perdonar los impuestos a los más ricos y aprueba una amnistía fiscal que permitirá tributar por las rentas no declaradas un 10%, cantidad sensiblemente menor a la que debería haber pagado en su momento.
Cada día está más claro que este gobierno ha olvidado el interés general y solo legisla para la plutocracia reinante. No contentos con aprobar una subida de impuestos que perjudica a las clases medias e imponer una reforma laboral que sitúa nuestro mercado del trabajo en condiciones similares a la de países como China o Taiwán, ahora pretenden perdonar a quienes estafaron a hacienda sus responsabilidades civiles y penales.
Algunos aún no se han enterado
Hay crisis económica. Eso es cierto, pero también lo es que una política fiscal más justa y una lucha eficaz contra el fraude serían suficientes para acabar con el déficit público y obtener los recursos necesarios para impulsar la recuperación económica. ¿Por qué no se hace? Porque lo que nos estamos jugando realmente no es la sanidad o la educación – que también –, sino el ser ciudadanos o súbditos.
La crisis está facilitando la coartada para que los sectores más ultraconservadores puedan desarrollar una agenda involucionista que, en última instancia, pretende socavar los principios más elementales de la democracia.
Para la derecha, la democracia es solo un trámite a ejercer cada cuatro años. Sin embargo, democracia es algo mucho más profundo y que define no solo la forma de gobierno de un país, sino también la relación de los individuos entre sí y de estos frente al estado.
El hecho de que se busque recortar el déficit restando calidad a los servicios públicos y no combatiendo el fraude fiscal, en especial cuando el 70% de este fraude es responsabilidad de las grandes fortunas, las empresas que facturan más de 150 millones al año y los bancos, supone la existencia de individuos con obligaciones fiscales y la de otros con derecho a eludirlas según se les antoje.
Si la concentración de la oferta ya es un problema para el pequeño comercio, además tiene que competir con multinacionales que defraudan al fisco mientras que a él hacienda y la seguridad social apenas le dejan respirar.
El fraude fiscal supone, de facto, que todos los españoles no somos iguales ante la ley, y en consecuencia, unos tenemos más obligaciones que otros. Además, los pequeños y medianos empresarios y los asalariados, no solo tienen más obligaciones hacia el estado, además reciben menos de él.
Los cambios a los que estamos asistiendo no son solo económicos, son modificaciones de la propia esencia de lo que significa un estado social y democrático de derecho, supone la supresión de los derechos de ciudadanía, convirtiéndonos a todos en súbitos de los mercados financieros.
Señor Rajoy:
Señor Rajoy:
Usted suele decir que España es un país serio y confiable. Es algo que siempre me ha gustado de usted, su optimismo. También, su defensa a ultranza de España, un patriotismo que no es ni de derechas ni de izquierdas y que debería impulsar a todos. Sin embargo, la tozuda realidad viene a despertarnos de nuestro sueño y a mostrar una verdad que nada tiene que ver con lo que nos gustaría, pues:
1/ Un país serio es aquel en el que todo el mundo paga por igual sus impuestos. En España se defraudan 90.000 millones de euros.
2/ Los gobernantes de los países serios explican las decisiones que toman a los ciudadanos; usted es parco en las comparecencias y antes de impulsar ninguna medida acude ante Merkel para recibir el visto bueno.
3/ En los países serios se respeta las creencias religiosas de los individuos, se garantiza la organización de las diferentes confesiones religiosas y se protege eso que se ha venido a llamar el hecho religioso; pero nunca, nunca, nunca, se privilegia una confesión religiosa sobre las demás ni se legisla siguiendo el dictado moral de los líderes religiosos de una confesión.
Solo con la lucha contra el fraude lograríamos acabar de una vez por todas con el déficit púbico. Si además, las decisiones se explican a los españoles y se adoptan guste o no guste a Alemania, los españoles sentiríamos haber recuperado nuestra soberanía. Por último, el fin del concordato y los privilegios de la Iglesia, no solo ahorraría mucho dinero al estado, también haría sentir que viven en un país serio a todos esos españoles – tan españoles como usted y como yo – que no son religiosos o profesan creencias religiosas distintas a la católica.
Lacras
España sufre su historia, igual que cualquier otro país. Todos los pueblos son herederos de su pasado, el más lejano y el más próximo. Hábitos y prácticas que parecen formar parte del ADN que nos define como nación. Pero el éxito o fracaso de una sociedad no está en negar la realidad, sino en enfrentarse a ella con la diligencia necesaria.
La picaresca española siempre ha sido objeto de chistes y bromas. Retrato más o menos caricaturesco de la sociedad y sus métodos. Trápalas han acampado siempre por nuestras élites, y siempre hemos sido conscientes de ello. Nuestra historia es, en buena parte, consecuencia de la sucesión alarmante de políticos corruptos y curas fanáticos.
Cuando alguien entra en política, siempre hay quien, en su entorno más próximo, dice entre risas aquello de: trinca lo que puedas. Y es que en España, hablar de honestidad en la política es como hablar de los unicornios o las sirenas, animales mitológicos.
De ese ejemplo tan poco edificante, han aprendido los empresarios. No solo ellos, por supuesto, getas y cara duras los encontramos en todas partes y de todas las edades y condiciones sociales. Pero en un país en el que la economía sumergida mueve cantidades equivalentes a una cuarta parte del producto interior bruto, sería obsceno no dar un toque de atención a quienes deciden cobrar o no el IVA, minorar los ingresos reales en el impuesto de sociedades o contratar sin dar de alta en la seguridad social a un trabajador. Claro que existen empresarios honrados: los llaman Quijotes.
90.000 millones de euros al año es la cantidad que se defrauda al fisco en nuestro país. El 72% de este fraude monumental proviene, según la mayoría de los estudios realizados, de las grandes fortunas, de empresas que facturan más de 150 millones al año y de las entidades financieras y de crédito. ¡Solo con recaudar la mitad del fraude fiscal reduciríamos el déficit público por debajo del 3% previsto para el 2013!¡Sin tocar la sanidad, la educación, las inversiones en I+D o el sueldo a los pensionistas!
¿A que está esperando Rajoy?
Hacia el segundo incumplimiento electoral
Durante la campaña electoral, Rajoy y el resto del PP defendieron la conveniencia de bajar los impuestos. La razón era sencilla: menos impuestos, más dinero en manos de los ciudadanos, ergo más consumo y mejora de la economía gracias al aumento de la demanda interna del país. Quedaba por resolver cómo el gobierno podría sanear sus cuentas si, endeudado como está, baja sus ingresos. No hay problema, para eso está la llamada curva de Laffer, o lo que es lo mismo, la conjetura de que una bajada de impuestos eleva los ingresos porque se produce menor fraude fiscal.
La realidad, tozuda, se le impone, y nada más sentarse a presidir el Consejo de Ministros, Rajoy – Soraya, deciden subir el IRPF. Y es que una cosa es predicar y otra dar pan. Es evidente que lo sabían antes de ganar las elecciones y mintieron para evitar una pérdida de votos. Lo contrario, es decir, que la subida de impuestos fue improvisada tras la toma de posesión y el acceso a las cuentas públicas, es más preocupante, pues supone que el gobierno no tiene ni idea de hacia dónde se dirige y cuáles son las medidas que el país necesita.
Soy de quienes creen que Rajoy y el PP mintieron sobre los impuestos. ¿En qué otras cosas engañaron a la opinión pública? Apuesto que en la creación del Banco Malo. Es decir, que los activos inmobiliarios devaluados por la crisis nos los comamos todos los ciudadanos. Puede que la forma no sea exactamente la que los medios de comunicación han estado aireando, y se busque un instrumento más sutil, como el Fondo de Garantía de Depósitos, para adquirir el suelo y sanear así los balances de las entidades financieras.
La alternativa – que parece no incomodar al ministro de economía –, sería elevar hasta en un 50% las provisiones de los bancos en relación a los préstamos con garantía inmobiliaria. Para simplificar la explicación: obligar a los bancos a reconocer sus pérdidas, aún maquilladas por una valoración al alza de sus activos inmobiliarios. Esta decisión supondría la bajada espectacular de los beneficios de los bancos y más de una quiebra – salvo que encuentren marido a entidades en peor situación –, razón por la que creo que no terminará de implementarse medidas de esta naturaleza. El gobierno se inclinará hacia la búsqueda de un instrumento que, evitando llamarlo Banco Malo, cumpla la misma función que esté: absorber los activos tóxicos.
Sé que me estoy lanzando al ruedo con esta predicción, difícil de precisar en el tiempo por la proximidad de las elecciones en Andalucía, pero estoy convencido que los expertos de marketing y social media del gobierno ya están pensando en cómo vendernos a los ciudadanos esta decisión.



