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El BCE está inactivo frente a la crisis

BCE-Crisis

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No lo digo yo, aunque bien saben que lo pienso, lo dice Arnaud Montebourg, ministro de Hollande al frente de la cartera de Recuperación Productiva. Y fue más lejos: << El BCE no se ocupa del crecimiento, no se ocupa de los parados, no se ocupa de la población europea>>. Es cierto que este ministro, conocido por su incontinencia verbal, es uno de los referentes mediáticos del ejecutivo de París y que sus declaraciones han de ser leídas en clave interna y no europea, pero es precisamente por esto por lo que resultan tan llamativas estas afirmaciones.

En Francia, cada vez es mayor la crítica hacia una UE gobernada por Alemania. Al frente de estas protestas están, sobre todo, los euroescépticos de siempre y la derecha de Le Pen, que incluso exige un referéndum para enero del 2014 sobre la continuidad de Francia en Europa. Sin embargo, el sentimiento de oposición a una Europa opaca y en manos de la todopoderosa Alemania cada vez es más hegemónico entre los franceses.

Algunos dirán que Francia siempre ha sido euroescéptica. Tienen razón, y tal como se están desarrollando los acontecimientos parece que tenían motivos sobrados para no desear una UE fuerte. Pero el hecho indiscutible es que, a medida que Europa cae en manos de Alemania, cada vez son más los europeos que reniegan de la Unión. Esta es la más grave de todas las consecuencias de las políticas austericidas que están impulsando desde Berlín: el fin del sueño europeo.

 

¿Encabezará Mario Conde un nuevo partido?

06/06/2012 4 comentarios

El Grupo Intereconomía se encontraba en las últimas. Desde un punto de vista financiero la empresa era ruinosa, pero enseguida comenzaron a llegar rumores sobre un caballero de reluciente armadura que estaría dispuesto a inyectar el dinero que necesitaban.

Se dispararon las quinielas y no fueron pocos quienes apuntaron hacia grupos cercanos al Arzobispado de Madrid. Posibles alianzas de desconocidos empresarios con el denominador común de pertenecer a conocidos grupos de presión de la Iglesia Católica.

Pero en las últimas jornadas se sumó un nombre nuevo: Mario Conde. Realmente no era un nombre nuevo, pues siempre estuvo en la lista, pero parecía que tenía pocas opciones. De hecho, ya intentó hace años hacerse con el control del grupo intereconomía, pero sólo logró una pequeña cuota de participación.

Génova, que ha tenido información fiable al respecto, ya da por sentado que la cadena será controlada por Mario Conde. La preocupación es máxima, pues consideran que el antiguo presidente de Banesto, utilizará la cadena para, en coordinación con la Fundación Civil que dirige, intentar crear un partido político.

Falta saber si el Partido de Mario Conde se situará a la derecha del PP, o a su izquierda. Es decir, si el empresario optará por un proyecto de centro reformista, al estilo de UCD, o acabará en posiciones ultraconservadoras al más puro estilo Le Pen. El tiempo y la línea editorial de la cadena lo dirán.

 

La ausencia verde

Las elecciones francesas  han sido un ejemplo de participación, lo que demuestra el gran interés que han despertado en una sociedad descontenta con su presenta y preocupada por su futuro. En este panorama pesimista, en el que se defienden políticas antisociales como si de verdades sagradas se tratase, los extremismos están logrando un hueco impensable hace apenas veinte años.

Es posible que la memoria de quienes se enfrentaron a los totalitarismos se haya perdido en la sucesión de generaciones. Los padres no han sabido inculcar a sus hijos los valores que aprendieron de los abuelos. Ya pocos recuerdan a figuras como Willy Brandt, quien luchó en la Guerra Civil Española junto a las Brigadas Internacionales en el bando Republicano; se exilió en Noruega y combatió el nazismo;  de regreso a Alemania, donde fue alcalde de Berlín y Presidente de la República Federal de Alemania, combatió también el totalitarismo del régimen comunista soviético. Ya nadie recuerda a tantos y tantos europeos que lucharon a favor de la libertad contra todos aquellos que la subyugaban. Una lucha que no entendió de fronteras ni razas ni religiones, una lucha entre los que creían en la convivencia libre y democrática de las personas y los que no creían en la libertad y la tolerancia.

En este contexto de olvidos y crisis, los debates serenos pierden su voz frente a los ruidosos gritos de los fundamentalistas de todo tipo. Fundamentalistas del estado, de los mercados, o de la raza. Era previsible que, en este contexto, el movimiento ecologista se hundiese en Francia, quedando lejos de las expectativas de voto que habían despertado.

Al principio de la precampaña, los verdes franceses confiaban en alcanzar el 10% de los votos. Pero tras las elecciones de primera vuelta son de un triste 2,26%. Malos resultados que podemos atribuir al contexto anteriormente mencionado: una Europa que ha olvidado su pasado y que manifiesta su descontento en una peligrosa deriva populista. Pero también debido a los propios errores.

Recuerdo la Guerra de Troya, cuando Casandra advierte de lo que sucederá y nadie la cree. Las sociedades tienen por costumbre desterrar a los pájaros de mal agüero. Nadie quiere que se les advierta de sus errores y las nefastas consecuencias que tendrán, por eso la sociedad suele hacer oídos sordos a quienes manejan discursos catastrofistas. Prefieren a quienes culpabilizan a otros, como el populismo patriotero, de los males que sufren. Las organizaciones verdes deberían ser capaces de ofrecer un discurso en positivo. Por muy ajustado a la realidad que sea su discurso actual, carece de ilusión, de esperanza.

El Club de Roma llegó a unas conclusiones dramáticas, que después de cuarenta años no han hecho otra cosa que validarse. Unos cálculos que nos llevan a predecir un posible colapso de las economías y sociedades desarrolladas en torno a la década de los años treinta de este siglo. Incluso confiando en el papel redentor de la ciencia, capaz de lograr una energía barata y no contaminante antes de esta fecha, el Cambio Climático está tan avanzado que, si no logramos una reacción rápida, la última parte de este siglo está condicionada por el mismo. Términos como pobreza climática o emigración climática se volverán populares antes de 25 años. Un triste panorama que los ecologistas llevan décadas denunciando; sin embargo, como en el caso de Casandra, a pesar de lo real y urgente de su alarma, no serán escuchados a menos que sean capaces de articular un discurso positivo que evidencie las muchísimas oportunidades que ofrece un modelo sostenible en comparación con el actual, al margen de la necesidad de preservar nuestro planeta.

Otro freno para el desarrollo de los verdes es su posición sociológica. Aunque defienden la transversalidad de sus políticas, ocupan el espacio antisistema. Aquí, los verdes deberían aprender que el enemigo de mi enemigo no siempre es mi amigo. Por mucho que los movimientos antiglobalización cuestionen el modelo económico actual sus alternativas no siempre coinciden con las que ofrecen los verdes. En cualquier caso, los medios de los que se valen los movimientos anti sistema no son los adecuados para quienes optan a la participación política en las instituciones.

Un ejemplo lo tenemos con la candidata verde Eva Joly. Su imagen desfasada y antisistema le ha terminado perjudicando más que favoreciendo. Y es que aunque la gente desea candidatos no profesionales, que hagan una política diferente, cuando se encuentran ante esa posibilidad sienten miedo. Un miedo justificado, pues los pueblos se muestran siempre conservadores ante los cambios, más amigos de lo malo conocido que lo bueno por conocer; por eso, los candidatos deben ofrecer confianza e ilusión, deben ser capaces de conectar con los electores a niveles emocionales. No se trata solo de un discurso intelectual bien elaborado. Para lograr crecer electoralmente, el candidato debe ser capaz de lograr que los electores se identifiquen con él, o mejor dicho, que quieran ser como él.

¿Política espectáculo? Es verdad  que hay políticos que solo son productos de marketing, igual que hay actores que solo valen como cartel en los cines. Pero hay actores que, además de vender tienen talento; y al igual pasa con los políticos. Los verdes deben aprender que no basta con ser sólidos en sus principios, además hay que saber venderlos. 

¿Éxito de Hollande o derrota de Sarkozy?

23/04/2012 1 comentario

Apenas un punto separa a los dos candidatos que afrontan la difícil etapa de una segunda vuelta. Sin embargo, ya se pueden extraer algunas conclusiones de los resultados obtenidos en primera vuelta.

Habrá quien, ante la ajustada victoria, quiera minimizar el impacto de esta victoria asegurando que nada está decidido, y que la segunda vuelta es la determinante. Tienen razón, pero solo en parte, pues olvidan mencionar un dato transcendental para comprender lo que está sucediendo en la política francesa: los resultados de Hollande son históricos. Y lo son por dos motivos: en primer lugar, obtiene los segundos mejores resultados de la historia de un socialdemócrata, solo superado por el mítico Mitterrand, poniendo fin a una larga crisis de la izquierda francesa, que se inició a mediados de los 90 y que duraba casi veinte años; en segundo lugar, estos resultados son históricos porque nunca, durante toda la V República, un presidente de Francia que se presentase a la reelección había perdido en primera vuelta. Es decir, desde los tiempos de Charles de Gaulle, allá por el 1958, un Presidente que optase a la reelección había recibido un correctivo electoral tan importante.

¿Éxito de Hollande o derrota de Sarkozy? Más bien, convergencia de ambas situaciones. Hollande es un intelectual laico, serio, moderado, con aspecto de oficinista y esperanza de la izquierda europea. Sarkozy es un personaje extravagante, cinematográfico, que usa alzas en los zapatos para aparentar ser más alto, y un segundo de abordo en el barco de Merkel. Si comparamos a los distintos presidentes de la Republica Francesa de los últimos sesenta años, nos daremos fácil cuenta que Hollande es más parecido a todos ellos que el mediático Sarkozy. Y esta es una de las claves del éxito de los socialdemócratas en estas elecciones: han sido capaces de transmitir la imagen de la Francia que todos los franceses sueñan, y que en modo alguno es una Francia incapaz de decir no a Alemania.

Sarkozy se hunde por la derecha. Su discurso cuestionando la inmigración y prometiendo mayor dureza contra la delincuencia estaba calculado para ganarse el voto de los simpatizantes del Frente Nacional de Le Pen. Sin embargo, estos no solo se mueven por una Francia sin emigración o contra la multiculturalidad, características atribuidas a este partido que no dejan de ser una simplificación, ante todo son nacionalistas franceses. Quieren una Francia fuerte, de ahí su actitud euroescéptica. La alianza de Berlín – París les resulta antinatural. Muchos votantes conservadores han dado la espalda a los Populares franceses a favor de una actitud independiente en el contexto europeo. Según las encuestas sólo el 40% de los votantes de Le Pen estarían dispuestos a apoyar a Sarkozy en la segunda vuelta. Y la razón es, para la inmensa mayoría, la misma: Merkel.

Vistos los resultados, y cómo estos se han repartido en las circunscripciones y en el resto de las candidaturas que no participaran en la segunda vuelta, solo un error muy grave podría arrebatarle la victoria final a Hollande. Pero todo es posible y nunca se debe subestimar al enemigo, y menos a un animal político como Sarkozy. La izquierda francesa no debe bajar la guardia y debe seguir luchando por consolidar estos magníficos resultados y lograr que Hollande sea el nuevo Presidente de la Republica Francesa. 

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