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El ruido de los cántaros

Allá por el siglo XIII, Alfonso X dijo aquello de <<los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen>>. No fue por esto que ganó el apelativo “el Sabio”, pero bien que la frase hace honor al sobrenombre.

Ayer supimos que la riqueza española cae por debajo de la media europea. Lo intuíamos, pero ahora nos lo confirman oficialmente: somos pobres. Pero esto no le importa a nadie. Ni la destrucción de la riqueza, ni el paro, ni el G20, ni las tribulaciones de Dívar, ni los sueldos de los políticos, ni la colocación de sus parientes en la nómina del Estado. Tampoco importa mucho que la prima de riesgo esté sangrando las finanzas públicas o que un inminente rescate, o sucesión de ellos, acabe por dar el tiro de gracia a nuestra renqueante protección social.

Lo importante es Sara Carbonero. O esto es lo que se desprende del jolgorio que se ha montado en Twitter a raíz de los comentarios bochornosos que se hacen sobre esta periodista. Este escarnio público de la reportera deportiva encierra muestra lo peor de nuestra sociedad: el repugnante machismo, la ignorancia burlona y la cobardía.

En estos días, cuando tanto anda en juego, los eunucos mentales dedican su tiempo y esfuerzo en ridiculizar el trabajo ajeno. Bien valdría a este país que el <<trending topic>> de la semana fuese <<regeneración política>> <<crecimiento económico>>. Pero va a ser que no. Que este país está condenado a sufrir los <<Gracias Sara>> y demás chorradas.

Quienes actúan así en Twitter, Facebook, Menéame y demás redes sociales, por no tener, no tienen ni vergüenza. Ocultan su mísera personalidad bajo Nick ridículos desde los que arrojar la piedra y esconder la mano. No tienen lo que los hombres tienen para ir de cara. Se ocultan en el anonimato, en la manada.

La España de los currantes lucha contra viento y marea por salvar los pocos muebles que quedan. O parten al extranjero, como en su tiempo hicieron nuestros abuelos, a ser siervos en otras tierras a cambio de un mal plato de comida. Mientras, los cántaros, animados por el anonimato que permite internet y alimentados por la envidia, dedican su tiempo a machar a quienes intentan hacer bien su trabajo e intentan empujar al país hacia una salida honrosa.

Alguien debería actualizar el discurso de las dos Españas, porque hay dos Españas: la del agua y la del cántaro. Y hay más cántaros que agua.

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