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Derechos, animales y animaladas.

14/02/2013 1 comentario

En coherencia con mi idea de la democracia, soy de quienes creen que una ILP que reúne las firmas suficientes debe ser debatida en las Cortes, pues no es otra cosa que la sociedad instando a los políticos a la toma de posición sobre un debate social o cuestión que preocupa los ciudadanos.  Por eso estoy y estaba de acuerdo con la admisión a trámite de la ILP a favor de la dación en pago (la cual apoyo), y a favor también de la tramitación de la ILP que instan al gobierno a declarar la tauromaquia Bien de Interés Cultural (iniciativa a la que me opongo de manera radical). Hasta aquí, nada que objetar a la decisión de UPyD. Pero al escuchar el discurso del diputado Toni Cantó, no pude más que sentir repugnancia e indignación. Un sentimiento que crece al paso de las horas cuando veo que, ante la oleada de críticas, hay quienes intentan dar la vuelta a su discurso pretendiendo justificar lo inadmisible.

El discurso del señor Cantó  se centró en una pregunta: ¿tienen o no tienen los animales derechos? Y argumenta, citando a Fernando Savater,  <<En principio, y estrictamente hablando, los animales no tendrían derechos a la par que tampoco obligaciones ya que al carecer de libre albedrío y capacidad de decisión, no podríamos considerarlos sujetos éticos capaces de discernir entre el bien y el mal>>.  Continua afirmando que <<la capacidad de sufrimiento de y la percepción de dolor establece una continua entre animales racionales y animales irracionales (…) que nos obligaría a considerar sus padecimientos y a velar por su bienestar>>.

Soltadas estas píldoras, que saben a aquello de tirar la piedra y esconder la mano. Se despacha a gusto con quienes consideran que son unos hipócritas porque, según él, están en contra de la tauromaquia pero no dicen nada del sufrimiento de otros animales que a diario sufren en los mataderos.

Por último concluía, en otro alarde de retórica, que<<ni los toros ni el resto de los animales tienen dos de los que son nuestros derechos fundamentales, el derecho a la libertad (…) y el derecho a la vida>>.

Cada cual puede tener el filósofo de cabecera que se le antoje. Él prefiere a Savater, bien, está en su derecho; que se lo quede. Citemos a Schopenhauer <<La supuesta ausencia de derechos de animales, la zoantropía que nuestra actuación hacia ellos no tiene relevancia moral o como se dice en el lenguaje ético no hay deber frente a la criatura es una de las barbaridades de occidente cuyo origen está en el Judaísmo>>.  Jeremy Bentham, filósofo y abogado, considerado el padre del utilitarismo, también postuló que los animales, por su capacidad de sentir agonía y sufrimiento,  con independencia de no tener la capacidad de diferenciar entre bien y mal deben tener derechos fundamentales como el derecho a la vida y a su seguridad, y a estar libre de la tortura y de la esclavitud. Pero mucho antes de estas disquisiciones filosóficas, ya se habían aprobado leyes a favor de los derechos de los animales en toda Europa, a destacar la ley irlandesa de 1635 o las aprobadas bajo el gobierno de Cromwell entre 1653 y 1659 en Inglaterra. Leyes que, por cierto, no nacieron de la nada, pues ya en la compilación de Justiniano I se reconocía el derecho de los animales. Textualmente <<El derecho natural es aquello que es dado a cada ser vivo y que no es propio del ser humano>>.

Encontramos aquí el abismo que separa ambos pensamientos, a favor y en contra de los derechos de los animales: la aceptación o no derecho natural o iusnaturalismo. Sin duda, esta es una escuela en declive, se imponen las visiones positivistas y contractuales. De hecho, el propio discurso de Cantó nos lo indica: no tienen derecho porque no pueden tener obligaciones, no podemos tener contrato con ellos, no forman parte del contrato social. ¿Pero es esta una posición sostenible?

Reducir el sujeto de Derecho a únicamente aquel que puede ofrecer algún tipo de reciprocidad supone considerar los derechos como bienes jurídicos adquiribles en tanto la capacidad de responder a una obligación inherente al propio derecho. Posición que considero tan injusta como malintencionada. Pues trata de confundir lo que es – o puede ser considerado – un derecho de ciudadanía, el cual sí debe estar resuelto en virtud del contrato social, de un derecho fundamental, que nace de la propia naturaleza del ser vivo (no exclusivamente el ser humano), el cual estaba ya recogido en el Corpus iuris civilis del siglo VI.

El debate, es cierto, lleva milenios abierto, y no pretendo ser yo quien le ponga fecha de caducidad. Soy iusnaturalista, y para mi, con Tomás de Aquino, <<ley que no se ajusta a la ley natural, no es ley, sino corrupción de la ley>>.  Y si estoy equivocado, prefiero responder de mi error que aceptar que el Derecho se base en la capacidad contractual de las partes.

Inadmisible es también su ataque contra los antitaurinos. Considerar que son hipócritas porque no cuestionan también otra formas de crueldad hacia los animales es un argumento ad hominem que demuestra la falta argumental de quien lo usa y su desconocimiento de la lucha animalista. De hecho, los veganos son la columna vertebral de este movimiento, y tanto reivindican el fin de los espectáculos taurinos como el uso de los animales en circos, zoos, experimentación y consumo humano. En cualquier caso, incluso asumiendo la contradicción – hipocresía se quiere – de algunos antitaurinos, esto no resta ningún valor a sus argumentos. La verdad no depende de quien la defienda. Si luce el sol sobre nuestras cabezas es de día, aunque quien nos lo diga sea un embustero patológico, que no es el caso, pues la solvencia intelectual y moral de la mayoría de los animalistas está fuera de toda duda.

Por último, el señor Cantó culmina su intervención asegurando que los animales no tienen derechos de vida ni libertad. Recordemos que en 1977, la ONU aprobó la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, en cuyo artículo 1 se lee: <<Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia>>;  en su artículo 4 a)<<Todo animal perteneciente a una especia salvaje tiene derecho a vivir libre en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático y a reproducirse>>; en su artículo 4 b) <<Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho>> . Estamos hablando de algo que se llama Derecho Internacional, el cual, el señor Cantó, en su intervención, está poniendo en duda. Parece que no ve más que la paja en el ojo ajeno, cuando acusa de hipócrita a los antitaurinos, mientras que él coge del Derecho Internacional sólo lo que le interesa.

 

De Irresponsables e irresponsabilidades

Para muchos, “tomar el congreso” es un acto de heroísmo, de irreverencia social y lucha por nuestros derechos, pero la realidad es que es justo lo contrario. Ampararse en la democracia para justificar su deslegitimación es una actitud vergonzosa y vergonzante.

En gran parte de los países desarrollados, existe un área de exclusión que rodea las sedes de los parlamentos, manteniéndolos, de manera constante, alejados de la presión social y de las manifestaciones.

Resulta que a los diputados, yo los he elegido. Igual que usted. Por eso me creo en el derecho de mentarles a la madre y cagarme en ellos cada vez que se me antoje. Va en el sueldo que cobran. Los critico y los criticaré. Y los pondré a caer de un burro cada vez que crea que se lo merecen. Es verdad que si estuviera en mi mano, el noventa por ciento de sus señorías estaban en paro. Pero ojo con intentar coaccionarles. Ojo con intentar “tomar el congreso”, porque entonces estaréis negando la democracia misma.

¿Qué lo hacen mal nuestros políticos? A lo mejor soy masoquista y me gusta. Que nadie confunda el derecho a la libertad de expresión y manifestación con la subversión de la democracia. Mucho ojo, porque por mucho que sean absurdas las comparaciones entre la convocatoria de ayer y el 23-F, cercar el congreso es cercar la democracia. Y por ahí muchos no estamos dispuestos a pasar, por más que compartamos el sentimiento de indignación y la rabia contra la casta política que nos ha tocado sufrir. Asumamos de una puñetera vez que nosotros somos también responsables por acción u omisión. Fuimos nosotros – todos – los que los elegimos y los que mirábamos hacia otro lado mientras ellos engordaban a nuestra costa y apuntalaban su poder.

Parece que septiembre es el mes de los premios a la irresponsabilidad. Grupos sociales de lo más variado intentan cercar al Congreso, y los grupos nacionalistas agitan la bandera del secesionismo. Mientras, Rajoy se va a USA, a la asamblea de la ONU, a ver si pilla un sillón para los próximos años, y lleva por insignia la famosa Alianza de las Civilizaciones. Si, esa que gilipollez que tanto dinero nos costó – y nos cuesta –  y tanto criticó cuando estaba en la oposición. Y desde allí, desde la lejanía, pronuncia la frase tonta de la semana: subiremos las pensiones. Ni el mismo se lo cree. 

La inaceptable actitud del gobierno

01/08/2012 2 comentarios

El déficit público no es cosa de risa. Tenemos que afrontar una profunda restructuración de los gastos para lograr la máxima eficiencia, garantizar los servicios públicos, las ayudas sociales y reducir nuestra dependencia de la financiación exterior lo antes posible. De esto no hay duda. La cuestión – y esta es la madre del cordero – es cómo debemos hacerlo. Las políticas de Rajoy, cuestionadas desde todos los ámbitos, tanto nacionales como internacionales (hay están las declaraciones del FMI y la ONU, para cuando la derecha tenga a bien leer), no están dando ningún resultado.

Ahora toca apretarles el cinturón a las Comunidades Autónomas, en especial a las que no son gobernadas por el PP. La propuesta que hace el Montoro en el Consejo de Política Fiscal es inaceptable de todas, todas. A nadie se le escapa la necesidad acuciante de controlar las cuentas públicas y evitar déficit insostenibles que pueden comprometer al conjunto del Estado. Un mínimo sentido de la justicia invita a pensar que, quienes primero deben apretarse el cinto, son aquellas administraciones en las que se derrochó a mansalva. Dicho de otra forma, que empiecen quienes gastaron el presupuesto público en aeropuertos sin aviones y otros despropósitos.

Eso no quita que, todas las comunidades deban aportar lo suyo. Por solidaridad o responsabilidad de Estado, como cada uno prefiera. Pero deben hacerlo. Siempre y cuando, claro está, que las comunidades que han malgastado sus recursos demuestren haber aprendido las lecciones y el reparto del esfuerzo sea equitativo.

Sin garantías de no volver a caer en despropósitos ruinosos de nada sirve el esfuerzo. ¿Para qué ajustarse en una cosa si luego vamos a derrochar en otra? Tampoco parece aconsejable que los ajustes favorezcan a aquellos que más responsabilidad tienen en la gestión del derroche.

Andalucía es castigada – teniendo un endeudamiento menor que la media –, mientras que se favorece a Valencia, Castilla la Mancha y Madrid. Es decir, el gobierno de Rajoy distribuye los objetivos de déficit según sus intereses electorales. Premia a los suyos y castiga a las comunidades en las que no gobierna.

Esta actitud cobarde, indigna y desleal puede provocar un conflicto institucional gravísimo. Conflicto que puede llevar a una revisión profunda de nuestro modelo de Estado e incluso de la democracia.

El PP de sobra sabe que los ajustes que pretenden que lleven a cabo algunas comunidades autónomas son injustos y vaciaría de contenido el Estado Autonómico. Sabe que esto solo servirá para agitar aún más la confrontación y el malestar social. Pero se encuentran en un momento de huida hacia delante. No les importa ya lo que pase ni a costa de quienes pase. Solo quieren que el tiempo corra, y que corra lo más rápido posible.

Absurda y peligrosa situación que debería levantar en pié de guerra a los cuadros medios del PP. Sin embargo, el clientelismo es tal, que todos se han plegado, sumisos, a las decisiones de Rajoy, aun cuando las cuestionan entre bambalinas.

Lo más decente sería dimitir y convocar elecciones. Pero Rajoy no es decente. Aguantará todo el tiempo que pueda. Y si no puede llegar a los turrones sólo, intentará un gobierno de concentración, al cual se ha resistido hasta el momento, aunque muchas voces de su partido le insisten en ello. 

Siria, ¿otra vergüenza de la Comunidad Internacional?

29/05/2012 1 comentario

La extrema brutalidad del régimen de El Asad sigue causando miles de muertos y heridos entre la población civil. La última masacre ha causado la muerte de un centenar de personas, entre las que se cuentan más de treinta niños.

El propio Secretario General de las Naciones Unidas, el surcoreano Ban Ki-moon, ha reconocido <<que se bombardean vecindarios de forma indiscriminada, que se emplean hospitales como centros de tortura, que se abusa de niños de 10 años, etcétera. Se trata, con absoluta certeza, de crímenes contra la humanidad>>. Sin embargo, la comunidad internacional, sigue mirando hacia otro lado, limitando su actuación a declaraciones oficiales de consternación y repulsa.

La actitud de los países occidentales recuerda el vergonzoso papel protagonizado por la ONU en conflictos como el que asoló Bosnia y Herzegovina.  Son muchos los que se preguntan si la negación de Rusia es realmente un freno para tomar medidas contundentes contra el régimen dictatorial sirio o solo una excusa. De lo que podemos estar seguros es que si, al final, la comunidad internacional se ve obligada a reaccionar, no será por propia iniciativa, sino forzada por una opinión pública cada vez más indignada ante el papel pasivo de sus líderes.

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