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Miserias del Vaticano (I)

07/07/2012 3 comentarios

En las últimas semanas, la Iglesia Católica ha iniciado una campaña mediática para lavar su imagen y desprestigiar a quienes se atreven a cuestionar el uso sectario e inquino de su poder. Incluso han desenterrado los fantasmas de la antigua Unión soviética para ocultar sus miserias. En casos tan graves y tristes como la desaparición de Orlandi, algunos periodistas, conocidos por su vocación beata, se dedican a insinuar que todo pudo ser un montaje de los servicios secretos rusos para desestabilizar a un Vaticano que trabajaba por hacer caer el muro de Berlín y acabar con el comunismo, sobre todo en Polonia.

Resulta patético ver a personas cabales e ilustradas defendiendo gilipolleces. Existen pruebas materiales, testimonios e incluso confesiones que relacionan al Vaticano con sucesos oscuros y delictivos. Cuestiones que, insultando y desviando la atención, intentan tapar como sea. Pero lo cierto es que, por más malos que fuesen los rojos, quienes tienen enterrado a un conocido capo mafioso con la pompa reservada a los príncipes de la iglesia, y en uno de los templos más sagrados del cristianismo, es la Iglesia Católica y en concreto su brazo civil más poderoso: el Opus Dei.

Podrán jurar en arameo, que seguro se les da bien, pues es una lengua muerta muy vinculada a los primeros cristianos, y además tienen experiencia en esto de mentir y engañar en masa. Pero lo cierto, lo incuestionable, es que la Iglesia Católica Apostólica y Romana entierra a mafiosos con pompa papal. Y esto, no tiene que ver con los rojos. Tiene que ver con las finanzas vaticanas y con la delincuencia como fuente de ingresos; si acaso, cómo fuente de ingresos a través del blanqueo de capitales. Es decir, el Instituto de Obras de Religión, la banca vaticana, para aclararnos, es una supuesta la lavadora de la mafia italiana.

Como uno está hasta las narices que le tomen por tonto e intenten hacer pasar el negro por blanco, se me antoja dedicar un rato estos días veraniegos a narrar algunos sucesos que enrojecen a los vaticanos in love que pueblan la ibérica.

Empecemos por contar una historia de crímenes, digna del mejor guión de Hollywood.

Corría el año 1998. Lunes 4 de mayo, para ser más exactos. Inmediaciones de la Puerta de Santa Ana en el Vaticano. Tres cadáveres son encontrados en uno de los apartamentos destinados a la Guardia Vaticana, el ejército suizo del Papa.

Los cuerpos, cubiertos de sangre, corresponden al coronel Estermann – recién nombrado jefe de la Guardia Vaticana –, su mujer, Gladys Meza Romero, y el cabo segundo Cédric Tornay. Todos han muerto por disparos de arma de fuego.

El entonces director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, divulgó el siguiente comunicado: <<El comandante en jefe del cuerpo de la Guardia suiza pontificia, coronel Alois Estermann, fue hallado sin vida en su domicilio junto a su esposa Gladys Meza y el cabo segundo Cédric Tornay. Los cadáveres fueron encontrados poco después de las 21 horas por una inquilina del apartamento contiguo, alertada por los fuertes ruidos. Un primer reconocimiento superficial permite afirmar que los tres murieron por disparos de arma de fuego. Bajo el cuerpo del cabo segundo se encontró el arma reglamentaria del mismo. Las investigaciones están dirigidas por el juez único de la Ciudad del Vaticano, el abogado Gianluigi Marrone, el cual ha dispuesto la inmediata práctica de la autopsia, que será llevada a cabo por los profesores Piero Fucci y Giovanni Arcudi, asesores médico- forenses de la dirección de los Servicios Sanitarios del Vaticano. Los datos que hasta el momento han saludo a la luz apuntan a un posible acceso de locura del cabo segundo Tornay>>. Es decir, en este comunicado, emitido con urgencia la madrugada del 5 de mayo, y basándose sólo en una inspección ocular – sin siquiera haber practicado la autopsia ni las pruebas balísticas – el Vaticano ya sentaba las bases de la teoría oficial: locura y suicidio.

Lo curioso del tema es que, pocos minutos después del asesinato, el propio Navarro Vallas, se encontraba en la escena del crimen. Sólo cuatro horas más tarde, difundía su versión a los medios de todo el mundo. Y sobre todo, utilizaba la prensa vaticana para fortalecer la versión del <<arrebato de locura>>.

Llama poderosamente la atención que, el Vaticano, no recurriese a la ayuda de la policía italiana, algo que frecuenta hacer cuando no está en peligro ninguno de sus muchos secretos. Por ejemplo, el suicidio de Benedetto Mininni en la basílica de San Pedro, el 26 de agosto de 1999, poco después del suceso comentado, fue investigado por la policía italiana a petición de las propias autoridades católicas. ¿Por qué un suicidio sí fue investigado por la policía italiana y el otro fue investigado por el juez único del Vaticano?

Ante la insostenible versión, pronto surgió el rumor de un crimen pasional. En el Vaticano y en toda Roma, se comenzó a insinuar que Gladys y el joven cabo de la Guardia suiza eran amantes. Quedaba así apuntalado el débil móvil de la locura y el suicidio. Sin embargo, nunca antes se conoció ningún rumor al respecto ni existieron jamás pruebas que pudieran vincular a la esposa del coronel y al cabo.

Debemos tener en cuenta, además, que el coronel asesinado no era un oficial cualquiera. Se trataba del héroe del Vaticano y de toda Italia, el hombre que cubrió con su cuerpo al Papa Juan Pablo II cuando esté fue tiroteado, salvándole la vida. ¿No sería lógico que su muerte fuese aclarada sin género de dudas y que su entierro hubiese revestido más brillo?

Contra toda lógica, el Vaticano se apresuró a enterrar los cuerpos, incluso dificultando que las familias pudiesen acceder a los cadáveres. Rechazó cualquier ayuda externa y jugó al rato y al ratón con los posibles móviles para el crimen. El rumor inicial de una relación adúltera fue desmentido oficialmente; logrando que quienes no se hubiesen enterado se pusiesen al corriente de las supuestas correrías de alcoba de la dama y el recluta.

Se aseguró que el cabo estaba molesto por castigos recibidos y por lo que él consideraba que era una falta de reconocimiento a su trabajo. Luego, se diría que el cabo estaba muy a gusto en la Guardia Suiza pero que el cansancio y el estrés hicieron mella en sus facultades mentales.

Lo sorprendente es que, antes de darle una pistola a nadie, se le suelen hacer pruebas psicológicas para determinar si podrá usarlas contra sí mimos o contra otros de manera injustificada. El elitista grupo de la Guardia suiza, formado por solo 100 personas, es una de las unidades más elitistas y que más pruebas hacen a sus miembros antes de permitirles incorporarse a filas. ¿Es concebible que se le encomendase alguien, que no fuese capaz de soportar la presión y el estrés, la custodia de la sagrada persona del Papa? Difícil de creer.

Hasta aquí, no obstante, todo podría ser considerado como una metedura de pata de proporciones titánicas; pero metedura de patas a fin de cuentas. No obstante, la cosa se comenzó a complicar inmediatamente después de estos sucesos.

La madre del cabo Tornay recibió una extraña visita. Un religioso que le aseguró estar en posesión de las pruebas materiales que demostraban que su hijo había sido asesinado. La mujer, desesperada, intentó contar aquel encuentro a todos; pero nadie la hizo ningún caso.

Este religioso, que al parecer estaba presente en el funeral del cabo Cédric, era conocido como padre Yvan. Llegó a decir que el asesinato del joven fue culpa suya. Las muertes estaban relacionadas con una información que él les había transmitido a algunos miembros de la Guardia Suiza.

Aquella pista jamás se investigó. Al menos no por la Iglesia. Al menos no oficialmente.

La misma madrugada del 4 al 5 de mayo, varios espías del Sismi, el servicio secreto militar italiano, visitaron la casa de un veterano oficial de la Guardia Suiza para intentar recabar información de este confidente sobre los crímenes. Aquella misma noche, los servicios secretos de todo el globo, dudaban de la versión oficial facilitada por Navarro- Valls.

Existen sospechas fundadas sobre la investigación paralela que pudieron llevar a cabo varios servicios secretos occidentales. Estas investigaciones tendrían como objeto predecir un supuesto relevo en el Trono de Pedro, o incluso influir en el mismo.

¿Llegaron a buen término alguna de estas investigaciones? ¿Cuáles fueron sus conclusiones? Diversas fuentes aseguran que los servicios secretos, especialmente francés, americano e israelí conocen la verdad de los sucesos de aquella fatídica noche del 4 de mayo de 1998. La información, por desgracia, sigue sujeta a clasificación confidencial.

Quizás, la clave haya que buscarla en una información que transmitió la madre del cabo. En ella, la mujer aseguraba que su hijo estaba investigando una trama del Opus Dei. Tanto el coronel de la Guardia Suiza del Papa, como su mujer, cuatro años mayor que él y con quien no había tenido ningún hijo, eran miembros de la Obra.

Gladys, incluso administraba personalmente los fondos de la World Oraganization for the Family, una institución cercana al Opus y presidida por Cristina Vollmer Herrera, esposa del embajador de Venezuela ante la Santa Sede.

Algunos analistas consideran que,  con el nombramiento Alois Estermann, el palacio Apostólico y el propio Papa hubieran estado controlados por un aparato militar gobernado por el Opus Dei. Erstermann había acariciado la idea, bien vista por algunos sectores de la todopoderosa Orden, de transformar la Guardia suiza en un Cuerpo Especial y la reorganización del ejército pontificio.

Esta es la opinión manifestada por los Discípulos de la Verdad, autores de Mentiras y Crímenes en el Vaticano. Esta obra, escrita por un grupo de eclesiásticos y seglares del Vaticano es una contestación a la <<verdad oficial>> elaborada  y difundida por la Santa Sede. <<Hemos obrado como creyentes, siguiendo el imperativo del octavo mandamiento>>, aseguraron los autores anónimos en el manuscrito del libro.

Otra versión bien distinta, es la explicada por el corresponsal del The Sunday Times en Roma, el prestigioso John Follain. En su obra City of Secrets: The Startling Truth Behind the Vatican Murders, sostiene la hipótesis de una posible relación adúltera entre Estermann y Tornay.

Según esta teoría, los diferentes rumores y mentiras que el vaticano vertió sobre este triple asesinato, estaban relacionados con las prácticas homosexuales de los dos guardias suizos. Al parecer, Estermann era conocido por su promiscuidad gay. Entre sus amantes se contarían varios miembros de la Guardia Suiza del Papa, entre los se encontraba Tornay.

El libro Verbum Dei et Verbum Gay, del escritor Massimo Lacchei, cuenta cómo la Guardia Vaticana ha sido proveedora habitual de chaperos para altos dignatarios de la Iglesia. Incluso algunos guardias suizos han llegado a prostituirse por dinero o favores. Los personajes de la citada obra, Mayor Jörg y el Teniente Kaspar, son en realidad Estermann y Tornay, según el propio autor ha manifestado.

Si esta teoría es cierta, el asesinato pasional sería sólo la punta de un iceberg de homosexualidad, prostitución y favoritismos en medio de las luchas de poder en la Santa Sede.

 

 

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