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Orgullo minero

17/07/2012 1 comentario

Ahora que aflojan los medios tradicionales, dejando a un lado a los mineros para enfocar con los flashes de sus cámaras a los funcionarios, me apetece reivindicar – otra vez – la lucha de los mineros. Porque la lucha por sus puestos de trabajo es la lucha de todo el pueblo.

Es el combate desigual entre David y Goliat, entre la razón y la fuerza, la injusticia contra la iniquidad instalada en el estado. Es la batalla de quienes los tienen bien puestos y los encorbatados de guante blanco.

El gobierno ha incumplido su palabra, se pasa por la piedra todos los acuerdos. Le importa una mierda que los mineros pierdan su empleo, que  comarcas enteras se vayan al carajo, que los parados no tengan que comer o que cierren una empresa en Toledo y el 1% de los toledanos se vayan al paro.

¡Que se jodan! Dijo la Fabra. Más claro agua. Esto es lo que piensan del pueblo español. Esto es lo que les importamos.

Y en medio de tanta vergüenza, de tanta impostura y latrocinio, surge el espíritu orgulloso de los mineros. Como antaño, cuando trabajando gratis evitaron que este país se muriese de frío o arrancaron a una dictadura derechos laborales para todos. Con un par.

Por eso el pueblo aplaude a los mineros, por eso la gente hace suya su causa. Porque la historia y los pueblos premian el honor, el valor y la hombría. Por eso hoy todos nos sentimos mineros. Porque no todo es vergüenza y cobardía. No todos en este país salen corriendo para evitar las preguntas de los periodistas o dar la cara ante aquellos a quienes les has arruinado la vida.  

Aún quedan hombres y mujeres honrados y valientes. Gentes dignas que luchan por su pan y no se resignan. Mineros, bomberos, funcionarios, médicos, maestros, comerciantes, jóvenes, pensionistas, mecánicos, cocineros, electricistas, albañiles, veterinarios, etcétera que se manifiestan en la calle y destapan las vergüenzas de una clase política incompetente y simoníaca.

Ganarán o perderán la batalla, pero podrán llevar bien alta la cabeza. No se resignaron, no los domesticaron. Se ganan con honradez el pan que se comen y el que reparten entre sus hijos. Luchan por lo suyo, que es lo nuestro, con el orgullo de ser bombero, medico, maestro, carpintero o taxista. Esto es lo que nos enseñan los mineros, esto es lo que significa orgullo minero.

La Burbuja Política

En España tenemos 445.568 políticos mamando de los presupuestos públicos. Es decir, un político por cada siete funcionarios; un político por cada 40 españoles con empleo; un político por cada 51 en condiciones de trabajar; un político cada 100 españoles.

Tenemos más políticos que médicos, bomberos y policías juntos.

445.568 políticos son 300.000 más que en Alemania con el doble de población y dos veces los que Italia o Francia.

Más del DOS TERCIOS de los políticos que maman de los presupuestos públicos son cargos de libre designación, asesores y consejeros. Vamos, que no los ha elegido nadie.

Esta burbuja hace que la del ladrillo se quede en un juego de niños.

ES UNA VERGÜENZA !!!

Lacras

España sufre su historia, igual que cualquier otro país. Todos los pueblos son herederos de su pasado, el más lejano y el más próximo. Hábitos y prácticas que parecen formar parte del ADN que nos define como nación. Pero el éxito o fracaso de una sociedad no está en negar la realidad, sino en enfrentarse a ella con la diligencia necesaria.

La picaresca española siempre ha sido objeto de chistes y bromas. Retrato más o menos caricaturesco de la sociedad y sus métodos. Trápalas han acampado siempre por nuestras élites, y siempre hemos sido conscientes de ello. Nuestra historia es, en buena parte, consecuencia de la sucesión alarmante de políticos corruptos y curas fanáticos.

Cuando alguien entra en política, siempre hay quien, en su entorno más próximo, dice entre risas aquello de: trinca lo que puedas. Y es que en España, hablar de honestidad en la política es como hablar de los unicornios o las sirenas, animales mitológicos.

De ese ejemplo tan poco edificante, han aprendido los empresarios. No solo ellos, por supuesto, getas y cara duras los encontramos en todas partes y de todas las edades y condiciones sociales. Pero en un país en el que la economía sumergida mueve cantidades equivalentes a una cuarta parte del producto interior bruto, sería obsceno no dar un toque de atención a quienes deciden cobrar o no el IVA, minorar los ingresos reales en el impuesto de sociedades o contratar sin dar de alta en la seguridad social a un trabajador. Claro que existen empresarios honrados: los llaman Quijotes.

90.000 millones de euros  al año es la cantidad que se defrauda al fisco en nuestro país. El 72% de este fraude monumental proviene, según la mayoría de los estudios realizados, de las grandes fortunas, de empresas que facturan más de 150 millones al año y de las entidades financieras y de crédito. ¡Solo con recaudar la mitad del fraude fiscal reduciríamos el déficit público por debajo del 3% previsto para el 2013!¡Sin tocar la sanidad, la educación, las inversiones en I+D o el sueldo a los pensionistas!

¿A que está esperando Rajoy?

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