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Posts Tagged ‘reforma laboral’

Cuando sólo importa maquillar las estadísticas

Las medidas aprobadas por el gobierno para impulsar la economía sólo buscan maquillar las estadísticas, aun a costa de llevar más sufrimiento a la sociedad. La más grave de todas las decisiones ha sido la deducción del 100% de las cotizaciones a la seguridad social durante un año para los contratos indefinidos de menores de 30 años. Dicho de otra forma, se condena a la exclusión del mercado laboral de todos aquellos españoles que se encuentren entre los 30 y los 67 años. Especialmente grave será la consecuencia de esta medida en quienes tienen ahora entre 30 y 40 años. Estos sufrirán una exclusión total del mercado laboral, sin posibilidad de encontrar un empleo y sin ninguna facilidad para emprender una empresa, pues las medidas para autónomos se centran, igualmente, en la franja de los menores de 30 años.

El gobierno de Rajoy ha excluido al segmento de población más vulnerable, pero a la vez también más productivo. Se trata de hombres y mujeres que tienen cargas familiares e hipotecas por pagar. Parejas jóvenes con hijos pequeños. La mayoría muy formados y con experiencia. Sin embargo, la decisión de primar los contratos de menores de 30 años supone que los treintañeros tendrán vedado el reingreso al mercado laboral durante años, cuando no serán expulsados de él para contratar a gente más joven con menos costes salariales. Además, se trata del grueso más valioso de la población activa, pues están formados (tanto o mejor que los recién graduados), dominan las nuevas tecnologías (tanto o más que los jóvenes, además las han empleado no sólo para el ocio y la formación, sino también en el ámbito laboral y profesional) y poseen experiencia. Pero el gobierno ha decidido que es mejor sacrificarlos para que las estadísticas de desempleo juvenil bajen.

La discriminación positiva siempre ha generado agravios, pero en esta ocasión ha llegado a un punto inaceptable. A todos los españoles de más de 30 años los ha convertido en ciudadanos de segunda clase, negándoles la oportunidad misma de encontrar un empleo.  Además, supone un error en términos económicos, porque estamos primando a quienes no han adquirido la experiencia necesaria para afrontar ciertas responsabilidades ni desenvolverse de manera correcta en un empleo. Se está empujando a los jóvenes a que hipotequen su futuro emprendiendo empresas que estarán – en su mayoría – abocadas al desastre. Recordemos que la tasa de mortandad de las empresas en España es altísima, en condiciones normales el 70% no supera los cinco años de vida. No hablemos de una situación como la actual, con una reducción de casi el 10% en el número de empresas existentes el último año. Ya en el 2008, el 20% de las empresas iniciadas desaparecieron durante el 2009. Con estas cifras, emprender un negocio es una heroicidad, pero hacerlo sin contar con una trayectoria profesional previa y sin experiencia sobrada, tanto en el sector como en la gestión del negocio, es un suicidio. Pero nada de esto le importa a Rajoy. No le importa que los jóvenes que se hagan autónomos destruyan su futuro, ni la exclusión laboral que impone a la generación de treintañeros, condenados a rebuscar en los cubos de basura la comida para sus hijos pequeños.

 

 

Al dos le sigue el tres

Si, ya lo sé, es una perogrullada; pero me viene que ni pintada para ilustrar lo que está siendo el eje de gobierno de Rajoy: los incumplimientos.

  1. Durante la campaña electoral aseguró que no subiría los impuestos. Y le faltó tiempo para subirlos nada más dormir las primeras noches en el palacio de la Moncloa.
  2. En las elecciones prometió no abaratar el despido. Y ha impulsado una Reforma Laboral que no sólo abarata el despido, es el mayor ataque a los derechos laborales de la historia española.
  3. El tercero viene de camino: acabar con el Estado Social. ¿Cuántas veces le hemos escuchado a él y a los suyos asegurar que no tocaría la sanidad ni la educación? Muchas. Tantas que hace solo una semana, la sanidad era intocable. Pero han vuelto de la Semana Santa, y tras sus ejercicios espirituales, la sanidad se ha convertido en insostenible. Lo que en el lenguaje de Rajoy significa: reducción de la cartera de servicios sanitarios y repago por la atención médica en los hospitales públicos.

Dos de las mentiras del PP ya son un hecho. A la tercera le queda nada para hacerse realidad. 

Balance de 100 días de Gobierno Rajoy

Cumplidos los cien primeros días de Mariano Rajoy al frente de la nación, el día que buscará la manera de maquillar sus fracasos junto a la plana mayor del PP, podemos hacer un escueto balance de lo que han sido estos tres primeros meses de gobierno.

-          El crédito sigue sin fluir. Todo el dinero que se le está dando a la banca sirve en exclusiva para que hagan negocio en los mercados de deuda, pero no está llegando a las Pymes y las familias. La inversión y el consumo sigue deteriorándose por la falta de liquidez.

-          Reforma Laboral injusta y antisocial que le ha hecho justo merecedor de una Huelga General que inicia una etapa de fuerte conflictividad social en España. No podía ser para menos, cuando las condiciones de trabajo se igualan a la de los chinos y pretenden que te vayas a trabajar a “Laponia” por el salario mínimo, el personal se cabrea y con razón.

-          Recortes sociales. Logrado el gobierno de España y pasadas las elecciones en Asturias y Andalucía, no tienen por qué esconderse más. Se quitan las caretas y los Caudillos Autonómicos del PP se compran tijeras nuevas.

-          Sumisión absoluta a Merkel. En un gesto que pone en cuestión la soberanía de España, Rajoy acude, como si de un alumno de postgrado se tratara, a explicar y justificar ante la canciller alemana sus decisiones políticas. Los tímidos intentos de aproximarse a otros países para contrarrestar el inaceptable poder de Alemania en la Unión Europea han naufragado en el fanatismo ideológico de preparar un frente común ante la posible llegada al poder en Francia de los socialdemócratas de Hollande.

-          Ultra conservadurismo religioso. Tanto por convicción como por interés, el gobierno de Rajoy ha impulsado una batería de medidas inspiradas por los sectores más beligerantes de la Iglesia Católica. La prueba más palpable de esta política “evangelizadora” es la actitud hacia el aborto y la píldora del día después. Por cierto, la Iglesia Católica no ha sufrido un solo recorte en la asignación económica que le da el Estado y sigue libre de impuestos.

-          Subida de Impuestos. Dijeron que no subirían los impuestos. También dijeron que no abaratarían el despedido. Pero lo han hecho. Mintieron cuando eran oposición y siguen mintiendo ahora que están en el gobierno. Basta con acudir a las hemerotecas para contrastar lo que decían entonces y lo que dicen ahora. La pérdida de credibilidad de Rajoy y su séquito es abrumadora para el poco tiempo que llevan ejerciendo el cargo.

-          Amnistía fiscal. Perdona a quienes han estafado al fisco durante años, mientras que los asalariados y autónomos tienen que sufrir una mayor presión fiscal. En la práctica, el modelo fiscal de Rajoy convierte a España en un paraíso fiscal para los ricos y las multinacionales, mientras que grava hasta límites que afectan al crecimiento del consumo a las clases medias y las Pymes.

Las chulerías de Fátima Bañez

La Ministra de Empleo y Seguridad Social viene diciendo en sus últimas intervenciones que el gobierno está dispuesto a sacrificar la paz social para salvaguardar la Reforma Laboral. Chulerías. El gobierno sabe muy bien que la paz social bien vale una Reforma Laboral o cien. Porque para salir de la crisis es necesario conciliar intereses, aunar voluntades y remar todos en la misma dirección.

Dentro de la campaña de desprestigio de los sindicatos y el intento desesperado de hacer fracasar la huelga general convocada para el 29 de marzo, el gobierno de Rajoy el PP saca pecho y se ponen chulitos. Pero saben que, si las fuerzas sociales progresistas son capaces de sostener las movilizaciones, no les quedará más remedio que ceder.

El problema al que no se quiere enfrentar el gobierno es que la sociedad española no confía en las soluciones que propone. Los más optimistas se resignan a ellas, pero no las aplauden. Todos queremos salir de la crisis, pero la pregunta es ¿hacia dónde? Las políticas ultraconservadoras que se están aplicando en Europa no están dando ningún resultado, y cuando finalmente consigan reactivar la economía, muchos pensarán que será como saltar de la sartén para caer en el fuego.

La demagogia de la derecha

10/03/2012 1 comentario

Uno de los argumentos más utilizados por la derecha, en especial por la aledaña al poder, es decir, organizaciones empresariales, grupos ultraconservadores y sectores más radicales de la Iglesia, que no gobiernan pero influyen y quieren hacérselo saber a todos, es que muchos parados no son otra cosa que vagos. Gentes que no trabajan porque no quieren. Así hoy un obispo se descuelga contra la “mentalidad subsidiada” y mañana un empresario nos sale con que los trabajadores rechazan “ir de un barrio a otro” para trabajar.

Esta demagogia es ofensiva y agravia, pero no debería preocupar si el gobierno desayunase las dosis de realismo necesario cada mañana. Pero parece que no es así. Como la patronal, considera que son los trabajadores los culpables de la crisis y que los parados lo son por gusto personal. Se comprende que aprueben la reforma laboral que han puesto en marcha, y que pretendan imponer a los desempleados una suerte de prestación social sustitutoria, como la de la objeción de conciencia, a cambio del subsidio por desempleo.

Olvidan dos cuestiones importantes. Primero, que la crisis no la provocaron los trabajadores sino los banqueros y la especulación inmobiliaria. Nadie quiso jamás endeudarse a treinta años para adquirir una vivienda; España se endeudó porque de otro modo no tendríamos casas donde vivir. La ley del suelo aprobada en los tiempos de Aznar y la falta de oferta pública de viviendas obligó a ello.

Segunda cosa importante que olvidan: los trabajadores españoles están dispuestos a la movilidad geográfica. Una encuesta de Randstad asegura que más del 60% de los españoles estarían dispuestos a emigrar en busca de un empleo. Y lo hacen. Por primera vez en décadas, como hicieron sus abuelos, una generación entera está marchándose a construir su futuro muy lejos de su país. Sus destinos: Reino Unido, Alemania y Noruega. Hasta en Laponia hay emigrantes españoles en busca de una oportunidad y un salario digno.

Los demagogos de la derecha, sus voceros, y los ejecutores políticos de sus desvaríos deberían intentar conocer mejor al país antes de vomitar sus absurdas acusaciones.

La Tormenta que se avecina

De las muchas reformas que España necesita, la más importante es la del sector energético. Puede que algunos piensen que la clave para la salida de la crisis hay que buscarla en una reordenación del entramado financiero. No se equivoca, pero eso esta es una respuesta a corto plazo. A más largo plazo, los países se enfrentan a dos problemas muy claros e interrelacionados: la escasez energética y el cambio climático.

Poco ayuda la decisión de congelar las ayudas a las renovables. Lograr una autosuficiencia energética basada en las energías limpias debería ser un objetivo prioritario para cualquier gobierno. Irrenunciable en ninguna circunstancia. Pero la opinión que parece tener la derecha gobernante es otra. No solo no se preocupa del desarrollo energético limpio, sino que lanza a sus fuerzas mediáticas contra los movimientos ecologistas que alertan del grave error que se comete al no tomar en serio las renovables y el cambio climático.

Todo indica que la reforma del sector energético se impulsará poco después de las elecciones andaluzas, e intentará compensar el déficit de la tarifa con activos inmobiliarios. Es decir, como el coste energético es muy elevado, y seguirá creciendo según se agotan los combustibles fósiles, el país se podría quedar a oscuras si las tarifas siguen subiendo, salvo que el gobierno compense de alguna forma a las eléctricas para que éstas no repercutan todo el coste directamente en los consumidores. La fórmula de compensación que se baraja es la entrega de activos inmobiliarios. O sea, que no solo no se favorecerá un cambio en el modelo energético, sino que se pagará el actual modelo insostenible con activos inmobiliarios que convertirán a las eléctricas en un agente depredador del territorio.

  

Mal Gusto

Las reacciones han sido exageradas. Como siempre, los sectores más ultraconservadores usan artillería para cazar moscas. La elección del día 11 de marzo, aniversario de los brutales atentados en los trenes de Madrid, para una manifestación contra la reforma laboral no pretendía agraviar a nadie ni general polémica. Sin embargo, hay que reconocer que tanto CCOO como UGT se han lucido. La convocatoria en este día es, cuanto menos,  de muy mal gusto. 

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Entre la realidad y la estadística

La Reforma del Mercado Laboral supone un abaratamiento de los costes laborales. Menos salarios y más facilidad de despido. A eso se une el protagonismo que van a adquirir en pocos años las ETT, que se transformarán en las grandes empleadoras del país, y la falta de convenios sectoriales que ofrezcan garantías jurídicas a los trabajadores. Una reforma laboral escrita para contento de los empresarios y que pretende que los ajustes provocados por la escasez del crédito se hagan vía recortes salariales y despidos baratos.   Pero sobre todo, busca solucionar las estadísticas.

Las apuestas del PP para solucionar el paro son sencillas: jóvenes mal pagados y más becarios. Claro que no solucionaran el problema del empleo, pero ayudará a reducir las estadísticas. Se olvidan de lo más importante: el trabajo es un medio, y no un fin en sí mismo.

Las cifras del desempleo nos han llevado a considerar el trabajo como una finalidad, sin embargo no lo es. Un empleo es el medio por el cual una persona se realiza y logra de forma honesta los recursos suficientes para disfrutar de una vida digna, tanto él como su familia. Con la Reforma Laboral del PP, se logrará a medio y largo plazo rebajar las estadísticas del desempleo, pero no se logrará cubrir la finalidad última de un trabajo, que no es otra que el acceso a una vida digna y la realización profesional. 

Ni con Franco

Pocos minutos después de la comparecencia de la señora Saenz de Santamaría, la vicetodo de Rajoy, para explicar el acuerdo del Consejo de Ministros en relación a la Reforma Laboral, un viejo amigo, compañero en más de un infortunio sindical, me remitía un correo con el título: ni con Franco.

Tiene razón, el régimen dictatorial intentó suplir la falta de libertad y derechos sindicales con una extraordinaria seguridad laboral, hasta el punto que el despido estaba prohibido por ley. Esta norma estuvo vigente hasta la década de los sesenta..

El título del correo me recordó de inmediato algo que había leído hacía años. Busqué el libro en mi biblioteca y ojeé las páginas, allí donde la memoria me decía que esta aquello que andaba buscando. En unos minutos, leía los párrafos en los que se recordaba el modelo laboral extraordinariamente garantista y protector de Franco.

“El despido patronal estaba prohibido en la legislación laboral. Se exigía una autorización administrativa que, en caso de concederse, obligaba al empresario a pagar una indemnización por desempleo. Solo en noviembre de 1959, el Gobierno estableció un subsidio de paro, pero se mantuvieron fuertes restricciones legales al despido, que se traducían, en la práctica, en un muy elevado coste de las indemnizaciones”.  (Jordi Maluquer y Montserrat Lonch. Estadísticas históricas de España: siglos XIX-XX, volumen I, capítulo 15, fundación BBVA)

Claro que el modelo era tan rígido que impedía el crecimiento económico, lo que obligó a introducir diferentes reformas, como la de la libertad salarial en 1958, o la aludida despenalización del despido. Y huelga decir que antes que una dictadura bienvenidas sean las malas democracias. Pero lo cierto, aquello que no admite ninguna duda, es que tras la Reforma Laboral presentada por el Partido Popular, donde se abarata el despido tanto como resta poder a la negociación colectiva sectorial (o lo que es lo mismo, acaba con la protección sindical del trabajador), la legislación laboral en España será peor para los trabajadores que la que tuvieron que soportar durante el franquismo. 

Testimonios del futuro

Para saber su una Ley es buena o mal, solo hay que imaginar cómo será el futuro. Tras la Reforma Laboral que ha presentado el PP, estos testimonios serán más que frecuentes:

1/ Me llamo Laura, tengo 28 años, estoy licenciada en económicas, con un máster en recursos humanos y otro en marketing. Trabajo para una ETT. Mi sueldo es de 641.40€ y mi jornada laboral es la siguiente:

De Lunes a Viernes.

8:00 a 12:00 en una Gestoría.

13:45 a 14:45 en una tienda de ropa.

18:00 a 20:00 en una correduría de seguros.

Sábados.

9:00 a 14:00 en una Asesoría de Empresas.

En todos los trabajos “agradecen” que alargue un poco la jornada para acabar cualquier asunto que tuviese pendiente. De hecho, en la Correduría de Seguros tengo quedarme hasta las 20:30, que es la hora del cierre.

Con los desplazamientos entre una empresa y otra, mi jornada laboral es de unas once horas diarias.

Pero no puedo quejarme, el paro en España ha alcanzado los seis millones de desempleados, muchos de ellos sin ayudas. Además, mi novio y yo estamos ahorrando para poder emigrar a Francia o Alemania. No iremos en cuanto tengamos lo suficiente para poder aguantar unos meses fuera sin ayuda de la familia.

2 / Mi nombre es Antonio. Tengo cincuenta y un años. Llevaba once trabajando en una empresa transporte urgente. Hace tres meses me despidieron, con una indemnización de 20 días por año. En mi lugar han contratado a un joven de veinticinco, al que pagan dos terceras partes de lo que yo cobraba. Además, le obligan a hacer jornada partida y el contrato es solo por un año, al final del cual no tendrá derecho a ninguna indemnización.

No sé qué hacer. Tengo dos hijos a mi cargo. ¡Y a mis años! ¿Quién me va a contratar a mis años?

3/Soy Enrique, tengo treinta y ocho años. Soy licenciado en Derecho, y durante más de diez años trabajé en un banco, hasta que la crisis forzó el cierre de muchas sucursales y fui despedido justo al resto de mis compañeros de oficia.

Después de varios meses en el paro, logré, por mediación de un amigo, un trabajo en un concesionario de coches. El salario era el mínimo, más las comisiones por venta, pero como el mercado está tan parado y casi no se vende un vehículo… aún así, era mejor que nada. Sin embargo, hace unas semanas, el dueño decidió despedir a todos. Algunos llevaban casi veinte años en la empresa.

A partir de ahora, el concesionario no tendrá empleados, solo vendedores autónomos. Cada uno de nosotros se tendrá que hacer cargo de su seguridad social, y ganará sólo en función de las comisiones por ventas: las mismas que teníamos cuando estábamos asalariados.

El ahorro en los gastos salariales y sociales de la empresa el primer año, compensa la indemnización de 20 días por año trabajado.

4/ Soy Carmen, de 41 años, madre de tres pequeñas, siempre he trabajado de camarera en restaurantes y hoteles de la zona donde vivo, una población turística de la costa mediterránea. Sin embargo, con la crisis, muchos bares y restaurantes han cerrado. Vienen turistas, si, pero no gastan. Además, mucha de la riqueza de la zona dependía del turismo nacional, y este se ha esfumado. Se me han acabado las ayudas. A mi marido también. Tiramos gracias a trabajillos extras que nos salen. Que si una boda, una comunión, un bautizo… o sustituir a alguien unos días si se ha puesto enfermo. Poca cosa. Vivimos en nuestra casa, pero dentro de poco no podremos pagar la hipoteca. Comer, comemos es casa de nuestros suegros. Es la pensión de ellos la que está tirando de toda la familia. La suya y la nuestra.

Las promesas de un trabajo eran falsas. Seguimos en el paro. Nosotros, y otros seis millones de españoles. Ninguno de los amigos que estaban en una situación parecida a la nuestra ha logrado un empleo. Al contrario, muchos que aún trabajaban han sido despedidos para contratar en sus puestos a gente más joven y con menos derechos. Los salarios han caído por los suelos, la gente está trabajando hasta doce horas, sin días libres. No sé cuanto puede durar esto. 

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