Archivo

Posts Tagged ‘rescate’

¿Oportunismo?

06/11/2012 1 comentario

El Psoe ha registrado una propuesta de Ley para poner fin al drama que sufren tantas familias que no pueden afrontar el pago de sus hipotecas. Se trata de una medida necesaria y que presiona al gobierno a mojarse, a buscar soluciones inmediatas a problemas concretos que se han convertido en un autentico drama social.

La presión de la opinión pública está forzando a la clase política a cambiar su actitud ante los bancos, impulsando reformas legislativas que, si bien no llegarán tan lejos como proponen algunas plataformas pro derechos civiles, mejorará el caduco modelo bancario y la regulación del sistema financiero, reforzando derechos de los usuarios de banca y los consumidores.

Pero hay en todo esto un componente oportunista que causa nauseas. Me alegro que al fin, los políticos españoles estén dispuestos a escuchar a la sociedad, pero hace tiempo que se debían haber adoptado estas medidas. El Psoe no hace un año que gobernaba en España. Entonces tenía la oportunidad de impulsar reformas legislativas que construyesen un marco regulatorio financiero más justo y respetuoso con los derechos de las personas. No lo hicieron, y en consecuencia, muchas miles de familias han sufrido el drama de perder su vivienda y encontrarse en la calle. Aunque hoy reconozcan su error y hagan propósito de enmienda con esta ley, aún tienen que demostrar que no se trata de una acción electoral, oportunista e interesada, sino el fruto de una profunda reflexión que les impulsa a reconsiderar muchas de sus posiciones pasadas.

En cualquier caso, la mejor ayuda a los damnificados por las hipotecas no está llegando desde la política. Son los jueces – o un grupo nutrido de jueces – quienes han enarbolado la bandera de las reivindicaciones sociales y están poniendo en serio aprieto a la clase política. No sólo existen conatos de franca rebeldía en la aplicación de la ley, e informes demoledores sobre la situación jurídica de los procesos, además – y esto quizás sea lo más importante – algunos jueces han planteado preguntas prejudiciales al Tribunal Europeo.

La cosa no es baladí, porque un pronunciamiento del Tribunal Europeo a favor de las tesis defendidas por algunos jueces y asociaciones jurídicas dejaría al gobierno con los calzones a la altura de las rodillas. No olvidemos que la ley hipotecaria que está favoreciendo a la banca frente a los deudores data de comienzos del siglo XX, y en muchos apartados se aleja de la doctrina comunitaria. Esto significa que el Tribunal Europeo podría considerar la actual legislación contraria al Derecho Europeo, provocando un terremoto jurídico como pocos se han conocido en el pasado. El gobierno, quiera o no, con proposición legislativa del Psoe o sin ella, tiene que mover ficha y reconsiderar el marco regulatorio antes que sean las instituciones de la UE las que tomen cartas en el asunto. Y es que, después de todo, es bueno ser europeo.

 

Animal spirits

En economía, se habla de animal spirits para hacer referencia al papel que juega la psicología – o más bien la sociología – en la resolución de las crisis económicas. Es un término heredado de las doctrinas de Keynes. En parte – y todos los economistas lo reconocen – la economía depende más de los estados de ánimo que de los propios fundamentos económicos. Si creemos que la economía irá bien, irá bien; pero si dudamos de nuestras posibilidades, sin duda que la cosa se estropeará aún más. Estos animal spirirts son los que están detrás de los brotes verdes de Zapatero, que sólo él veía, o los datos positivos a los que aludía más recientemente la Ministra Fátima Ibáñez, sin especificar ninguno.

Pero de nada sirven las opiniones positivas cuando se ha castigado a la población con el famoso “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. El discurso abanderado por el PP – y una gran parte del Psoe – ha generado un clima nocivo de resignación. La sociedad española es presa de un sentimiento de culpabilidad que atenaza sus esperanzas y limita cualquier posible oportunidad de crecimiento.

Durante años, el bipartidismo y toda su batería mediática nos ha bombardeado con mensajes negativos. Es el momento de cambiar el chip y apostar por un refuerzo positivo que ponga en valor todas las cosas buenas que hay en España. Y son muchas, aunque la amargura del momento nos impida disfrutarlas.

Sin embargo, el gobierno no logrará invertir el estado de ánimo de los españoles si sus mensajes no se acompañan de una coherencia en la acción política. Mientras los recortes, los repagos, los impuestos y las privatizaciones sin liberalización continúen siendo la noticia de cada mañana, los españoles seguiremos sin creer en los brotes verdes, sumergiéndonos cada vez más en la actual crisis.

Necesitamos optimismo, confianza en nosotros mismos, emprendimiento, coraje, valor, pero sobre todo, necesitamos gestos. Y el gobierno de Rajoy anda bastante parco en cuanto a gestos ciudadanos se refiere. La ley hipotecaria y los desahucios son una buena oportunidad para unir a todos en una lucha común y hacernos creer en la victoria. Frenar el drama de los desahucios no sólo es una exigencia moral, también una inyección de confianza y amor propio a una sociedad que ha bajado los brazos y se ha rendido ante la crisis.

Desde el 2008 se ha culpado a la sociedad de la situación. Desde el 2008 nos han bombardeado con mensajes desesperanzadores, catastrofistas, inevitables. Si uno lee algunos discursos económicos parece que se hablase más de un castigo divino a nuestros muchos pecados que de un proceso social. Romper esa dinámica será difícil y demanda algo más que palabras. Precisa de gestos que aúnen fuerzas y generen confianza en los ciudadanos, porque al final, los que sacarán a España de la crisis no serán los bancos ni los mercados, seremos usted y yo, y nuestros vecinos. La gente de la calle es la que sacará a España de esta situación, por eso es tan importante que la sociedad vuelva a tener confianza en lo que podemos lograr si nos lo proponemos.

Rajoy, encerrado tras los muros mediáticos que lo protegen, está dejando pasar demasiadas oportunidades de cambiar las cosas. O lo que es igual, está dejando pasar demasiadas oportunidades para cambiar el estado de ánimo de la sociedad. Y este es el gran error de su gestión.

 

 

Si alguien se entera que me lo explique

El país hecho unos zorros y nuestros políticos jugando con banderitas. A quienes sufren el desempleo, la falta de oportunidades y los desahucios les importa una mierda las batallas nacionalistas. Lo sé, lo han dicho por activa y por pasiva. Pero los políticos a lo suyo, exhibiendo banderas y discursos patrioteros. Como si eso fuese a solucionar nada a nadie.

Pero lo más vergonzoso del tema, es que no sólo gastan cartuchos en guerras que a nadie le importa, sino que ni siquiera sabemos que trinchera ocupa cada quien. Rubalcaba dice que no está conforme con el derecho de decidir del pueblo catalán; y desde el PSC se dice que sí, que los catalanes tienen derecho a decidir.

Desde mi orilla, me pregunto si los desahuciados de sus viviendas, los parados o los enfermos crónicos que comienzan a ver peligrar sus tratamientos tienen realmente derecho a decidir. ¿Han decidido ellos que los echen de sus casas y quedarse en la calle o viviendo de prestado en un cuarto cedido por un familiar? ¿Han decidido vivir cada día un lunes al sol, sin medios para vivir, con un rechazo constante a cada petición de empleo y las facturas acumulándose en los números rojos del banco? ¿Han decidido los enfermos enfermar y que la administración les niegue el mejor tratamiento posible por falta de fondos? No hay que ser muy listo para darse cuenta que NO. Que no han decidido sufrir lo que sufren, que no tienen derecho a decidir. Ni los catalanes, ni los manchegos ni nadie.

Más valdría ocupar los esfuerzos y las mentes en dar una respuesta firma, eficaz e inmediata a tantos dramas que se sufren a lo largo y ancho de España y dejarse de tanta gilipollez.

Aparte, si el Psoe no es capaz de poner orden en sus filas ¿cómo espera que los ciudadanos confíen en que sea capaz de poner orden en el país? Comprendo y conozco la historia del PSC. Sé bien que no es lo mismo que el Psoe, que es un partido distinto, independiente, pero está federado al Psoe y eso supone respetar ciertas obligaciones y asumir un discurso común. De no hacerlo, su sitio no está ni puede estar con el Psoe. Mantener al PSC cómo referente cuando este está promocionando un discurso distinto al de Rubalcaba y la dirección del Psoe supone una de dos: o el Psoe no tienen discurso o comparte el discurso del PSC. Que se aclaren, actúen en consecuencia, y nos lo cuenten.

 

Gracias, Obama

Gracias Obama. Sea por interés o cariño, la ayuda de EE.UU. a España está siendo inestimable. Las declaraciones en las que asegura que el gobierno de EE.UU. está <<trabajando muy duro>> para asegurar que nuestro país recibe toda la ayuda que precisa de nuestros socios europeos, es algo más que una frase. Es una llamada de atención sobre Merkel y unos cuantos más. Una colleja que hacía falta que alguien les diese de una puñetera vez.

España nunca ha sabido elegir demasiado bien a sus aliados. Con frecuencia, hemos apostado por socios poco de fiar. Una parte importante del país parece sentir cierta fobia a los yanquis y amar apasionadamente a los Palestinos. Que lo disfruten.

EE.UU. está siendo el mejor socio de España en estos momentos, seguido de países como Reino Unido e Israel. Es la acción coordinada de la diplomacia de varios países la que está trabajando para que las metas de España en Europa se cumplan. Confío que esto sirva para darnos cuentas de lo absurdo de algunos prejuicios y seamos capaces de reorientar nuestra política exterior para hacer piña con aquellos que se lo merecen. 

Gasto público + impuestos = menos crecimiento

En más de una ocasión (y de tres) he manifestado la necesidad de acabar con la concepción hipertrófica del estado. Abandonar la ilusión que dicta que un Estado grande es un Estado mejor. La eficacia de las administraciones no depende del tamaño de la administración sino en la correcta asignación de los recursos.

Para empezar, el Estado debería desprenderse de toda la carga <<parapolítica>> que lo rodea en forma de sindicatos y patronales dependientes del erario público para su sostenimiento (y que le restan independencia), onges, fundaciones, patronatos y empresas públicas en pérdidas. Debe hacerlo por tres motivos esenciales:

1º la dependencia económica del estado vía subvenciones convierte a los perceptores en rehenes del poder político, imposibilitando el desempeño correcto de sus funciones.

2º es un gasto que no nos podemos permitir y que, además, genera desventajas competitivas en los mercados, limitando la capacidad de crecer y generar riqueza de las empresas privadas.

3º la existencia de empresas de titularidad pública, pero disfrazadas bajo la apariencia de mercantiles, fomenta la corrupción y la opacidad den las cuentas. Son muchas las empresas zombi que suman deuda privada cuando, en realidad, son empresas constituidas con capital público y una dirección política impuesta por los diferentes gobiernos de turno.

La sobredimensión del Estado supone unos elevadísimos gastos. Gastos que, debido a la ineficiencia en la asignación de los recursos, genera un déficit estructural (gastamos más de los que ingresamos, incluso sin contar con los intereses de la deuda). Para cubrir este déficit, se suben impuestos, lesionando el consumo y limitando el ahorro. La consecuencia es menos crecimiento económico y por tanto, más pobreza.

Además, las ansias depredadoras del Estado están condicionando el mercado del crédito. En el último año, la banca ha pasado de acumular 94.778 millones de euros en bonos y Letras del Tesoro (que ya es dinero), a más de 195.203 millones de euros. Más de 100.000 millones de euros que se han destinado a financiar el hiper- estado en vez de financiar a pymes y familias.

Esta es una de las razones por las que la banca española está presionando al gobierno y a los medios de comunicación para que se solicite el rescate y este sea percibido por la opinión pública como la única solución posible. Su sobre exposición a la deuda española puede poner en peligro su propia supervivencia. Pero hay más tras estas cifras: la dependencia de la financiación convierte a los gobiernos en rehenes de la banca, a la que nada se le puede negar porque, entre otras cosas, es la que está poniendo los dineros para mantener empresas y entidades públicas y subvencionadas que poco o nada ofrecen al bienestar de los ciudadanos.

El siguiente gráfico muestra visualmente lo que estoy explicando:

 

Mientras que la financiación en general baja, la financiación a Estado (muy por encima de la privada) se mantiene estable e incluso crece en relación al 2011.

La consecuencia de esta situación es evidente, y es la que estamos sufriendo todos a diario: un rápido deterioro de nuestra capacidad adquisitiva, de nuestros ahorros y en consecuencia de nuestro nivel de vida. Cuando más tiempo dura esta situación, más familias de clase media quiebran y pasan a engordar las cifras de pobreza.

Sólo con una reconversión profunda del Estado se podría retomar rápidamente el crecimiento. Esto no tiene nada que ver con la cuestión territorial o las autonomías. Se trata de limitar la acción pública a aquello que está definido por los principios constitucionales y son la base de nuestra convivencia. El Estado debe dejar de comportarse como una multinacional con ramificaciones en todos los sectores. El Estado no está para gestionar cadenas hoteleras como Paradores Nacionales (con pérdidas millonarias) o hipódromos como el de la Zarzuela. Mientras no se reduzca el tamaño del Estado y se sigan destinando los escasos recursos a mantener todo este entramado político- económico, seguiremos sufriendo la crisis y sus terribles consecuencias. 

La crisis de la socialdemocracia

La socialdemocracia pasa por sus horas más oscuras. De los 502 millones de europeos que formamos la UE, sólo 79 millones están gobernados por la socialdemocracia. Y esto gracias a Hollande, que al ganar las elecciones en Francia a sumado 65 millones, pues tras la derrota del Psoe en España, el hundimiento de la socialdemocracia europea les dejó una cuota de poder ínfima, insignificante, con un control institucional sobre sólo 14 millones de habitantes.

Si repasamos la distribución de los parlamentarios europeos, los conservadores aventajan a los socialdemócratas en un 35% de representación institucional, 271 europarlamentarios frente a 189 de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas. Triste situación para quienes representaron el sueño y los valores de la vieja Europa. ¿Cómo se ha llegado a esta situación?

La crisis de los 70 supuso el final de las teorías de Keynes. La aparición de la estanflacción acabó con la capacidad de las doctrinas keynesianas para enfrentar las crisis económicas. Hasta ese momento, la inflación se había producido por desequilibrios en la oferta y la demanda, pero a partir de las crisis energética de los 70, la crisis se originó por una inflación originada en la escasez de recursos. O dicho de manera más precisa: la demanda estructural de materias primas (en especial energética) presionaba al alza los costes y en consecuencia los precios, generando la inflación. Y lo que era – y sigue siendo hoy en día – aún peor: la tendencia al alza no se detendría salvo que dejásemos de consumir. Algo impensable entonces y ahora.

La respuesta a la situación la dio Milton Friedman, quien introdujo las expectativas en los modelos económicos y favoreció, con sus propuestas, que la subida de los costes de las materias primas se compensase con los costes productivos. Es decir, mayor flexibilización en el mercado laboral y un control férreo del gasto público. Comenzó la era del déficit cero. Sin embargo, los políticos solo leyeron la parte que le interesaba de las teorías de Friedman. Cuestiones como la legalización de la marihuana, o la apuesta por la educación pública (Milton protagonizó una campaña a favor de los cheques escolares en USA), fueron arrinconadas.

La aplicación parcial e interesada de las teorías de Milton supuso que, en los 90, la crisis hiciera saltar por los aires el modelo. La respuesta fue recurrir al crédito. Y de aquellos polvos estos lodos. La socialdemocracia, durante todo ese periodo, no articuló ningún discurso alternativo, y se dedicó a implementar políticas neoliberales contra las que, desde la perspectiva histórica y moral de la socialdemocracia, debía estar en contra.

Esta aplicación de recetas neoliberales y la falta de una propuesta intelectual, llevaron a los partidos socialdemócratas a preguntarse cómo podrían diferenciarse de sus competidores electorales. En el fondo, al hacerse esta pregunta, reconocían la falta de un modelo económico y social que confrontar al neoliberal, pero sobre todo, suponía la renuncia a la política. Ya no hacían política, se dedicaban al marketing.

Como elementos diferenciadores, eligieron, sobre todo, los relacionados con el multiculturalismo. Podían haber hecho una apuesta mucho más fuerte por la integración europea, convirtiéndose en los referentes del federalismo político en Europa. O haber optado por cambios en las leyes electorales para favorecer la participación ciudadana. Incluso podían haber competido con los emergentes verdes por una economía sostenible. Pero no lo hicieron. Se dedicaron a gestionar las instituciones con criterios neoliberales y exaltar cuestiones multiculturales como bandera de su diferenciación respecto de los conservadores.

Basta observar la base electoral de la socialdemocracia francesa, que es la que mejor está resistiendo, para comprobar cómo su electorado se ha ido transformando en las últimas dos décadas. Los estudios que se presentan en el país galo, están demostrando que la socialdemocracia sólo obtiene mayoría entre los grupos de origen emigrante; mientras que los jóvenes optan por posiciones más alternativas, defendidas por verdes y organizaciones antisistema; y los partidos más populistas arrasan entre las clases obreras francesas.

Los propios think thaks cercanos a las formaciones socialdemócratas de toda Europa, hablan sin tapujos de la “crisis de la socialdemocracia”, pero aunque algunos son capaces de diagnosticar la enfermedad y sus causas, nadie parece comprometido a impulsar las soluciones.

Los partidos socialdemócratas europeos están inmersos en una crisis interna que les impide enfrentar la crisis de identidad e ideológica que sufren. La pérdida del poder los ha vuelto formaciones cainitas dedicadas a luchar unos contra otros para repartirse las migajas de poder que aún conservan.

El caso de España es paradigmático. Durante décadas, el Psoe ha contribuido a generar un cuerpo parapolítico insostenible, costoso, y que tarde o temprano terminaría fagocitando al partido. Demasiadas fundaciones, ong, patronatos, empresas públicas, etc. El Psoe actuó – y en esto se da la mano con los conservadores del PP – como una agencia de colocación. Una estructura de promoción laboral en el marco de las instituciones y en paralelo a la administración.

La política se ha convertido en una profesión. Uno se afilia a las juventudes de un partido, compite con los de su generación por la obtención de un puesto de dirección política, y comienza una carrera profesional que lo llevará por diferentes instituciones, fundaciones, ong y cargos de representación hasta que se jubile. Esto ha significado que las clases medias dejen de identificarse con la política, pero más en particular con la socialdemocracia.

Si los partidos no son capaces de abrir sus candidaturas a la sociedad, se vuelven sectas endogámicas. Y esto es especialmente grave en el caso de la socialdemocracia, que en principio tienen como objetivo la defensa y representación de las clases medias. Las clases altas siempre han sido elitistas y endogámicas; pero cuando las fuerzas políticas que debieran combatir esas situaciones se vuelven tan sectarias como aquellos a los que dicen combatir, la catástrofe está servida.

 

O no se entera de nada o nos quiere engañar

19/10/2012 1 comentario

Rajoy a veces parece lerdo. Supongo que es una estrategia para evitar que la opinión pública lo considere un mentiroso compulsivo. Tras la cumbre europea celebrada ayer, y que concluyó – como viene siendo costumbre – a las tantas de la madrugada, la Unión Europea le ha dado un portazo en las narices a España. La unión bancaria y la autoridad supervisora europea se implementará a lo largo del 2013, y no en enero como se acordó en un principio. Esto significa que la recapitalización directa de los bancos no llegará hasta el 2014. Demasiado tiempo para un país que se hunde por falta de liquidez.

La reforma del sistema bancario en España es requisito ineludible para cualquier mejora de nuestra economía. No podemos esperar un año a que Europa quiera o no prestarnos los fondos. Es más, ¿quién nos asegura que el 2014 será el año en el que lleguen esos fondos comprometidos? Alemania presiona para que España renuncie a su soberanía y acepte un rescate en condiciones leoninas. No está dispuesta a un rescate blando: quiere la piel de toro para hacerse un abrigo. Somos su nueva presa, y no está dispuesta a renunciar a su trofeo así como así.

Merkel sabe que un rescate a España enfurecería al contribuyente alemán, y que este enfado podría pasarle factura en las próximas elecciones. Sin embargo, también sabe que si es capaz de someter a España e Italia – mejor si es de un solo golpe – y convertirlos en europeos de segunda, al servicio del nuevo Reich, los sectores ultra conservadores harán todo lo posible por auparla a un nuevo triunfo electoral.

La gran baza de España, no solicitar el rescate y tomar el mismo camino de Islandia aún no se ha jugado. Pero pocos creen que Rajoy, aunque ha amagado en esta dirección alguna vez, esté dispuesto a llegar hasta el final. Quizás por eso, España ha perdido la batalla diplomática y el Reich de Merkel ha vuelto a triunfar.

Pese a todo, aún no está perdida la guerra y todavía se puede forzar un cambio en las políticas europeas hacia España. Todo dependerá de la capacidad de negociación de Rajoy y nuestro despliegue diplomático. Con todo, esta derrota nos deja en una situación estratégica muy comprometida. Sin embargo, Rajoy se niega a ver la realidad o a reconocerla públicamente. Esto supone añadir desconfianza y descrédito a España, y por tanto, perjudicar nuestra imagen en el exterior y la capacidad del gobierno de resolver los problemas a corto plazo. Una mala noticia para España que se agrava por la falta de transparencia y claridad del gobierno. 

A %d blogueros les gusta esto: