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El laberinto del Psoe

El Psoe siempre ha presumido de ser el partido que mejor entendía la articulación territorial de España. De hecho, es el único partido que puede presumir de haber gobernado en todas las Comunidades Autónomas al menos una vez. Sin embargo, esa capacidad de adaptar su discurso a los diferentes territorios nunca había supuesto una negación del principio de unidad nacional. Ahora, sin embargo, las posiciones del PSC son claramente rupturistas con España, ponen en cuestión el principio de unidad nacional que siempre habían defendido y que era – o al menos eso se suponía – la línea roja.  

El caso es que el debate no da para mucho. Si el Psoe sabe leer la opinión de la calle, sabrá que los costes de la ruptura con el PSC son mínimos en comparación con los costes electorales que supondría volverse a presentar a las elecciones junto al PSC. En España tenemos demasiados problemas como para andar ahora buscando soluciones sesudas a los problemas territoriales. Después de tres décadas de convivencia que ha funcionado razonablemente bien, no creo que sea el momento de huídas hacia ninguna parte.  

La socialdemocracia carece de proyectos creíbles y de un modelo de acción política que ilusione a las nuevas generaciones. En este contexto, lo peor que pueden hacer es desencantar también a los incondicionales de Andalucía o Extremadura, quienes están ya demasiado cansados de aguantar los desplantes independentistas. Algunas voces en el seno del Psoe ya se han posicionado claramente a favor de la ruptura. Confío que sean escuchadas y el Psoe rompa con el PSC de inmediato. No hacerlo supondrá seguir hundiéndose más, tanto en lo electoral como en lo ético. Que nadie olvide que en los últimos 20 años, el PSC, antaño el referente de la emigración en Cataluña, ha perdido más de la mitad de los votos, y dejado huérfanos a muchos catalanes que también se sienten españoles. Si el Psoe no hace nada para dar respuesta a toda esa gente que el PSC dejó en la cuneta, sino que está dispuesto a seguir siendo chantajeado por el PSC, serán tan culpables como el propio PSC, y desde luego, no deberían llevar más la letra E de España en sus siglas. Resulta ofensivo.

La trampa de las listas abiertas

08/02/2013 2 comentarios

Últimamente, hay quien cacarea sobre las listas abiertas, las cuales parecen la purga Benito. Sin embargo, el modelo tal y como lo proponen es aún por que el actual, y sólo crea una falsa ilusión transitoria de control ciudadano sobre los políticos.

Con las listas abiertas, los partidos minoritarios quedarían excluidos del parlamento. Es así de sencillo. La concentración de votos en las listas mayoritarias haría que los pequeños siquiera pudiesen optar a un solo representante. Recordemos los resultados de circunscripciones tan importantes como la de Madrid en las elecciones del 20 de noviembre de 2011.

PP                 1.719.709 votos.          50,97%      19 diputados.
PSOE                   878.724  votos.          26,05%      10 diputados.
UPyD                   347.354  votos.          10,3%        4 diputados.
IU                   271.209  votos.          8,04%        3 diputados.

Si tomamos como hipótesis que el 80% de los electores de un partido darían todos sus votos a los candidatos de ese partido. Cada uno de los candidatos del PP obtendría alrededor de 1.375.000 votos. Es decir, coparía todos los diputados elegidos en esa circunscripción. Incluso suponiendo que el 50% de los votos se repartiese, el menor de los votados en la candidatura del PP sería de algo más de 850.000 votos. Sólo los candidatos más aventajados del Psoe alcanzarían algún escaño. Nos encontraríamos, con este sistema de listas abiertas puras, en una situación similar a la del Senado, con una representación de senadores electos de 136 PP, 48 Psoe, 9 CIU, 7 PSC-IC-EU, 4 PNV, 3 Amiur, 1 Coalición Canaria, 0 UPyD, 0 IU.

Cabría plantear la elección de un modelo mixto, y una vez los diputados se asignen por el método D´Hondt, los candidatos se ordenen según los votos obtenidos dentro de la propia lista. Es decir, si al PP le corresponden 19 diputados, estos se elijan entre las 19 preferencias más votadas dentro de la propia lista. Pero el resultado sería casi invariable al modelo actual. Pero analicemos un momento los resultados anteriores. Si son 36 los diputados a elegir. A IU, con un 8% le correspondería 2,8, redondeando: 3 diputados; justo los que ha obtenido. A UPyD, con un 10%, un 3,6, redondeando: 4 diputados, justo los que ha obtenido. Al Psoe, el 26% de los 36 diputados a elegir, es decir: 9, 3, redondeado a 10. Y al PP, con la mitad de los votos, le corresponde el 50% de diputados, es decir: 18, más uno extra por los restos. Se parecía, por tanto, que el sistema sí es proporcional en este caso. ¿Dónde está el problema? En las circunscripciones pequeñas, aquellas que eligen nueve o menos diputados, con una media de seis. Este escaso número hace que sea prácticamente imposible en más de 42 circunscripciones lograr un escaño para los terceros partidos.

La consecuencia es evidente: IU con un 6,92% en el conjunto del Estado, sólo logra 11 diputados, 6 menos que CIU con sólo un 4,17% de los votos. UPyD, con un 4,69% de los votos, es decir, cuatro veces los votos obtenidos por Amaiur, logra sólo 5 diputados, la formación vasca, con poco más de 1% de los votos 7, y CIU, con un resultado electoral inferior al de UPyD e IU, 16. Nos encontramos pues, no tanto ante un problema de proporcionalidad matemática sino a un sesgo territorial que ha creado feudos y tapones. Feudos que sobredimensionan la representatividad real de algunas formaciones políticas, y tapones que impiden desbordar el bipartidismo pues garantizan siempre las mayorías absolutas y con ellas, los rodillos democráticos y la falta de diálogo y consensos entre los grupos.

Un cambio hacia listas abiertas, con o sin modificar el mapa electoral, sólo conduciría a una mayor concentración de poder en los partidos mayoritarios. Y a la práctica exclusión de los grupos pequeños y los independientes. El debate real, el que interesa realmente a los ciudadanos, es el debate de las circunscripciones y la proporcionalidad. Una combinación que aporta el modelo Proporcional Personalizado, que es el usado en una de sus variantes por Alemania y Nueva Zelanda.

La indecencia de las elecciones

La política es la lucha por el poder, no nos engañemos. Los políticos buscan, por encima de todo,  acumular la mayor cuota de poder posible. Incluso cuando hacen las cosas bien, lo hacen pensando más en los réditos electorales que obtendrán que en el interés general. Esto no quiere decir que todos sean iguales; sólo que buscan el mismo propósito. La diferencia estriba en los medios que están dispuestos a usar para alcanzar sus metas y la forma en la que se comportan durante la lucha.

La falta de honor de los políticos es lo que convierte a la política en una reyerta de barrios bajos, una pelea sin reglas protagonizada por pandilleros de la peor ralea. Cualquier meta es legítima siempre que se perseguía por medios dignos y honorables, pero de estas cosas, nuestros políticos saben bastante poco.

Las campañas electorales se han convertido en un espectáculo indecente de acusaciones, insultos, medias verdades, mentiras enteras y manipulación. Todo vale para obtener lo que se desea, da igual el fango moral por el que tengas que reptar si logras el propósito de obtener un acta de parlamentario, o que tu partido continué gobernando o sustituya a la actual mayoría.

Si hay que manipular las encuestas, pues se manipulan y ya está. Sólo así se explica que la intención de voto sea tan diferente según quien ha encargado el estudio. Tampoco se escatima en insultos y descalificaciones contra los candidatos rivales. Cualquier cosa con tal de desacreditar al oponente. Supongo que será más fácil asegurar que el contrario es aún más burro que tú, pues debe ser difícil poner en valor las virtudes de más de un candidato.

Ningún partido se libra de la indecencia y el deshonor electoral. En un ejemplo de irresponsabilidad flagrante, el señor Beiras, confunde la conflictividad social y la indignación por la falta de respuestas a la crisis, con la guerra. Por si no le bastase con esta incontinencia verbal, se descuelga en un mitin en Lugo asegurando que <<Feijoo está matando más gente que ningún grupo terrorista en la historia del Estado Español>>. Y no se atragantó con las palabras ni ningún compañero de candidatura le ha enmendado la plana; al contrario, le ríen las gracias.

Con semejantes energúmenos en la arena de la política, no es de extrañar que el descrédito acampe a sus anchas entre la ciudadanía. Si los propios políticos pasan el día acusándose mutuamente de analfabetos, embusteros, corruptos e incluso de <<matar a más gente que ningún grupo terrorista en la historia del Estado Español>>, a nadie le debería extrañar que más de uno en nuestro país esté deseando tener la oportunidad de liarse a machetazos con el vecino.

Me gustaría preguntarle al señor Beiras ¿Cuánta gente ha salvado él? Es fácil criticar al adversario, es mucho más fácil buscar palabras gruesas con las que insultar a los rivales y exaltar los ánimos de los propios. Lo difícil es  poner en valor las propias virtudes y experiencia; especialmente difícil es cuando no se tiene.

Ojalá un día en España aprendamos que las piedras están para construir y no para tirárnoslas a la cabeza unos a otros.

EL PP cada día más solo

Las encuestas demuestran que el PP cada día está más solo. Apuntes hacia donde apuntes todos son datos negativos. La encuesta publicada de Metroscopia muestra una caída de casi quince puntos en intención de voto en ocho meses. La mitad de esta pérdida en la intención de voto tras las medidas aprobadas contra desempleados, funcionarios y la subida del IVA.

Rajoy resiste en su torre de cristal, pero abajo ya están preparando maneras de hundirle. Más del 80% de la población rechaza sus medidas. Incluso sus votantes incondicionales comienzan dudan de las decisiones del gobierno.

Los empresarios están cada vez más cerca del divorcio. Las encuestan sobre la opinión que tienen los empresarios de la gestión de Rajoy, son menos críticas, pero igual de mayoritarias en su contra. Nadie cree que se esté haciendo lo suficiente.

El Psoe no logra mejorar subir en intención de voto más de un punto. Iniciarán una campaña para que la gente recuerde las medidas sociales de Zapatero y así intentar combatir el “todo son iguales” y esa desafección que sienten los ciudadanos hacia los políticos, pero en especial hacia el bipartidismo, el cual es posible que comience a resquebrajarse. De hecho, es la primera vez que la suma de PP y Psoe en las encuestas roza el cincuenta por ciento del apoyo. Ahora mismo, los dos partidos obtendrían una 54 – 55% de los votos. IU sube hasta un 12% y Upyd se acerca al 10%. Nunca se ha estado tan cerca de acabar, de una vez por todas, con el bipartidismo.

Sin embargo, la lucha será aún muy larga. El Psoe está movilizando a toda su extraordinaria red clientelar, formada por sindicatos y oneges. El PP, por su parte, quiere ganarse el apoyo seguro de la Iglesia y concederá cuanto le pida en cuestiones legislativas (aborto, matrimonios gays, privilegios fiscales, etc.). También los medios de comunicación van a jugar un papel importante para erosionar la imagen de las alternativas al bipartidismo. En especial temen a Upyd. Saben que IU se rompe sola, que no suele ser fiable a medio y largo plazo. Pero la formación de Rosa Díaz puede ser muy diferente.

Queda mucho tiempo para saber si finalmente se acaba con el  bipartidismo, esta pseudo democracia que hemos vivido hasta el momento. Rajoy luchará por aguantar todo el tiempo posible. Las autonómicas y municipales serán el verdadero barómetro. Pero falta todavía que se implementen reformas legislativas que apuntalaran el bipartidismo y aparezcan nuevos actores. Aún no es tiempo para cantar victoria. Lo único que queda claro en las encuestas es que a Rajoy no lo quiere nadie. 

La derecha se estrella en Despeñaperros

Hordas de azules gaviotas cantaban victoria. Obispos y otras sotanas invitaban a votar a quienes pretenden dificultar el aborto y los matrimonios homosexuales. La Brunete Mediática aireaba los casos de corrupción acumulados por el PSOE durante treinta años de gobierno y auguraba una holgada mayoría absoluta para el vasallo de Rajoy en Andalucía. Llegan las elecciones y Arenas bebe la victoria más amarga. Porque sus históricos resultados no son más que la constatación de una realidad palpable en la calle: Por ahí no!!!

Algunos insistirán en que la victoria ha favorecido al PP. Falso de toda falsedad, la derecha aglutinada en torno a un único partido vuelve a ser derrotada en Andalucía por una Izquierda siempre heterogénea y dividida. Queda saber si IU será capaz de comprender el mensaje y actuar de forma prudente. Todo el mundo confía en que los votos obtenidos por IU sirvan para airear las administraciones andaluzas después de tantos años de gobierno del PSOE y para frenar a la derecha. Si ocurre en Andalucía lo mismo que en Extremadura, donde la actitud de IU ha significado la llegada del PP al gobierno, Cayo Lara puede hacer las maletas, porque en el conjunto de España no los votaría ni sus madres.

Las encuestas y sondeos que daban una clara y fácil victoria a Arenas, el eterno aspirante del PP al gobierno de la Junta de Andalucía, buscaban desmotivar a la izquierda, hacer que los votantes de izquierdas, en especial los más descontentos con el PSOE, se quedasen en casa ante un destino inevitable, una verdad escrita que – aseguraban – nada iba a torcer. Pues se torció.

Ni los sermones en las iglesias, ni el uso impropio y bastardo de los actos en honor a la Constitución de 1812, la “Pepa”, donde Rajoy se marcó un mitin vergonzoso y vergonzante, ni los escándalos de corrupción en los que la publicidad mediática coincidía asombrosamente con  las actuaciones judiciales, ni las encuestas, ni nada les ha servido para evitar que los electores de izquierdas frenen el apogeo de la derecha una vez conocida su verdadera cara.

Conviene a Rajoy hacer lectura atenta de lo sucedido en Andalucía. Sé que lo hará. Cosa distinta que lo reconozca públicamente. Dirá una cosa y pensará otra, pero a eso ya nos tiene acostumbrado. La verdadera incógnita es si será capaz de rectificar o seguirá en una huída hacia delante.

Hacia el segundo incumplimiento electoral

Durante la campaña electoral, Rajoy y el resto del PP defendieron la conveniencia de bajar los impuestos. La razón era sencilla: menos impuestos, más dinero en manos de los ciudadanos, ergo más consumo y mejora de la economía gracias al aumento de la demanda interna del país. Quedaba por resolver cómo el gobierno podría sanear sus cuentas si, endeudado como está, baja sus ingresos. No hay problema, para eso está la llamada curva de Laffer, o lo que es lo mismo, la conjetura de que una bajada de impuestos eleva los ingresos porque se produce menor fraude fiscal.

La realidad, tozuda, se le impone, y nada más sentarse a presidir el Consejo de Ministros, Rajoy – Soraya, deciden subir el IRPF. Y es que una cosa es predicar y otra dar pan. Es evidente que lo sabían antes de ganar las elecciones y mintieron para evitar una pérdida de votos. Lo contrario, es decir, que la subida de impuestos fue improvisada tras la toma de posesión y el acceso a las cuentas públicas, es más preocupante, pues supone que el gobierno no tiene ni idea de hacia dónde se dirige y cuáles son las medidas que el país necesita.

Soy de quienes creen que Rajoy y el PP mintieron sobre los impuestos. ¿En qué otras cosas engañaron a la opinión pública? Apuesto que en la creación del Banco Malo. Es decir, que los activos inmobiliarios devaluados por la crisis nos los comamos todos los ciudadanos. Puede que la forma no sea exactamente la que los medios de comunicación han estado aireando, y se busque un instrumento más sutil, como el Fondo de Garantía de Depósitos, para adquirir el suelo y sanear así los balances de las entidades financieras.

La alternativa – que parece no incomodar al ministro de economía –, sería elevar hasta en un 50% las provisiones de los bancos en relación a los préstamos con garantía inmobiliaria. Para simplificar la explicación: obligar a los bancos a reconocer sus pérdidas, aún maquilladas por una valoración al alza de sus activos inmobiliarios. Esta decisión supondría la bajada espectacular de los beneficios de los bancos y más de una quiebra – salvo que encuentren marido a entidades en peor situación –, razón por la que creo que no terminará de implementarse medidas de esta naturaleza. El gobierno se inclinará hacia la búsqueda de un instrumento que, evitando llamarlo Banco Malo, cumpla la misma función que esté: absorber los activos tóxicos.

Sé que me estoy lanzando al ruedo con esta predicción, difícil de precisar en el tiempo por la proximidad de las elecciones en Andalucía, pero estoy convencido que los expertos de marketing y social media del gobierno ya están pensando en cómo vendernos a los ciudadanos esta decisión. 

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